Bitcoins,…bad coins?

Bitcoins,…bad coins?

El pasado 12 de mayo el mundo se estremeció. Miles de ordenadores en decenas de países recibieron un mensaje inquietante.  Se trataba de un ciberataque producido por un virus llamado ransomware. Este virus encriptaba los equipos y para recuperarlos había que pagar un rescate de 300 dólares. Según publicó El País dos días después, se habían registrado más de 45.000 ataques en 74 países. En España, la alarma saltó a media mañana de aquel viernes cuando empleados de Telefónica notificaron a sus jefes que habían recibido un mensaje que literalmente decía:

“Ooops, tus archivos han sido encriptados… El pago se acepta en bitcoins solamente.”

En mi último post publicado en este blog, La insoportable levedad del dinero, reflexionaba sobre la previsible desaparición del dinero en efectivo y los efectos que dicha desaparición podría tener para el conjunto de la sociedad. Según el ex economista jefe del FMI Kenneth Rogoff, la desaparición de los billetes dificultaría la consecución de delitos tales como la corrupción, la evasión fiscal, o el tráfico de drogas y pondría serias trabas a la realización de transacciones dentro de la economía sumergida.  En este mismo post se señalaba que, en los últimos tiempos, y como una posible alternativa al dinero en efectivo, estaban surgiendo cibermonedas, como bitcoin, que bien podrían difuminar los efectos positivos anteriormente señalados. Pero, ¿qué es un bitcoin y, muy especialmente, por qué es la moneda elegida por los cibercriminales?

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Mensajes internos que recibieron los empleados de Telefónica el pasado 12 de mayo.

La historia de los bitcoins es corta. Aunque hubo una serie de pasos previos imprescindibles para su aparición, los primeros bitcoins, tal y como los conocemos en la actualidad, se emitieron el 3 de enero de 2009. Su creación siempre ha estado rodeada de un cierto halo de misterio. A día de hoy, aunque ha habido diversos intentos por adjudicarse su autoría, entre los que destaca el del australiano Craig Steven Wright, se desconoce quién fue su creador. Son muchos los que creen que fue un tal Satoshi Nakamoto, estudiante de doctorado, quien publicó en 2008 un artículo titulado Bitcoin: A Peer to Peer Electronic Cash System, pero está comúnmente aceptado que se trataba de un pseudónimo utilizado por la persona o personas que dieron a luz el proyecto y cuya identidad sigue siendo un auténtico misterio.

Los bitcoins son monedas descentralizadas que, sin la supervisión de ningún banco central, se intercambian a través de redes P2P que están cifradas y cuyas transacciones son completamente anónimas.  Se obtienen generalmente en casas virtuales de cambio. En Internet se pueden encontrar un gran número de ellas, pero quizás sea Coinbase una de las más populares. Existen también sitios web donde se pueden intercambiar bitcoins directamente entre los usuarios y, más recientemente, están apareciendo cajeros automáticos que operan de forma similar a los tradicionales.

Una de las principales características de los bitcoins, característica compartida con el dinero en efectivo, es que preservan el anonimato de quien los intercambian, pero en este caso lo hacen facilitando enormemente la transacción, ya que ésta puede realizarse virtualmente sin necesidad de un intercambio físico en un lugar determinado. Lo que en principio es una ventaja notable para los usuarios honrados, se convierte en un peligro potencial al facilitar, por ejemplo, el cobro a los extorsionadores del ciberataque del pasado 12 de mayo. Las principales agencias de seguridad reconocen que es tremendamente difícil, por no decir imposible, seguir el rastro de este tipo de operaciones.

Al no tratarse de monedas emitidas por un Estado ni por una agencia multilateral, es difícil determinar quién podría establecer su regulación y asegurar la aplicación efectiva de dicha regulación. En cualquier caso, las instituciones están reaccionando. De hecho, el pasado 16 de diciembre, el Consejo de la Unión Europea hizo una petición al Parlamento Europeo y a la Comisión para trabajar hacia la prohibición del anonimato de este tipo de transacciones, ante la imposibilidad de rastrear su origen en estas plataformas, al estar poco regulado su cambio a divisas corrientes como el euro, la libra o el dólar.

“Las principales agencias de seguridad reconocen que es tremendamente difícil, por no decir imposible,  seguir el rastro de este tipo de operaciones.”

Una vez más nos enfrentamos a la polémica entre seguridad y libertad. Qué duda cabe de que no hay nada intrínsecamente perverso en la realización de transferencias a través de bitcoins. De hecho, éstos pueden utilizarse por sus usuarios como un mecanismo de defensa ante la intervención arbitraria de los bancos centrales, cuyas decisiones pueden afectar de manera determinante al valor de sus ahorros, pero también podría argumentarse que una pistola puede utilizarse por estos mismos usuarios para defenderse ante posibles agresores y, al menos en Europa, no permitimos que cualquiera tenga un arma.

La insoportable levedad del dinero

La insoportable levedad del dinero

En mi último relato de economía-ficción publicado en este blog, El último obrero, reflexionaba sobre cómo sería el mercado laboral en el futuro, un futuro que podría verse seriamente alterado ante la sustitución creciente de puestos de trabajo intelectuales por ordenadores inteligentes.

Con el fin de ilustrar esta circunstancia con un ejemplo, reproduje un gráfico en el que se mostraba que, por primera vez, en 2015, Sigue leyendo

El último obrero

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La idea subyacente de mi último post El futuro exponencial se basaba en que, tras la invención de la máquina de vapor por Watt en  1775, las máquinas comenzaron a reemplazar al hombre en trabajos mecánicos y que, con la llegada de la inteligencia artificial, los ordenadores están comenzado a reemplazar, a un ritmo vertiginoso, los trabajos intelectuales.

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El futuro exponencial

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Los economistas hablamos mucho del futuro, quizás más de lo que deberíamos. En cualquier caso es algo que continuamente se nos demanda aunque no tengamos mucha más capacidad de respuesta de la que podría tener un médico al ser preguntado sobre la salud futura de una paciente. Por muy sana que esté, ¿quién te asegura que mañana no la atropellará un coche? Sigue leyendo

Una administración, un impuesto (y, si es directo, mejor)

Una administración, un impuesto (y, si es directo, mejor)

Cuando usted toma la decisión de hacer la compra semanal en un determinado supermercado, inicia todo un proceso por el que los directivos del supermercado tienen los incentivos necesarios para suministrarle su compra con la mayor calidad y al menor precio. Esto sucede porque si un día observa que la calidad que le ofrecen no está en consonancia con el precio que paga, se interesará por otros supermercados y, si estos últimos mejoran las condiciones del primero, optará por cambiar de establecimiento. Sigue leyendo

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