La Ley de Say en el congelador: ¿fallan los mercados o los modelos económicos?

La Ley de Say en el congelador: ¿fallan los mercados o los modelos económicos?

de Francisco Gómez García (Universidad de Sevilla)

A pesar de las pretensiones científicas y de emulación de la Física de la Economía, esta disciplina cuenta en su elenco con pocas leyes reconocidas. En Microeconomía destaca la ley de la demanda (Marshall) o, lo que es lo mismo, la ley de la utilidad marginal decreciente (Gossen y Jevons). Por otro lado, en Macroeconomía son muy celebradas la ley de Okun y la Curva de Phillips. Sin embargo, no podemos pasar por alto una Ley muy famosa en la Historia del Pensamiento Económico, la Ley de Say.

Jean-Baptiste Say (1767-1832) fue un economista francés, que también quedó hipnotizado por las Riquezas de las Naciones de Adam Smith (1776). Esto queda patente en su Tratado de Economía Política (Say, 1803), que le dio fama en el continente y en el que enunció la Ley de los Mercados, o Ley que lleva su nombre. En términos retrospectivos, se venía a afirmar que la Oferta crea su propia Demanda y, por tanto, no era posible la existencia de períodos prolongados de sobreproducción y subconsumo. ¡Esta parece ser una muy buena noticia!: el pleno empleo está garantizado, salvo en contadas y transitorias ocasiones. La cuestión no es baladí, porque la Ley fue aceptada por los principales economistas clásicos (David Ricardo -1817-, John Stuart Mill -1848-).

A partir de Mill (1848), el pensamiento económico se desarrolla en el ámbito de la Microeconomía (Marginalismos de Jevons -1871-, Menger -1871- y Walras -1874-). Ya a finales del siglo XIX (1890), Marshall (padre de la Economía Neoclásica desde el punto de vista del equilibrio parcial) es esencialmente un microeconomista, y la Ley de Say sigue sin ser cuestionada (aunque al bueno de Marshall le preocupaba sobremanera el paro y la pobreza que generaba el Sistema). Un ejemplo, ya en el siglo XX, de esta aceptación acrítica es Pigou. Para dicho profesor la economía se autorregulaba y el desempleo se solucionaría simplemente con los ajustes nominales de precios y salarios. Eso sí, en caso de persistir, ese paro era voluntario (gran insulto para los que sufren la lacra del ocio involuntario).

Resulta inexplicable que las sucesivas crisis económicas y financieras que sacudieron a los países capitalistas, durante todo el siglo XIX y hasta los años 1920 del siglo XX, no minaran la credibilidad de la Ley de Say. Llega el crack del 29 y rápidamente el desempleo en EE.UU. y Europa supera los dos dígitos. La crisis fue profunda y larga (Gran Depresión -1929-1939-). Aquí entra definitivamente en escena John Maynard Keynes y su Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero (1936). Ahora, el paro masivo (involuntario) era debido a una insuficiencia de demanda agregada efectiva. Ahora sí, la Ley de Say parecía enterrada. Pero no cantemos victoria.

 Pasó la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo,  “El crecimiento se acabó aproximadamente el 16 de octubre de 1973…” (Robert Gordon, 2016). Es una afirmación desconcertante la de Gordon, pero es cierto que en el último medio siglo, salvo algunas excepciones (destaca el caso de China), sólo hemos crecido en base a burbujas crediticias e inmobiliarias. Pero la naturaleza humana es tozuda y justo antes de estallar la Gran Recesión (2008), el mismísimo Alan Greenspan llegó a afirmar que los ciclos económicos eran cosa del pasado: La Ley de Say volvía, recién comenzado el siglo XXI, a estar en su máximo apogeo. Por poco tiempo, poquísimo.

La Gran Recesión (2008- ) nos explotó en la cara y, por ejemplo, el paro en Andalucía llegó (en el segundo pico recesivo -2013-) al 35% (EPA). Es hora de volver a la pregunta retórica inicial: ¿Fallan los mercados o fallan los modelos económicos? En mi opinión, el Fallo es triple.

En primer lugar, como Anne Case y Angus Deaton demuestran en su libro Muertes por Desesperación y el Futuro del Capitalismo (2020), la economía de mercado deja de lado a demasiada gente. El Capitalismo no sólo deja en la cuneta a muchos parados (involuntarios), trabajadores pobres y precarios, trabajadores desanimados, etc. (Piketty denuncia el alarmante aumento contemporáneo de la desigualdad en el sistema capitalista). El capitalismo genera muertes por desesperación: suicidios, drogas, alcohol, ansiedad generalizada (la pandemia ha acelerado esta pesadilla, pero la dolencia emocional venía de mucho antes), depresiones y alienación. El Capitalismo Falla.

En segundo lugar, es obligatorio preguntarnos: ¿cómo vería un economista ortodoxo una tasa de paro del 35%? Si viviera Milton Friedman, quizás diría que es Natural (¿es natural que la gente pase hambre?). Robert Lucas probablemente diría, con su hipótesis de vaciado continuo de los mercados, que es voluntario. Los modelos económicos Fallan.

En tercer lugar, los Profesores de Economía y Empresa podemos transmitir competencias técnicas, pero también éticas y emocionales, a nuestros alumnos (líderes del futuro). Robert Frank (1993) ha encontrado evidencia robusta (que supera todos los tests de robustez imaginables -Microeconomía basada en la evidencia microeconométrica-), respecto a lo que muchos intuimos: los egresados de Economía y Empresa son más egoístas (menos dispuestos a cooperar, autocentrados), que los egresados de las demás carreras -por ejemplo, las de Humanidades-. 

Evidentemente, la piedra angular del cambio necesario son nuestros jóvenes alumnos. Los profesores estamos llamados ineludiblemente a transmitir, junto a las competencias técnicas, competencias éticas y competencias emocionales. Es decir, tenemos que proyectar en el aula una visión amplia y holística de las motivaciones humanas. Y todo ello por el bien de la sociedad, por el bien de la economía y por la felicidad de nuestros estudiantes.

  1. Maravilloso artículo; una exposición perfecta, con una pátina humana y social que habitualmente se echa en falta en la literatura económica.

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  2. Estoy de acuerdo contigo querido Paco sobre la necesidad de transmitir competencias éticas y emocionales al alumnado de Economía.

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  3. Considero muy falaz el argumento en el que hablas de la concepción de Milton Friedman sobre una tasa de paro del 35%. Solo y únicamente en situaciones que practicamente no se han dado en toda la historia en el mundo desarrollado él lo consideraría natural. No es válido intentar refutar las ideas económicas de los ortodoxos lanzando una cifra sin ningún tipo de entorno detras de esa cifra.

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