Los fondos NGEU y las ventajas competitivas de las regiones

Los fondos NGEU y las ventajas competitivas de las regiones

Recapitulemos: el panorama sigue sombrío y los colapsólogos siguen a lo suyo en una Europa abatida por la pandemia. El rebote récord del PIB español del tercer trimestre de 2020 (un 16,7 por 100, acorde con la caída de abril-junio del -17,8) es interpretado como la nube negra que, vaticinan, ha venido para quedarse. Ante la segunda oleada covid-19, nuestros expertos anuncian que el nivel previo se recuperará como pronto en 2023, aunque las bolsas y los institutos de prospectiva se alborocen ante el anuncio de la vacuna de Pzifer. Nadie duda de la profundidad de las heridas de esta crisis. 

Ante tanta incertidumbre y descartada la vulgata de que esta financiación extraordinaria sea el maná, el éxito del NGEU dependerá de las capacidades institucionales y empresariales…”

Frente al coro de augures que leen las entrañas de los murciélagos y nos condenan al averno, conviene insistir que las economías europeas cuentan con un nivel de desarrollo y unas capacidades que van a ser muy útiles para paliar el daño de la crisis vírica. Los fondos de Recuperación y Resiliencia de la Unión Europea, los llamados Next Generation European Union —NGEU— (explicados en nuestro blog aquí) deben ser una buena prueba de ello.  

Mientras se termina de concretar los mecanismos y plazos para acceder y gestionar unos fondos de financiación sin precedente histórico en cuantía y condiciones de mercado, los Estados y las regiones de la UE llevan desde la primavera trabajando para hacer viable esta oportunidad. La idea que se ha difundido es un programa de inversión en cambio climático y digitalización para transformar nuestras economías y hacerlas sostenibles desde el punto de vista energético y medioambiental, más inclusivas y más resilientes ante futuros shocks. Hasta ahora se ha identificado a los gobiernos como principales actores y, sin embargo, sabemos menos sobre el papel que ha de desempeñar la iniciativa privada (grandes empresas y multinacionales, pero asimismo las pymes y el universo de las startups, si de lo que se trata es de la piedra angular de la innovación tecnológica). Tampoco está claro cuál va a ser el posicionamiento de la banca mayorista y minorista en la captación y distribución de esos fondos.

Aquellas regiones que en el pasado hayan respondido eficazmente a los retos planteados por la Comisión Europea estarán ahora en mejor posición competitiva.

Ante tanta incertidumbre y descartada la vulgata de que esta financiación extraordinaria sea el maná, el éxito del NGEU dependerá de las capacidades institucionales y empresariales (individuos, organizaciones, funcionarios, industrias y/o clusters, redes y centros de investigación avanzada) para alumbrar proyectos que transformen la vieja Europa. Con un volumen de crédito elevadísimo y a ejecutar en el muy corto plazo, uno de los grandes interrogantes es identificar qué economías regionales están en condiciones de absorber eficazmente ese potencial de cambio. Uno de los indicadores que mejor sintetiza esta posición de partida nos lo proporciona el Índice de Competitividad Regional Europeo, que mide más de 70 variables sobre la habilidad de una región para ofrecer un ecosistema atractivo y sostenible para las empresas y los ciudadanos. En definitiva, para la prosperidad. El más reciente es el de 2019 y las noticias, a priori, no parecen muy esperanzadoras para las regiones de la periferia sur y oriental de la UE.

Fuente: Comisión Europea

La geografía económica europea es muy tozuda. En el caso de España únicamente las comunidades de Madrid y País Vasco reciben una calificación que les aproxima al corazón de Europa. Algo esperable dado el efecto acumulado y controvertido de la capitalidad del Estado, en el primer ejemplo, y de una trayectoria muy dinámica y sostenida de política industrial en el segundo. Al menos Cataluña, Navarra y Aragón presentan una posición similar a las más avanzadas de Francia y del norte de Italia. ¿Cómo cabe interpretar estos datos? ¿Ocupar una posición intermedia es una ventaja, o todo lo contrario, para competir en la captura de financiación para los proyectos?

Aquellas regiones que en el pasado hayan respondido eficazmente a los retos planteados por la Comisión Europea estarán ahora en mejor posición competitiva. Hay gobiernos regionales que llevan décadas participando de la estrategia colectiva de utilización de los fondos comunitarios. Es lo que en historia económica denominamos path dependence, y servirá ahora para que fructifique la semilla NGEU. Existe una experiencia de éxito diseñando programas para reparar la capacidad industrial y mejorar la productividad regional. Además, que en el pasado se hayan administrado los créditos sin despilfarros ni inversiones inadecuadas y con el soporte de su mejor capital humano (público y privado), es una garantía para este reto de futuro.

El dilema no es solo cómo recuperar producción y consumo en la fase recesiva del ciclo económico, es decir, un Estado keynesiano corrigiendo los fallos del mercado, sino una política de innovación en la que instituciones y empresarios sean co-creadores activos de mercado, a la Mazzucato. El qué hacer y cómo hacerlo es lo más difícil. Cómo priorizar las políticas industriales de innovación y con qué instrumentos financieros hacerlas factible es la clave. En suma, cómo se interrelacionan instituciones públicas y privadas, compartiendo riesgos y beneficios. Una larga historia de la economía de mercado. Permanezcamos atentos.

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