Maynard y Virginia

Maynard y Virginia

Virginia Woolf, nacida Virginia Stephen, fue la mejor novelista de la historia contemporánea lo cual, dada la escasez de mujeres en los cánones al uso, equivale a decir de toda la historia. Esta es una afirmación radical, lo sé. Pero puesto que se trata de una opinión, no daré un paso atrás ni para tomar impulso. Toda su obra tiene un nivel tan excelso que para cualquier aficionado representa uno de los hitos más importantes de la literatura universal. Y como se ha destacado en los casi infinitos estudios sobre su obra, inaugura un nuevo estilo literario conocido como monólogo interior en el que la acción y la trama, características de la ficción clásica, se ven sustituidas por el universo dinámico del flujo de conciencia que otros destacados autores del s. XX, en particular William Faulkner o Samuel Beckett, adoptarían para cambiar para siempre la novela y acercarla al universo expresivo de la poesía (recuerdo que Faulkner decía de sí mismo que era un novelista a fuer de mal poeta).

La vida de Virginia y sus relaciones personales también la convierten en un icono del feminismo. Dedicó su imponente novela Orlando a Vita Sackville-West, de la que estuvo muy enamorada. Orlando es la historia de un personaje a lo largo de cinco siglos de la vida inglesa y que a mitad de obra pasa de hombre a mujer (hablamos… ¡de 1928!).  En cuanto al resto de sus relaciones, es bien sabido que en el grupo de Bloomsbury que se constituyó alrededor de Virginia y que toma su nombre de la casa que compartió con su marido, Leonard Woolf, en ese barrio londinense, se concentró tal densidad de talento como nunca haya podido reunirse. Citaremos unos cuantos nombres nada más, pero serán suficientes: E. M. Forster, Ludwig Witgenstein, Bertrand Russell, Dora Carrington Gerald Brennan y… John Maynard Keynes. Y aunque Orlando es un titánico esfuerzo literario, mis novelas preferidas son: La Señora Dalloway (1924) y Las Olas (1931). La primera es el perfecto fresco de la vida de la Inglaterra victoriana, pero Las Olas, el monólogo interior de seis personajes, representa una de las voces más genuinas de toda la historia literaria. Háganse un favor impagable: léanla si es que no lo han hecho ya. Virginia sucumbió a su trastorno bipolar y se suicidó; llenó sus bolsillos de piedras y se adentró en las aguas del río Ouse, cerca de su casa a finales de marzo de 1941. Tenía 59 años. 

También escribió un diario que recoge su vida y sus pensamientos a lo largo de 25 años En él menciona a Keynes (a quien sus amigos llamaban Maynard) en numerosas ocasiones. Quisiera detenerme en algunas de ellas. En una entrada de septiembre de 1923, Virginia escribe: Tertulia con Maynard… Además de ser nuestro más grande economista vivo es amante de una bailarina, prepara la puesta en escena de un ballet de Mozart… Maynard se ha puesto muy gordo… Pero sus ojos son extraordinarios y como le he dicho sinceramente cuando me ha dejado leer algunas páginas de su nuevo libro los procedimientos mentales que despliega están tan lejos de mis posibilidades como los de Shakespeare…

Por el año de la entrada deduzco que el libro de que se trata es A tract on Monetary Reform (Un tratado sobre la Reforma Monetaria). Keynes discute la teoría cuantitativa y la ecuación de Cambridge. Sea n –dice- la cantidad de billetes y monedas u otras formas de liquidez en circulación y sea p el precio de cada unidad de consumo (el índice de precios o coste de la vida). Supóngase que el público desea mantener en promedio una cantidad de dinero equivalente a k unidades de consumo. Entonces se sigue que n=pk, que es la famosa Teoría Cuantitativa del Dinero. En la medida en que este parámetro k (la preferencia por la liquidez) se mantiene constante, existe una relación proporcional directa entre la emisión de dinero y el nivel (índice) de precios. Y Keynes cita el pasaje de la obra de Marshall “Dinero, Crédito y Comercio” en el que se establece la misma Ecuación de Cambridge en distintos términos. En la medida en que k no se vea afectada por la emisión de moneda (n) la relación entre se mantiene a largo plazo. Pero este a largo plazo es una guía errónea para los asuntos diarios. A largo plazo, todos muertos, dice Keynes en una frase que hará historia. Porque la característica de los ciclos económicos es que el valor de k tiende a aumentar en los momentos bajos del ciclo y a disminuir en las épocas de boom económico (fase alta del ciclo). De modo que Keynes adelantaba en este texto que el valor de k no es en absoluto constante como si solo dependiera de los hábitos de pago o las costumbres de cada sociedad. Hay una tendencia hacia la inestabilidad de k que tiene que ver con las expectativas sobre la marcha de la economía y, en consecuencia, un cambio en la cantidad de dinero, n, puede afectar de distinta manera a los precios y/o a la producción. Keynes todavía no relaciona los cambios de k con el motivo especulación y con el tipo de interés como hará en la Teoría General, pero el germen de esa idea (la inestabilidad de la demanda agregada, diríamos hoy) ya está presente en este libro. Que Virginia fuese incapaz confesa de seguir los argumentos de Maynard no es en absoluto extraño. Keynes nunca se preocupó por ser meridianamente claro como lo fue su maestro Marshall y si me apuran, casi diría que se complacía en cierta deliberada oscuridad. 

A finales de septiembre de 1931 Hay una entrada del diario en la que Virginia dice: Maynard y Richard Kahn están en pie de guerra. Abandonamos el patrón oro… Richard Kahn era colaborador de Keynes en la cátedra de Cambridge y el autor del modelo del multiplicador de la inversión y del gasto público que Maynard usó en La Teoría General. Keynes había propuesto en su primer libro Moneda y Finanzas en India el paso desde el patrón oro a otro llamado patrón cambio-oro. El oro no se acuñaba como moneda o estaba disponible en la India y las reservas indias de oro para rupias se mantenían como apuntes en libras esterlinas en Londres en lugar de en oro real. Pero Keynes alabó el nuevo patrón cambio-oro como progresista, científico y en la dirección hacia una divisa ideal. Lo esencial es que un falso patrón oro, como debe ser un patrón cambio-oro, da muchas más posibilidades de una gestión e inflación monetaria a los gobiernos centrales. Quita el poder a la gente sobre el dinero y entrega dicho poder al gobierno. 

Keynes anhelaba que el patrón oro desapareciera para ser reemplazado por un sistema basado en unas pocas divisas claves en papel moneda. “La preferencia por una moneda de reserva tangible es una reliquia de un tiempo en que los gobiernos eran menos fiables en esos asuntos de lo que lo son ahora”. Sin embargo, esta posición en favor de un patrón cambio-oro cambió drásticamente en Bretton Woods cuando el dólar apareció como la moneda de referencia internacional. Entonces Keynes propuso la creación de una divisa a la que denominó Bancor, en la cual quedarían expresados los valores de las distintas monedas y, en consecuencia, los tipos de cambio internacionales. El bancor se definiría según un peso de oro, pero mediante una relación variable para darle estabilidad y preservarlo de las fluctuaciones de valor del oro. Si la cotización de éste subía en el mercado internacional, el bancor (según un cálculo complejo) disminuiría la definición de su contenido en oro y viceversa. Se trataba, en el fondo, de conseguir una unidad de medida del valor invariable. Esta propuesta, si se considera bien, no está muy lejos de un sistema de tipos de cambio cuasi-fijos equivalente al patrón oro, aunque aligerándolo de su dependencia de la producción de oro y de su cotización en los mercados. Lo que en un principio fue optimismo por el abandono del patrón oro, después fue el realismo de la búsqueda de un sistema racional que aislara la política monetaria del control (y del abuso) de los gobiernos nacionales. Si se estudia la teoría monetaria de Hayek y de la escuela austríaca, uno no puede menos que sorprenderse de las similitudes entre sus propuestas y el Keynes de Bretton Woods. Que, por cierto, tampoco están demasiado lejos de la propuesta de Friedman de fijar el crecimiento de la oferta monetaria -en un 5% anual, por ejemplo- en la Constitución para sustraer la política monetaria discrecional de los caprichos de los gobiernos. Si este tipo de políticas se hubieran llevado a cabo, tal vez las crisis de los años 1929 (retrospectivamente) y 2008 no hubieran tenido lugar. 

En una de las últimas anotaciones del Diario de diciembre de 1931, Virginia escribe: 

Almorzamos con los Keynes. Y tú qué piensas de la inmortalidad Maynard, le pregunté. “Soy un idealista”, dijo Maynard, “y por tanto yo diría que en términos generales supongo que algo continuará. Está claro que el cerebro es lo único estimulante-emocionante-creativo; la materia no existe. De lo que se deduce… Pero todo esto es muy vago” esto es más o menos todo lo que dijo… Y volvimos a casa. Y le di un beso a Maynard. Y vendrán a tomar el té.

  1. Delicioso post, Jorge! Me ha encantado conocer la amistad de estos dos grandes personajes. En la llamada ecuación de Cambridge me llama la atención la ausencia de la producción (renta) agregada en la parte derecha. Los economistas suelen aceptar que una política monetaria expansiva (el banco central aumenta la cantidad de dinero) tiene efectos repartidos sobre los precios y la producción, al menos en el corto plazo. El propio Friedman defendía estos efectos reales (no solo nominales) de los shocks monetarios a corto plazo. En este sentido, quizás sería deseable ajustar la masa monetaria a la evolución del ciclo económico para estabilizar precios y producción (en vez de mantener un crecimiento constante al 5% “no matter what”). Seguramente una inyección de liquidez masiva habría aliviado la Gran Depresión de los años 30, tal y como parece que ayudó a la recuperación tras la crisis financiera de 2008.
    La discusión sobre tipos de cambio fijos o flexibles también es muy interesante y parece ser una cuestión pendular. No hay sistema perfecto y tendemos a valorar siempre mejor la alternativa frente al sistema actual. Tengo dudas sobre qué efectos tendría la ruptura del euro y el retorno a un sistema en el que el mercado determine los tipos de cambio entre los países europeo. A corto plazo sería un momento delicado, pero quizás a largo plazo los beneficios superarían a las pérdidas porque los países podrían recurrir a un ajuste inmediato de los precios relativos que amortigüe las fluctuaciones
    del desempleo, el PIB o la inflación a lo largo del ciclo económico (creo que las teorías de Robert Mundell iban en esta línea).

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  2. Gracias por tus comentarios Mikel. A mí también me extrañó la forma en que JMK presenta la teoría cuantitativa en el libro (Tratado sobre la Reforma Monetaria). En esta presentación k no es la fracción de la renta real que se mantiene líquida sino, como él dice, la cantidad de producción o consumo en forma líquida, así que la producción está aquí.El problema de la política monetaria discrecional es que no tenemos ni idea del cuándo aplicarla ni en qué cuantía. Así que lo que sugiere Friedman es que reconozcamos nuestra ignorancia y en los ciclos, digamos, normales, actuemos con la prudencia subsiguiente para no provocar más daños. Claro que una vez que estás en una profunda recesión, entonces toda prudencia ya está demás.
    Respecto a los tipos de cambio, solo quería llamar la atención del cambio de posición de JMK. Mientras la libra fue la divisa dominante, entonces abogaba por el patrón cambio-oro (con denominación en esterlinas, claro). Pro cuando la divisa dominante es el dólar, entonces propone el banco, que se parece a un tipo de cambio cuasi-fijo. Vaya: ni siquiera siendo JMK te libras dl nacionalismo económico!
    Otra vez gracias.

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  3. Sobre el patrón oro y la Gran Depresión se ha escrito mucho y creo que te equivocas: la borrachera monetaria de los 20 se produjo con el patrón oro funcionando a todo pulmón (Gran Bretaña lo abandonó en 1931, Estados Unidos que había vuelto en 1919, lo bandoneón en 1933 en el fondo de la Depresión, en la página 37 del artículo de Ben Bernanke& James tienes las fechas de reentrada y abandono: https://www.nber.org/system/files/chapters/c11482/c11482.pdf),
    No fueron los gobiernos los que aumentaron la oferta monetaria imprimiendo dinero en los 1920s -no podían bajo las premisas del funcionamiento de sistema de cambio fijos!!!!
    El exceso de liquidez en parte provino del funcionamiento del sistema financiero de los 1920s, y los créditos sin respaldo bancario, etc.
    Por tanto, la política monetaria no era discrecional cuando se produjo la Gran Depresión. Tu última frase parecería indicar que fue la discrecionalidad de los gobiernos pudiendo disponer a su antojo de la política monetaria lo que llevó a la Gran Depresión. Nada más lejos de la realidad. Los estudiosos de la Gran Depresión lo han explicado de varias maneras pero todas coinciden con que la ortodoxia el momento (incluido el retorno al patrón oro a la paridad de pre-guerra en el caso Británico) fue parte del problema – y en eso Keynes estaba entonces en lo cierto pero estaba en franca minoría. Abandonar el patrón oro dio ciertas posibilidades de expansión monetaria que se retrasaron en el tiempo (en el caso de los Estados Unidos hasta mediados los 1930s).

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  4. No se hable más.
    He leído con mucho gusto tu post: una historia que tantas veces me has contado y que siempre has intentado meter de rondón en tus clases cuando toca hablar de Keynes ante el estupor y la ignorancia de tus alumnos que, no obstante, gracias a tu entusiasmo al explicar, te escuchaban con una atención inusitada.
    > La parte poética y literaria del post es la que más me ha gustado. Por fin tu vena de escritor, no de cosas económicas, que de eso ya has escrito incluso un libro, sino de literatura y poesía y arte y sentimientos en las que te mueves y analizas tan bien, ha aparecido y tiene lectores.
    > La parte económica del post, me ha parecido muy interesante. Sobre todo, poder descubrir que he sido capaz de seguir el argumento, me ha dado un punto de alegría conmigo misma.😄
    > Pero, insisto, la parte literaria, es mi favorita.
    Ánimo.

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  5. A Mikel, una “cosica” más. Las presentaciones de Marshall (M=kpY) y de Keynes (n=pk) son la misma pero la k de Marshall es una fracción de la renta real (10%, 20%) mientras que la de Keynes (con mayúscula par diferenciar) es una cantidad de renta real. O sea, K=kY. Sí?
    A Mar, gracias por la crítica y el debate tan necesario en el blog y una de sus misiones. Recapitulando: las dos crisis de demanda graves (1929, 2008) siguen a dos largos períodos de expansión sin precedentes de la liquidez. En el caso de 1929, puede que el responsable sea el sistema financiero (Varoufakis dice en su libro del minotauro que también dude 2008 lo es). El caso es que ambas suponen errores grávese las autoridades económicas incapaces de proporcionar un marco estructural sólido y estable en el que los agentes pudieran tomar decisiones basadas en expectativas correctas. Al revés, en muchos casos (España, v.g.) los poderes públicos alentaron la burbuja (en el mercado bursátil o inmobiliario) en la esperanza de obtener réditos electorales. Así que sí: me apunto al argumento de que en ambos casos falló el control de la oferta monetaria, aunque en 1929, no el de la base monetaria que estaba sujeta l patrón oro.
    Maritxu, tu comentario le viene muy bien al post porque permite resaltar la parte literaria que nos es tan querida y que no resulta tan conocida en el ámbito de los economistas presuntamente destinatarios iniciales de estos mensajes. Así que sí, muchas gracias.

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