Fondos europeos, no hay margen para equivocarnos (I)

Fondos europeos, no hay margen para equivocarnos (I)

Gastar es fácil. Sobre todo cuando es dinero público que llega del cielo como el maná. Pero lo que resulta verdaderamente difícil es gastarlo bien. Conseguir que ese dinero sea una inversión que nos ayude a mejorar el sistema educativo, innovar en el sistema productivo y empresarial y modernizar las administraciones públicas, es el camino para avanzar en nuestra prosperidad.

Con los programas del Next Generation EU que se están diseñando para construir la Europa de la nueva generación, las oportunidades de regenerar nuestra sociedad y ofrecer un futuro de mayor bienestar son claras. España recibirá 140.000 millones de euros en seis años, 72.700 millones en transferencias directas. Nunca ha habido tanto dinero público para invertir en nuevas tecnologías, economía verde y cohesión social. Pero los riesgos están ahí, porque gastar este volumen de recursos de manera precipitada, sin trasparencia o con escasa concurrencia competitiva, puede tener graves consecuencias en el bienestar de generaciones futuras. 

¿Cómo debemos actuar para que la inversión de estos fondos sea realmente beneficiosa para el conjunto de la sociedad? Aquí ofrecemos una guía para la discusión:

Necesitamos primero, un buen diagnóstico de los problemas que limitan el crecimiento, el bienestar y la equidad de nuestra sociedad. Y esto no siempre es fácil. Por ejemplo, ¿realmente pensamos que el problema de la administración española en sus diferentes niveles es el de la digitalización? Hay una evidencia contundente que nos indica que no. El Índice de la Economía y la Sociedad digitales que elabora la Comisión Europea, sitúa la extensión de la administración digital española por delante de países como Alemania, Francia e Italia. En los parámetros que miden la digitalización, estamos bastante por encima de la media de la UE. ¿De dónde vienen entonces los problemas y la baja calidad que percibimos muchos ciudadanos de algunos servicios públicos? Fundamentalmente de estructuras administrativas arcaicas y sistemas de organización y gestión de los recursos humanos obsoletos. Hay problemas serios en los modelos de gestión pública. Se mantiene una burocracia rígida e ineficaz. Se gestionan los servicios y se diseñan las políticas públicas sin directivos profesionales y los empleados públicos con responsabilidad de gestión ejercen sus competencias sin objetivos ni autonomía ni rendición de cuentas. Hay una política de partido intrusiva que se manifiesta en arbitrariedades y ejercicio abusivo del poder donde se selecciona con arrogancia para puestos de responsabilidad, no a los mejores, sino a los afines. En definitiva, tenemos una administración más propia del siglo pasado, que de una institución moderna. Pero de los análisis tan poco rigurosos que se hacen, parece que ya tenemos la solución mágica: más ordenadores, más servicios y atención virtuales. 

Qué decir de la educación, ¿Alguien piensa que las altísimas tasas de abandono escolar en España, las más altas de la UE, se resuelven entregando una tablet a cada niño? Otra vez la solución mágica.

Necesitamos también, detectar las capacidades en las que destacamos como país y comunidad. Hay que reconocer las verdaderas oportunidades y nuestras fortalezas. ¿En qué ámbitos tenemos ventajas en el saber hacer, la experiencia o los recursos naturales que nos pueden servir para liderar actividades? Cuidado, porque no tenemos muchas en donde se manifieste ese buen posicionamiento. Porque para estar hoy en la vanguardia, hay que tener una educación excelente, invertir a largo plazo y asumir riesgos. Y ello es bastante más complicado que reconocer tendencias y enumerarlas de carrerilla: el hidrógeno verde, la inteligencia artificial, la sensórica, las ciudades inteligentes o la economía circular… Y toda la carta de nuevas tecnologías y buenos propósitos que se quiera. ¿De verdad creen que el principal reto de la sanidad hoy en Navarra es la medicina personalizada? Hoy en sanidad, por citar unos pocos, tenemos: deficiencias en el funcionamiento de los centros de salud, problemas de motivación, retribución y compromiso de los sanitarios y limitaciones de capacidad de camas, ucis, y atención socio sanitaria a los mayores. Ahora que, con razón, nos preocupan tanto las vacunas, les recordaré que los dos equipos que en España están avanzando en el desarrollo de una vacuna propia, están dirigidos por dos jubilados del CSIC que trabajan con esmero y entusiasmo para competir con las iniciativas de alemanes, ingleses o norteamericanos. Estos países llevan más de cincuenta años invirtiendo en instalaciones y personas en biotecnología y salud. Tampoco hay magia.

Por último, se necesita una visión clara de donde queremos estar dentro de diez o quince años y qué estrategia colectiva vamos a desarrollar para alcanzarla. Y ello conlleva fijar unos objetivos precisos y ambiciosos pero alcanzables y medibles. Hay que identificar las misiones fundamentales que queremos perseguir; los problemas, las soluciones y proyectos que debemos definir para corregir la situación en la que nos encontramos. 

En definitiva, si queremos invertir bien los fondos europeos, debemos de formular, en primer lugar, mediante el establecimiento de misiones explícitas, una estrategia que establezca una dirección clara y ambiciosa. Pero todavía nos quedará lo más difícil que es definir y ejecutar los planes de actuación en los que se concreta esta estrategia. Esto, mejor lo dejamos para el siguiente post.

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