La inflación y la máquina de hacer billetes

<strong>La inflación y la máquina de hacer billetes</strong>

La inflación ha vuelto a nuestras vidas y lo ha hecho con una fuerza desgarradora, alcanzando su nivel más alto en toda la historia de la zona euro y el mayor en cuarenta y dos años en Estados Unidos. En el caso de España, deberíamos retrotraernos a 1984 para encontrar un ritmo de crecimiento de los precios tan elevado.

Todo el mundo se pregunta por los motivos que nos han llevado a una situación tan desestabilizadora y, una vez más, los economistas no logramos ponernos de acuerdo. Las teorías más ampliamente difundidas, la teoría cuantitativa del dinero (TCD) y la teoría monetaria moderna (TMM), chocan frontalmente entre sí a la hora de establecer un diagnóstico.

Milton Friedman, el referente más popular de la TCD, afirmaba que la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario en el sentido de que solo es y puede ser producido por un incremento más rápido de la cantidad de dinero que de la producción

Por otro lado, los principales defensores de la TMM señalan que la inflación no surge porque un banco central imprima una cantidad excesiva de dinero, sino que aparece como consecuencia de niveles de producción insuficientes provocados por catástrofes, comportamientos monopolísticos o por la aplicación de políticas económicas erróneas. Frente a estos posicionamientos extremos no son pocas las corrientes intermedias que abogan por aceptar que las causas defendidas por ambas teorías inciden en la evolución de los precios, variando en el énfasis dado a cada uno de ellos.

Lo más preocupante de la coexistencia de teorías diametralmente opuestas sobre las causas de la inflación es que los tratamientos para atajarla también resultan antagónicos. Mientras la TCD defiende la utilización de políticas meramente monetarias consistentes en la reducción de la base monetaria y la subida de los tipos de interés, la TMM, al entender que el aumento de la base no tiene mayores efectos sobre la inflación, propone que, en una situación como la actual, lo importante es dinamizar la economía a través del aumento del gasto público más allá de la recaudación, financiando el déficit resultante mediante la adquisición por parte del banco central de los títulos emitidos, whatever it takes. En definitiva, unos abogan por curar al enfermo haciéndole una sangría y otros una transfusión. Difícilmente ambos pueden acertar, pero existen hechos que pueden ayudar a arrojar un poco de luz.

«Lo más preocupante de la coexistencia de teorías diametralmente opuestas sobre las causas de la inflación es que los tratamientos para atajarla también resultan antagónicos… unos abogan por curar al enfermo haciéndole una sangría y otros una transfusión. Difícilmente ambos pueden acertar«

La pasada crisis monetaria del Reino Unido se produjo tras anunciar su Primera Ministra, Lizz Truss, el mayor recorte de impuestos del último medio siglo, según recogieron los titulares de los principales medios de comunicación de medio mundo. Sin embargo, no todos apuntaron que dicha medida se realizó sin ir acompañada por un recorte igualmente significativo en el gasto. Según los expertos, este descuido hubiera ocasionado un déficit de más de 50.000 millones de euros en un solo año. La solvencia del Reino Unido no pasa por su mejor momento por lo que los mercados financieros dudaron que fuera posible absorber un incremento tan desmesurado de la deuda, adelantando que el Banco de Inglaterra se vería obligado a adquirirla prácticamente en su totalidad, lo que implicaría un incremento de similar cuantía en la base monetaria.  Las expectativas racionales se pusieron rápidamente a trabajar y la libra esterlina sufrió una caída histórica frente al dólar, llegando a rozar la temida paridad.

Por otro lado, cabría señalar que, si la inflación hubiera sido provocada exclusivamente por una oferta insuficiente de componentes y recursos energéticos, consecuencia de la pandemia y la invasión rusa de Ucrania, la subida de precios en los mercados globales debería haber afectado de manera similar a todas las economías carentes de estos recursos. El IPC interanual de Japón es en la actualidad del 3%, muy similar al de Suiza, frente al 10% de la Eurozona. Curiosamente el crecimiento acumulado de la base monetaria (M3) de la Eurozona entre 2019 y 2021 fue del 25,2%, mientras que, en este mismo periodo, el Banco Central de Japón incrementó la M3 en un 13,6%, prácticamente la mitad.

Seguramente son muchos los factores que determinan la subida de los precios en un momento dado. Los efectos cruzados de todas estas variables y su lapso en el tiempo dificultan enormemente la identificación del impacto de cada uno de ellos en la inflación.  No es previsible que en el corto plazo surjan métodos de análisis de contrastación objetiva universalmente aceptables que permitan refutar una u otra teoría, por lo que la incertidumbre sobre la validez de una u otra nos seguirá acompañando.

«El IPC interanual de Japón es en la actualidad del 3%, muy similar al de Suiza, frente al 10% de la Eurozona. Curiosamente el crecimiento acumulado de la base monetaria (M3) de la Eurozona entre 2019 y 2021 fue del 25,2%, mientras que, en este mismo periodo, el Banco Central de Japón incrementó la M3 en un 13,6%, prácticamente la mitad.«

Es fácil entender que una sociedad asustada por la pandemia y la guerra, y todavía resentida por la crisis financiera de 2008, quiera creer que es posible salir de la situación actual sin ajustes presupuestarios aún más dolorosos que los aplicados en aquella ocasión. Es comprensible, pero esta especial sensibilidad no debería ser utilizada por los responsables políticos como justificación de un endeudamiento desbocado, ya que de hacerlo incurrirían en una injusticia inaceptable hacia las generaciones futuras, al penalizarlas por unos hechos de los que, en absoluto, son responsables.

Un comentario

  1. Jose Luis Sampedro decía que la inflación es un impuesto a los pobres.
    Su análisis deja muy de lado la especulación, la guerra de Ucrania y una globalización inservible.
    Del neoliberalismo ni una palabra.
    Siga usted con MF, sus teorías y sus prácticas apoyadas en regímenes autoritarios (el Cono Sur, Thatcher, Reagan, Yeltsin, etc.)
    Por lis neoclásicos no pasa el tiempo: siguen en MP.

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