Crisis y confianza

Crisis y confianza

de Alfonso Novales (Real Academia de Ciencias Morales y Políticas)

[Una versión más extensa de este texto se publicó en el blog Nada es Gratis]

La pandemia provocada por el coronavirus está teniendo un enorme coste humano. Sus dramáticos efectos económicos se reflejan en la destrucción de empleo. El confinamiento ha traído una brusca caída del PIB en estos trimestres, pero no es momento de distraernos con su evolución ni con la figura que pueda adoptar en su recuperación, especialmente dada la gran incertidumbre acerca de los posibles escenarios futuros. Tampoco nos informa esta magnitud, el PIB, sobre el heterogéneo impacto que la crisis tiene sobre los ciudadanos. Por eso, es momento de buscar el mantenimiento de rentas a corto plazo, como se ha hecho, y tratar de estimular la generación de empleo según van retomando las empresas su actividad. Lamentablemente, estamos condicionados por nuestra situación presupuestaria, que nos hace excesivamente dependientes de la ayuda que pueda instrumentar la UE.

“Tenemos la oportunidad de producir grandes transformaciones; la más relevante posiblemente sería la de recuperar la confianza en nuestras instituciones,…”

Pero se puede hacer más. Toda crisis tiene enormes costes, pero siempre suscita una oportunidad, y ésta no es una excepción. No aprovechamos bien la salida de la crisis financiera de 2008. Lo más trascendente es que no hubo ningún movimiento por diseñar el modelo de país hacia el cual queríamos progresar. Lejos de ello, desde entonces la política se polarizó más y muchos ciudadanos asistimos perplejos y con creciente desilusión a los debates que se han ido sucediendo en el Parlamento y fuera del mismo. Poco más de diez años después estamos de nuevo en un punto crítico que ha vuelto a generar enconamiento y agrias descalificaciones entre nuestros representantes políticos, pero muy poca, si alguna, visión de futuro.

Aparte de sus evidentes implicaciones para la convivencia social, ¿es este clima político importante para nuestra economía? ¿es relevante para la generación de empleo? ¿es trascendente para nuestro potencial futuro de progreso? Sería crucial que, como sociedad, nos convenciésemos todos de que la respuesta a todas estas preguntas es, sin ninguna duda, afirmativa. Tenemos la oportunidad de producir grandes transformaciones; la más relevante posiblemente sería la de recuperar la confianza en nuestras instituciones, y la confianza en nosotros mismos, la confianza en quienes, junto con nosotros, configuran este país. Lo que necesitamos es un debate franco sobre todo aquello que compartimos en nuestra visión de futuro.

Una inspección informal sugiere que uno de los parámetros que está influyendo más en el éxito relativo de algunos países en la lucha contra la actual pandemia es precisamente su capital social, es decir, el grado de confianza que cada ciudadano tiene en los demás y en las instituciones. No es nada que pueda cambiarse a corto plazo, pero puede explicar, al menos en parte, el buen comportamiento de un país en aspectos como sanidad, medio ambiente, o delincuencia. Nada mejor para generar confianza que percibir que los gobiernos y sus representantes políticos se ocupan de los problemas de los ciudadanos y de mantener la seguridad jurídica y el cumplimiento de normas y contratos; en definitiva, ofrecen una buena calidad institucional.

España es una economía de mercado en la que un 95% de las empresas españolas son pequeñas, con menos de 10 empleados, pero crean un porcentaje importante del empleo. La mayoría tiene la propiedad y, con ella, el riesgo, concentrados en pocas personas. Este grupo incluye también muchas empresas innovadoras, creadas al hilo de desarrollos tecnológicos, en ocasiones como spin‐off emergentes de algunos de nuestros centros de investigación. Esta es nuestra realidad, y hemos de contar con empresas de estas características para lograr una buena parte de nuestro progreso tecnológico y de nuestra capacidad de generación de iniciativas productivas, de exportación de tecnología y servicios, y de creación de empleo cualificado. Y, sin embargo, daría la impresión de que en el debate público nos referimos todavía a las empresas como grandes estructuras, en las que el trabajador es sistemáticamente explotado. Especialmente desafortunado e inoportuno fue el anuncio de acuerdo político de reversión de la reforma laboral de 2021 sin consultar con ningún representante empresarial.

“… uno de los parámetros que está influyendo más en el éxito relativo de algunos países en la lucha contra la actual pandemia es precisamente su capital social…”

Si no queremos perder definitivamente el tren del progreso tecnológico, necesitamos cuidar mucho más la empresa como elemento innovador, generador de empleo y de rentas, dinamizador de la actividad social y cultural, y potenciar su participación en el sistema educativo y en la actividad pública en I+D+i.

¿Cómo utilizar ayudas de la UE? Llegará ayuda financiera importante de la UE, y no podemos consumirla en construir aceras ni en abrir y cerrar minas, por mucho que pueda contribuir al crecimiento del PIB. Estamos en una coyuntura trascendental y las decisiones que se tomen van a perfilar nuestro futuro. Nada más sustancial para nuestra sociedad que la búsqueda de lo que nos une, el diseño de una estrategia de futuro compartida sobre la base de firmes acuerdos y la definición de acciones y objetivos sensibles a la solidaridad transversal e intergeneracional. Podríamos debatir mucho sobre la adecuación de políticas económicas específicas en los aspectos que he mencionado; pero más allá de su justificación, su eficacia estará condicionada por el marco institucional que podamos mantener y el capital social, la confianza, que seamos capaces de generar.

Un comentario

  1. Muy de acuerdo con todo lo que dices, el desencuentro está en lo que no dices. En particular, cuál debería ser esa “estrategia de futuro compartida” ? y cuáles “los acuerdos … acciones y objetivos …” ? Casi nunca solidaridad transversal e intergeneracional son compatibles y es necesario elegir (Economics!!!) entre políticas de rentas (transversal) o de inversión en investigación e innovación (intergeneracional). El acuerdo sobre estas cuestiones es de todo menos fácil, incluso contando con que la clase política (señor señor, qué cruz, qué cruz!) habitara extramuros de insultos y discordias. Gracias.

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