La sanidad, un reto inaplazable

La sanidad, un reto inaplazable

Todos los días leemos en los periódicos los problemas que se manifiestan en el funcionamiento del sistema de salud público. Deficiente atención en los centros de salud, aumento de listas de espera, retrasos en la atención a pacientes y malestar de los profesionales sanitarios son algunas de las quejas recurrentes que se escuchan en los medios y en las conversaciones de los ciudadanos. Por otro lado, las encuestas de satisfacción de pacientes que han utilizado el sistema que publica Osasunbidea, ofrecen una valoración positiva del mismo. Hay mucho ruido, furia e intereses en el debate social que dificulta entender lo que sucede. El sistema ha estado sometido estos años a una presión extrema. Pero la pandemia no puede ser la excusa para no actuar. Después de superar la crisis de salud pandémica, hay que prepararse para el futuro. Hoy resulta más urgente que nunca garantizar la viabilidad económica y asegurar la sostenibilidad social porque si se pierde la confianza en la capacidad del sistema de salud para ofrecer una atención de calidad, el daño será irreversible y se perderá un patrimonio colectivo.

El informe de Salud de la OCDE (2020) señala los desafíos a los que se enfrentan los sistemas sanitarios. Sus estimaciones apuntan a que el gasto en salud alcanzará, en España, una cifra superior al diez por ciento del PIB para 2030. Este crecimiento del gasto plantea problemas de sostenibilidad económica. La tecnología ha sido tradicionalmente el componente del gasto que explica su trayectoria ascendente, y este factor, con el desarrollo de nuevas tecnologías y tratamientos innovadores, va a tener una influencia decisiva en la inversión futura en sanidad.  A ello se une el aumento de la demanda por el envejecimiento de la población.  De forma urgente es necesario planificar y aumentar la oferta de profesionales de salud, desde médicos, personal de enfermería, gestores de instituciones sanitarias y tecnólogos. Hace falta en el sistema más médicos, más personal de enfermería y más gestión. Hay evidencias de que un número significativo de profesionales sanitarios están emigrado buscando mejores perspectivas profesionales. Los sistemas de contratación y las condiciones salariales y de trabajo son poco atractivas para muchos médicos españoles.  

Expertos como R. Bengoa y J. Cabases describen los problemas que tiene el sistema de salud; hay dificultades para coordinar las distintas actividades que afectan al cuidado de los pacientes y que dañan la calidad. Esa deficiente coordinación, hace aumentar las esperas, retrasa el diagnóstico y los tratamientos y confunde al usuario; se financia por actividad con una cultura de reducción de costes, pero no por la salud percibida por los pacientes; resulta urgente medir la calidad; el cuidado de pacientes crónicos es fragmentado y la elevada tasa de hospitalizaciones y rehospitalizaciones podría reducirse mejorando la eficiencia del sistema.  

La respuesta ante las deficiencias reconocidas ha sido insuficiente. Frente a la presión asistencial, el mayor consumo de recursos, la tensión presupuestaria y el deterioro de la calidad percibida, las medidas implementadas han sido: contención de costes, con especial presión sobre los salarios de los médicos y los profesionales del sistema; precarización y temporalidad de plantillas. Se sabe que los gastos de personal representan alrededor del 50% del gasto sanitario total, así que se actúa sobre el componente de gasto más significativo. Cuando ha aumentado la factura farmacéutica o aparecen nuevos tratamientos, se ha recurrido a los genéricos, al control exhaustivo del gasto farmacéutico y tratamientos y al copago de medicamentos y, por último, se ralentizan las inversiones en formación e investigación para bajar costes. La mejora de la gestión y control presupuestario en centros de salud y hospitales ha sido limitada. La gestión pública se sigue caracterizando por su rigidez, falta de profesionalización de la gestión e incapacidad para dar autonomía a los centros. Además, se constata una voluntad exhaustiva de control y lo más preocupante, ausencia de sistemas de evaluación de la calidad ofrecida y falta de rendición de cuentas que conlleve responsabilidades individuales, de los servicios y los centros por lo que se hace.

Así no se puede seguir. Se debe actuar ahora; no se pueden posponer por más tiempo los cambios necesarios. Hay que innovar. Se debe cambiar la gobernanza y redefinir las funciones de Osasunbidea, hospitales y centros de salud. Es imprescindible un mejor gobierno de las instituciones y centros y una mayor rendición de cuentas a los ciudadanos que somos los que pagamos. Seguro que así nos evitaríamos tantas reuniones de control y seguimiento en el Parlamento que no aclaran nada. Es urgente repensar para motivar y comprometer mejor, la carrera de los profesionales de salud ofreciendo múltiples caminos y condiciones.  En suma, necesitamos un acuerdo amplio y trasversal entre los principales actores políticos, sociales y profesionales que establezca las líneas básicas de una sanidad preparada para abordar los retos de este siglo. Si no avanzamos y construimos un proyecto compartido en un tema clave para nuestra sociedad, sólo conseguiremos que continúe el deterioro y la pérdida de confianza en las instituciones que ofrecen un bien público esencial para todos los ciudadanos navarros, como es la salud. 

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