Fondos europeos no hay margen para equivocarnos (II)

Fondos europeos no hay margen para equivocarnos (II)

La Unión Europea en sus discusiones sobre el Next generation EU, ha puesto énfasis en que los países apuesten por iniciativas que apoyen una estrategia de crecimiento sostenible e inclusivo. Hemos hablado de la importancia de definir una estrategia de país y de comunidad que reconozca nuestras fortalezas y debilidades y que incida sobre los obstáculos que limitan el crecimiento y deterioran la prosperidad. Tener una estrategia es una condición necesaria para avanzar, pero no es suficiente. La mayoría de las iniciativas y planes estratégicos privados y públicos fracasan en su implementación. La buena ejecución y un control exhaustivo de resultados son requisitos imprescindibles para que la estrategia desplegada tenga éxito. Para ello, son necesarios ciertos pasos.

Primero, establecer mecanismos rigurosos de evaluación, selección y control de los proyectos. Las decisiones deben estar basadas en el mejor conocimiento y saber del que disponemos. El volumen de fondos recibidos va a ser importante y se van a ejecutar en poco tiempo. La experiencia española en gestión de fondos europeos ha sido más bien mediocre. Hay que gestionarlos mejor esta vez. Un buen marco institucional sería el de una agencia única con capacidad de gestión profesional y voluntad de movilizar a comités interdisciplinares de expertos y técnicos, ajenos a la burocracia de los gobiernos y al reparto de cuotas de poder e influencia de los partidos. Los proyectos seleccionados deben pasar un proceso de aprobación basado en la competencia y el mérito para elegir las opciones que mejor se alineen con las misiones establecidas.

Es vital distinguir entre los buenos proyectos y los mediocres. Hay que hacerlo de forma ordenada y con método, porque hay mucho ruido, confusión e intereses en el sistema. Hay que descubrir qué inversiones crean verdaderas oportunidades entre todos los proyectos verdes, digitales y sostenibles que oímos por doquier. Muchas empresas, instituciones y comunidades adaptan proyectos antiguos y obsoletos con argumentos afines a la coyuntura. A veces los más contaminadores se disfrazan y se presentan como los más sostenibles y verdes. Otras, los más aversos al riesgo aparecen como los nuevos innovadores y emprendedores.  Como en tantas ocasiones en el espacio público, hay que evitar las estrategias de captura del regulador/financiador que satisfacen intereses privados a costa del interés público. Hay que desterrar ese capitalismo castizo de favores y amiguismos.

La evaluación rigurosa establecida por expertos debe utilizar criterios claros: la novedad de los temas, su alcance y factibilidad de los logros a alcanzar, el valor del equipo humano y su experiencia, la existencia de verdaderas opciones para establecer un posicionamiento distinto e innovador y los compromisos financieros de los participantes.

A continuación, una vez seleccionados los proyectos/misiones, empieza lo difícil. Que se produzca una ejecución eficaz que resuelva los problemas para los que se han definido las acciones. Los proyectos seleccionados tienen que pasar en la fase de ejecución, un proceso de evaluación formal no solo contable y financiera, sino, sobre todo, de cumplimiento de los objetivos e hitos establecidos y de revisión de los mismos si se considera necesario.

Por último, en la fase de  ejecución de los proyectos, la colaboración público/privada va a ser esencial. Y aquí las experiencias tampoco son muy buenas. Necesitamos de una gobernanza profesional que choca con el contexto tan politizado de nuestro marco institucional. Debemos superar los prejuicios ideológicos que lastran los esfuerzos compartidos. Habrá que ser aquí también innovador y utilizar mecanismos exitosos de derecho privado y público y prácticas innovadoras de gestión, sin ver en ello un fracaso de la acción pública. La búsqueda de las mayores sinergias entre los recursos públicos y privados debe ser el criterio predominante de actuación.

En definitiva, la situación de fragilidad de la economía española y la profunda crisis originada por la pandemia, muestran la debilidad en la que nos encontramos. La limitada capacidad de nuestra economía para crear empleo de calidad y cambiar el rumbo mediocre de la productividad, el aumento de la desigualdad o el deterioro del medio ambiente, son síntomas graves del daño causado.

La sociedad española y navarra necesitan de una estrategia colectiva para cambiar el rumbo. Resulta urgente establecer una visión compartida que defina una senda de progreso sostenible y ayude a dinamizar las ilusiones y esfuerzos individuales y colectivos. Necesitamos imaginar un futuro que plantee retos y ofrezca soluciones de mejora económica y social. Es urgente concitar el acuerdo, la cooperación y la confianza social. Tal como se presenta hoy el debate político e institucional, esto parece una tarea imposible. Pero podemos avanzar algunos pasos. Necesitamos una gestión de los fondos europeos rigurosa y transformadora. Si volvemos a perder este tren, como nos ha pasado en otros momentos históricos, condenaremos a las futuras generaciones al declive y a la desesperanza. Lo interesante es que esta vez, llegarán los fondos y dependemos de nosotros mismos en su asignación, control y eficacia. El reto es mayúsculo. No desperdiciemos esta oportunidad que se nos brinda.

Un comentario

  1. Afirma el autor que “Un buen marco institucional sería el de una agencia única con capacidad de gestión profesional y voluntad de movilizar a comités interdisciplinares de expertos y técnicos, ajenos a la burocracia de los gobiernos y al reparto de cuotas de poder e influencia de los partidos” y reaparece el fantasma tantas veces olvidado de que la profesionalidad no está al margen de la ideología que profesa los profesionales y que pertenecer a un partido no implica ignorancia.
    Ocurre también que la colaboración público- privada es un manera que nos ha traído a una mayor captura de los intereses y recursos del sector público por el sector privado, los ejemplos sobran aunque el sector sanitario es un buen ejemplo de ello.

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