No podemos fallar con los fondos europeos

No podemos fallar con los fondos europeos

Todos los días  se enuncian planes que van a cambiar el funcionamiento de nuestra economía y ofrecen expectativas de avanzar hacia una sociedad más próspera. Nos anuncian grandes transformaciones: la energética, la digital, la del talento, la social y medioambiental. Pero los ciudadanos observamos perplejos cómo más ordenadores no mejoran la productividad ni los salarios, más competencias digitales no mejoran la educación, más consultas médicas virtuales empeoran la atención, confianza y calidad de nuestro sistema de salud y más digitalización no reduce la carga burocrática ni los formularios que la administración pública exige, ni mejora la calidad de los servicios públicos.

Ante cualquier problema se enuncia un nuevo plan que resulta ser un conjunto de buenos propósitos, una matriz de amenazas, oportunidades sin orden ni concierto, un conjunto de  medidas sin priorizar, ni presupuestar, sin evaluar sus costes ni beneficios. Con la llegada de fondos del Next Generation a Navarra vamos a disponer de una importante cantidad de dinero público para facilitar la transición energética, invertir en nuevas tecnologías y resolver algunos de los déficits de nuestra economía y administración. 

La evidencia de la gestión pública indica que los planes estratégicos que impulsan muchas organizaciones fracasan en la mayoría de los casos en la etapa de su implementación. La ejecución es clave para desarrollar con éxito iniciativas transformadoras. Por eso hay que situar en el centro del debate no sólo qué se quiere hacer desde la administración sino sobre todo, cómo se va a hacer. Gastar es fácil pero invertir con criterio es muy difícil. Y aquí no hay razones para el optimismo. Vemos cómo muchas intervenciones se siguen realizando desde una organización burocrática, poco flexible, amparada en una jungla de normas y procedimientos y poco orientada a satisfacer las expectativas de los ciudadanos.

La administración trabaja siguiendo reglas y procedimientos farragosos, construidos desde la desconfianza, sin especificar los objetivos que se pretenden alcanzar, sin medir resultados y sin rendir cuentas de la eficacia social de las iniciativas. Se mantiene una estructura organizativa con compartimentos estancos, pequeños reinos de taifas donde cada departamento lucha por conseguir más presupuesto, más poder e influencia política y nadie pone orden y fija responsabilidades y prioridades. La inercia y la búsqueda de más visibilidad política y mediática orientan la acción política.

Existe, no hay duda, un control administrativo desde la intervención: dietas, facturas, gastos asociados a los conceptos contables, pero ¿existe un control sobre el cumplimiento de los objetivos?  Una visita a la web de Gobierno Abierto y a su apartado de “seguimiento de planes y programas aprobados” resulta decepcionante. Uno tras otro se enumeran los planes de este gobierno y otros anteriores pero el apartado “Acciones desarrolladas” está mayoritariamente en blanco y el de “Resultados” o “Cumplimiento de objetivos” sencillamente no existe. Con mayor o menor grado de desarrollo todos esos planes se han llevado a cabo, pero sus posibles efectos son desconocidos. ¿En qué consiste el seguimiento? ¿En la comprobación de facturas? ¿En contar el número de personas que asistieron a una conferencia? Por poner un ejemplo. ¿Se han medido los frutos de los sucesivos planes participación ciudadana?

Nos encontramos con unos sistemas de decisión donde prima la administración sobre la dirección con ausencia de responsabilidades individuales y de grupo. Se siguen las instrucciones y nadie, ni empleados públicos ni responsables políticos, se responsabiliza de los resultados ante los ciudadanos. Eso sí, se controla la ejecución presupuestaria formal y se toman como dadas las iniciativas existentes pero falta una evaluación interna que examine la idoneidad de los instrumentos utilizados así como su rentabilidad social. Además faltan evaluaciones externas ex post rápidas y flexibles, realizadas por instituciones independientes donde se haga crítica de las intervenciones realizadas y se discuta su valor social.  

Sobre el capital humano tampoco el panorama resulta alentador. Nos encontramos con empleados públicos bien formados,  seleccionados de forma exigente y competitiva pero que trabajan en un marco institucional poco motivador. Empleados competentes encerrados en un sistema donde es mejor no actuar y no innovar, quedarse quieto y no resolver las cuestiones que interesan a los ciudadanos si eso conlleva  asumir el riesgo de buscar caminos nuevos y ofrecer soluciones novedosas y distintas que cuestionen las reglas establecidas. En suma no se evalúan las políticas públicas que se implementan y así resulta muy difícil mejorar.

Este escenario es sin duda muy mejorable. Estamos ante una forma de ejecutar las acciones y estrategias públicas poco alineadas con la eficiencia y eficacia del gasto. Con estas instituciones, lo más probable es esperar no sólo un aumento del gasto que incremente los déficits económicos futuros sino también que se produzca un déficit clamoroso de resultados. Por eso resulta urgente cambiar esta dinámica. Estamos a tiempo de introducir mecanismos y sistemas ágiles de rendición de cuentas ante los ciudadanos. Se debe potenciar la evaluación de los programas públicos y mejorar su trasparencia y ejecución. Hay que exigir no sólo a los responsables políticos, sino también a los empleados públicos, que rindan cuentas a los ciudadanos de los recursos que gestionan y de los resultados que obtienen. Llevamos muchos años de monopolio en la prestación de servicios y eso ya sabemos lo que es, una vida tranquila. En suma, hay que reformar con urgencia las estructuras de intervención pública, hay que generar reglas que estimulen la trasparencia, el buen hacer y la rendición de cuentas, si no queremos correr el riesgo de que muchas políticas económicas que se puedan desplegar con los fondos europeos vuelvan a fallar e incumplan las expectativas de prosperidad para los ciudadanos.

  1. Un tema muy importante Emilio. Sería bueno fijarnos en lo que hacen los países que mejor funcionan en la administración pública.

    Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: