Los políticos y una rendición de cuentas real

Los políticos y una rendición de cuentas real

de Alfonso Novales

La base de toda sociedad democrática es la capacidad de los ciudadanos para elegir libremente a sus representantes políticos. Lo hacen depositando en ellos la confianza de que basarán su actuación, utilizando los recursos públicos, en buscar el progreso social y el bienestar de todos. En la relación que se establece entre unos y otros, la transparencia en todas las acciones de gobierno, la evaluación del impacto de las políticas públicas, y la rendición de cuentas son elementos centrales. Tan esenciales son estos aspectos, que la calidad democrática de un país puede evaluarse según el desarrollo de los mismos.

El informe “Cumpliendo”, presentado por el presidente del gobierno el 29 de diciembre, respondiendo a promesas efectuadas en su discurso de investidura, se enmarca en una pretendida rendición de cuentas a los ciudadanos. En el mismo, se especifica que, desde la investidura, el Gobierno ha asumido 1.238 compromisos, 428 de las cuales proceden del acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos. Según el informe, se ha cumplido ya un 23,4% de las promesas que hizo; pero si se añaden los compromisos en los que se está trabajando, se deduce que el Gobierno ya ha “activado” un 90,9% del total.

Es habitual en España que cuando un gobierno, de cualquier signo, anuncia un Plan o Programa para resolver definitivamente las deficiencias existentes en una determinada área, se anuncien planes o programas con un elevado número de actuaciones o de objetivos. Desconozco si es el perfil académico, educado en la búsqueda de un rigor que siempre nos elude, lo que me abruma siempre que veo semejante número de compromisos y tareas pendientes. Quizá el mundo de la política habilita para convivir diariamente con tranquilidad en tal contexto de deuda con los ciudadanos. Pero creo compartir el sentimiento de muchos cuando imploro (en silencio, desde luego) que se anuncien muchas menos medidas u objetivos, cuatro o cinco, a lo más, pero eso sí, se supervise estrictamente su cumplimiento. 

Porque la realidad es que, dejando por el momento a un lado el informe “Cumpliendo”, nunca se ha creado un comité de evaluación que haya desvelado a los ciudadanos si los objetivos se han materializado finalmente, si el coste final ha sido el inicialmente anunciado, y si el gasto ha merecido la pena, dados los resultados alcanzados. Tan perdidos estamos ya en esta crucial cuestión, que frecuentemente, altos cargos de distintos gobiernos, incluyendo sus presidentes, han dado públicamente por resuelto un problema simplemente porque se había aprobado una nueva normativa que especificaba las medidas que se iban a dar para resolverlo. Es decir, se equipara la publicación de una normativa a la resolución del problema al cual se dirige y, coherentemente, puesto que se da por resuelto el problema, nadie se preocupa de evaluar a posteriori, si realmente el problema se resolvió.

Volvamos al informe “Cumpliendo”. En sus últimas páginas se presenta un listado de los “Compromisos cumplidos y en proceso más relevantes” en las cuatro áreas consideradas (España verde, España digital, España sin brecha de género, y España cohesionada e inclusiva). La mayoría de ellos consisten en que se ha aprobado un determinado plan o una nueva normativa. Si ese era el compromiso adquirido, no hay nada que objetar. Cuestión diferente es cuando se prometió resolver una determinada deficiencia, y se da por cumplido el compromiso porque ya se ha aprobado una normativa con tal fin que, por otra parte, frecuentemente es de redacción prolija y difícil comprensión. El informe “Cumpliendo” se refiere al estado actual de otras promesas electorales como: “Se ha continuado apostando por”, “Se han promovido medidas de”, “Se ha trabajado en el impulso de políticas” que han conducido a la “preparación de una propuesta de resolución o del borrador de un proyecto”. Muy difícilmente deberían aparecer en un listado mínimamente riguroso de objetivos cumplidos.

Sonroja leer que, con la presentación de este informe, España se sitúe “en la vanguardia de la rendición de cuentas en el ámbito internacional”. Esto es, sencillamente, falso. No somos “el primero de los países de nuestro entorno que somete al escrutinio público el cumplimiento de su programa de gobierno.” Un gobierno, en información proporcionada a los ciudadanos, a quienes en definitiva representa, no puede hacer este tipo de afirmaciones. La presentación del informe “Cumpliendo” no avanza mucho en los objetivos pretendidos por el presidente del gobierno: “Avanzar en términos de calidad democrática; combatir la desafección política, sometiendo la acción de gobierno al escrutinio de la ciudadanía; y desarrollar un proceso de aprendizaje institucional enriquecido por el debate público”. 

Continuaremos avanzando, sin duda, en mejorar en transparencia pública, evaluación de políticas y rendición de cuentas de los cargos públicos, pero nos queda aún mucho camino por recorrer.

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