El dilema social

El dilema social

de Ariadna García Prado

Cada vez se oyen más voces de alarma sobre los efectos de la tecnología y las redes sociales en la conducta humana, especialmente en los niños. Psicólogos y académicos han publicado artículos y libros que explican cómo las redes sociales pueden afectar a la salud mental de los niños. Diferentes medios también han alzado la voz:  El New York Times alertaba recientemente sobre los peligros del aumento de la exposición a las pantallas que los niños están sufriendo durante la pandemia. Y en Netflix es posible ver el documental “The social dilemma”, que muestra los entresijos de las redes sociales.

La mayoría de los padres y madres están preocupados con este tema y quieren poner límites al uso de pantallas. Sin embargo, las instituciones educativas están promoviendo su uso. Antes de la pandemia, muchos colegios ya habían optado por impartir la docencia a través de tablets. Durante el confinamiento, optaron por usar Google classroom y Zoom, algo totalmente justificado. Pero ahora, sin confinamiento, la mayoría de las instituciones educativas, tanto en primaria como en secundaria, siguen trabajando con Google classroom (ver aquí y aquí).

¿Es esto necesario? Pienso que no. Los niños ya saben usar Google classroom y están preparados en caso de confinamiento. El acceso diario a esta plataforma para poder hacer la tarea lleva asociado la tentación de entrar en chats, jugar a videojuegos online o navegar por internet. Y esto lleva a que muchos niños hayan reducido su interacción social a jugar online con sus amigos o solos. ¿Dónde queda salir al parque con amigos a correr, jugar o pasear? Mientras, los hijos de los gurús de Silicon Valley van a escuelas en donde no se usan ni tablets ni tecnologías novedosas.

El acceso a estas tecnologías se produce cada vez a edades más tempranas. Múltiples estudios (ver aquí y aquí) muestran cómo el uso de las redes sociales genera una adicción similar a la de las drogas ilegales. Nuestros hijos necesitan estar conectados y sentir el subidón de dopamina al recibir un “like” cada pocos minutos. Esto les lleva a buscar la aceptación constante e inmediata de los demás, y, según dicen los expertos, a una tolerancia a la frustración bastante baja. Por si esto fuera poco, las redes sociales también facilitan que se produzcan casos de acoso psicológico. Y encima, la navegación libre por internet les puede llevar a páginas porno u otras peores. 

Los niños reclaman cada vez más temprano un móvil. Los psicólogos advierten que la edad ideal para tener un móvil es a los 16 años, cuando ya tienen suficiente madurez para gestionarlo bien (aquí y aquí). Esta es, además, la edad legal para usar WhatsApp.  Sin embargo, la presión para las familias es muy fuerte y llega mucho antes de los 16 años. Estudios que evalúan estas tecnologías revelan que manejar un móvil con internet a edades tempranas es peligroso. Los psicólogos han estudiado el impacto que tuvo incorporar internet y los medios sociales en los teléfonos móviles a partir del año 2009 en Estados Unidos y han encontrado que a partir de esa fecha los suicidios aumentaron dramáticamente: en un 70% en adolescentes (15-19años) y en un 151% en pre-adolescentes (10-14ños). Además, saltó la alarma al aumentar las admisiones hospitalarias por autolesiones en un 62% y un 189% en niñas de 15-19 años y en niñas preadolescentes, respectivamente (ver aquí y aquí). 

Detrás de estas tecnologías, tal y como explican expertos arrepentidos de haber trabajado para Google, Facebook, Twitter, está la ciencia de cómo llegar a la parte menos consciente de nuestro cerebro para conseguir manipularnos. El objetivo es que pasemos más tiempo en sus páginas web, viendo más y más anuncios comerciales de modo que estas empresas maximicen su beneficio. 

Las familias debemos actuar para evitar el perjuicio de la adicción tecnológica en el cerebro de los niños, todavía muy plástico y en formación. Lo ideal sería poder coordinarse con las familias de los amigos de nuestros hijos para retrasar en la medida de lo posible la compra de un móvil con internet y, en su lugar, fomentar planes con bicis, patines, juegos de mesa, talleres de legos. 

Las instituciones educativas deben reconocer el riesgo que entraña para los alumnos la promoción de estas tecnologías. Aunque en la escuela no se utiliza ninguna red social, los psicólogos han encontrado que el aumento en la exposición de los alumnos a las pantallas incrementa el uso de las redes sociales. Limitar la exposición a las pantallas es, por tanto, fundamental. 

Está claro que el rumbo actual, precipitado por la pandemia, no es el acertado: si los que han creado estas nuevas tecnologías y redes sociales no permiten que sus hijos las usen ¿por qué se promueven en nuestra sociedad? ¿qué vamos a hacer para cambiar de rumbo tras la pandemia? El documental “The social dilemma” ofrece estrategias interesantes como por ejemplo desconectar el wifi al llegar a casa tras el trabajo y el colegio. ¿Se atreven?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: