Educación financiera y manejo de riesgos

<strong>Educación financiera y manejo de riesgos</strong>

de Luis Muga

El “Día de la educación financiera” es una iniciativa que se enmarca en el “Plan de educación financiera” promovido por el Banco de España, la Comisión Nacional del Mercado de Valores, y el Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital. Desde hace varios años este día se celebra el primer lunes del mes de octubre y en esta ocasión el lema escogido ha sido “Educación para unas finanzas más seguras”. Por primera vez el acto principal se ha desplazado de Madrid a Barcelona y en él han tenido una participación destacada tanto Policía Nacional como Mossos d’Esquadra.

El rápido crecimiento de las finanzas digitales ha puesto encima de la mesa el problema de la seguridad de las transacciones realizadas a través de este tipo de canales y la necesidad de que la población general adquiera una formación básica en el manejo de las herramientas a su disposición con la finalidad de detectar y evitar posibles fraudes.

Sin embargo, a la par que se resuelven estas nuevas cuestiones ligadas al desarrollo tecnológico, debemos ser conscientes de que aún nos encontramos lejos de que una parte importante de la población sea capaz de manejar conceptos financieros básicos. La Encuesta de Competencias Financieras (ECF), ligada al mismo Plan de educación financiera, señala que un 58% de los encuestados es capaz de responder correctamente a preguntas básicas relacionadas con la inflación, un 46% puede hacerlo a preguntas sobre el manejo del tipo de interés compuesto y, por último, un 49% lo hace ante preguntas relacionadas con el riesgo. En este último apartado llama la atención que un 27% de los encuestados manifiesta desconocer la respuesta a las preguntas, frente al 10% de los otros dos bloques.

La importancia del manejo de los conceptos básicos financieros ha cobrado de nuevo relevancia en este 2022 al desbocarse la inflación en la zona euro por encima de los dos dígitos. Además, la subida generalizada de los tipos de interés ha hecho que crezcan los costes de financiación. A la prensa han vuelto a asomarse noticias relacionadas con el Euribor, el incremento de las cuotas de las hipotecas a tipo variable y las consecuencias que ello genera en los presupuestos familiares.

En este sentido, a la hora de financiarnos es importante ser consciente de que el riesgo es mucho más fácil de manejar antes de que se materialice. Para el caso de las hipotecas y la evolución del Euribor, deberíamos ser conscientes de que si contratamos una hipoteca a tipo variable somos nosotros los que estamos soportando el riesgo de tipos de interés, es decir, subidas de tipo de interés significan subidas de la cuota. Si contratamos una hipoteca a tipo fijo, es la entidad financiera la que asume dicho riesgo. El banco no ve incrementado el rendimiento de sus activos cuando suben los tipos de interés y al financiarse más caro en los mercados, perdería dinero.

En este juego la entidad suele jugar con ventaja. No se trata de una ventaja relacionada con un mejor acceso a la información o el conocimiento de lo que va a suceder con los tipos de interés, sino con la ventaja de contar con equipos de profesionales expertos en riesgos y con las herramientas adecuadas para poder gestionarlos. Por ejemplo, existen mercados mayoristas de derivados en los que se pueden intercambiar las estructuras de pagos de préstamos de tipo fijo a tipo variable (Swaps).

Si nos hemos decantado por financiarnos a tipo de interés variable deberíamos ser conscientes de que tenemos que contar con algunas herramientas que minimicen el riesgo que vamos a correr, es decir, la posible subida de tipos y de cuotas a pagar. Algunas de las preguntas que podríamos hacernos son, ¿contamos con una cantidad de ahorro que nos permita reducir endeudamiento en caso de empeoramiento de las condiciones?, ¿hasta qué punto seríamos capaces de renegociar las condiciones del endeudamiento con la entidad financiera?

Hay que tener en cuenta que cuando contratamos una hipoteca con una entidad financiera las condiciones de tipos de interés del préstamo variable van a ser más ventajosas para nosotros que las de tipo fijo en un primer momento. Por lo tanto, podemos hacernos dos preguntas ¿Somos capaces de asumir ese mayor coste en caso de decantarnos por el préstamo fijo? ¿Seríamos capaces de manejar el riesgo de posible subida de tipos si elegimos endeudarnos a tipo de interés variable? Si la respuesta a ambas cuestiones es no, quizás no sea buena idea endeudarse.

Por último, quisiera destacar que el manejo del riesgo no es una cuestión sencilla y que incluso teniendo los conocimientos básicos necesarios se pueden tomar decisiones financieras “erróneas” sin que podamos hablar de déficit de la educación financiera. Por ejemplo, algunos inversores pueden sufrir de sesgo de sobre-confianza, lo que les lleva a tomar decisiones de inversión demasiado arriesgadas. La propia ECF señala que un porcentaje relevante de los inversores, sobre todo hombres, invierte en acciones sin que un profesional le haya proporcionado información. Por el contrario, otros agentes pueden sufrir de conservadurismo lo que les lleva a tener exposiciones a riesgo demasiado bajas y con incidencia negativa en los rendimientos futuros a largo plazo. 

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