COVID-19, Biden y el fantasma de Roosevelt

COVID-19, Biden y el fantasma de Roosevelt

de Gregori Galofre

Después de más de dos años de convivencia con la COVID-19, vemos que el riesgo de contagio y probabilidades de desarrollar complicaciones caen rápidamente gracias a las vacunas y, aunque correlación no siempre implique causalidad, aquellos países con bajas tasas de vacunación muestran altas tasas de contagio y muertes. Las tasas de crecimiento del PIB, aunque a menudo corregidas a la baja, apuntan a una recuperación después del apagón, y, en menor o mayor medida, quizás con prudencia pero sin reparo, hemos reestablecido los encuentros sociales con familiares y amigos, intentado recuperar la vida que teníamos antes de la pandemia.

Gracias a la ciencia y al compromiso político y social de gobiernos de colores dispares, se ha logrado impulsar la mayor campaña de vacunación de la historia, dejando atrás los días más oscuros de la pandemia en Occidente. Asimismo, el lanzamiento de fondos de recuperación para ayudar a reparar los daños económicos y sociales de la pandemia han sido cruciales para evitar aún mayores daños. En marzo de 2020, y aún bajo la administración de Trump, Estados Unidos respondió rápidamente a los efectos de la pandemia, con paquetes de estímulo y crédito. A través de la CARES Act, desembolsó 2,2 trillones de dólares, incluyendo 300.000 millones en transferencias directas paras las familias. Planes que han seguido (y esperemos que continúen) durante el mandato de Biden.

Aunque las analogías históricas son un terreno fangoso en el que pasear, la historia económica nos ayuda a ver cómo se afrontaron acontecimientos similares en el pasado, ya fuera con mejor o peor fortuna. Aquí, el ejemplo clave para Estados Unidos podría ser la recuperación económica de los años 30, tras el colapso económico sufrido con el crack del 29. Los planes de reconstrucción introducidos por Roosevelt con el New Deal ayudaron a paliar el sufrimiento de los estadounidenses, disminuyendo la mortalidad y permitiéndoles vivir una vida digna (aquí y aquí). Roosevelt supo aprovechar la crisis y convencer a los americanos de la necesidad de diseñar un nuevo sistema de Seguridad Social, seguramente insuficiente a los ojos europeos, incluso para muchos estadounidenses hoy en día, pero que suponía, sin duda, una ruptura con el pasado. En ausencia de precedentes significativos consiguió desarrollar un sistema de seguridad social coordinado y financiado por el gobierno federal, los diferentes estados y unidades locales. 

Como muestro a continuación, las medidas de alivio introducidas entre 1930 y 1934 fueron cruciales. Seis años después de aquel jueves 24 de octubre de 1929, se introdujo la Social Security Act (área marcada en negro como “special types of public assistance”), dando apoyo a madres solteras y personas invidentes, y un sistema de pensiones para los mayores de 65 años. En 1935 también se creó la Works Projects Administration (WPA) que empleó a millones de americanos en obras públicas.

Viendo estos precedentes en la historia americana, me pregunto cómo a pesar de lo aprendido de una crisis de alta envergadura como la de 1929, a diferencia de ésta, en la que la respuesta duró más de una década, las ayudas actuales empiezan a discutirse y frenarse tan sólo dos años después del inicio de la pandemia, y es que algunos de los programas iniciados en la CARE Act son ya, desde septiembre de 2021, parte del pasado. Por ejemplo, la Pandemic Unemployment Assistance permitía a los trabajadores fuera de convenio recibir una prestación si perdían el trabajo. La Federal Pandemic Unemployment Compensation proporcionaba a las familias vulnerables una compensación monetaria de 600 dólares semanales, inicialmente, y, luego, de 300. Finalmente, la Pandemic Extended Unemployment Compensation permitía extender la prestación de paro una vez agotada la prestación estatal de 26 semanas. Precisamente estos programas ayudaban a las personas desempleadas a cubrir sus necesidades básicas mientras encontraban un trabajo. En este sentido, el U.S. Census Bureau ha estimado recientemente que sin estas ayudas el porcentaje de población americana viviendo por debajo de la línea de pobreza sería de entre 2 y 4 puntos superior al actual (11.4%). 

Así pues, a ojos de la historia, ahora más que nunca, los programas de apoyo en Estados Unidos deberían prorrogarse y prolongarse en el tiempo, y en ningún caso frenarse. La tarea de Biden para rescatar la economía y el reconciliation package, aunque responda más a un asunto político que económico, no parece fácil. No obstante, la historia americana muestra un buen camino para ello. Asimismo, aunque ya sea tema de otra entrada en este blog, las historia de entreguerras nos muestra también que los riesgos de fallar a los ciudadanos cuando más lo necesitan suponen grandes peligros para la democracia  (aquí y aquí).  

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