¿La peor crisis en un siglo? Contra el pesimismo espontáneo, más historia económica

¿La peor crisis en un siglo? Contra el pesimismo espontáneo, más historia económica

Las analogías históricas las carga el diablo, sobre todo si acaban en un titular de prensa entre espectacular y apocalíptico. La caída del PIB de España en el primer trimestre de 2020, como efecto del impacto de la covid-19, ha sido anunciada como “la peor crisis económica en un siglo”. Es decir, que desde el crack del 29 o la guerra civil de 1936-39 no se registraba un dato tan catastrófico. Así lo han escrito los periodistas y algunos economistas de renombre y lo han podido leer y escuchar millones de ciudadanos. Algunos incluso han rastreado ese dato en las Estadísticas Históricas. Y, si lo han dado por veraz, las expectativas solo pueden empeorar.

Lo que más me molesta de ese tipo de titulares no es que sea falso (que lo es, como comprobaremos más abajo), sino que contribuye a crear un clima social todavía más adverso. Alimentan el pesimismo espontáneo. Esa sobredosis de tremendismo comete varios errores cuando echa mano de la historia para explicar el presente. El primer error radica en cómo se formula la noticia. El enunciado encierra un valor comunicativo que no es neutral. Vaticina lo peor. El segundo fallo es atribuir a un solo dato, el PIB trimestral, la condición esotérica de predecir el futuro (sobre todo si este es lúgubre).  Y el tercer error es que esa información escueta adopta sobre todo un enfoque nacional y apenas explora las referencias comparativas con otros países de la Unión Europea, salvo que sirvan para subrayar el precipicio por el que van a caer las economías europeas del arco mediterráneo.

Es verdad. La situación es muy complicada. Los valores estimados por los organismos públicos y privados para el conjunto del año 2020 (una contracción del PIB entre 6,6 y 13,6 puntos, según el Banco de España, o del 15 por 100 que calcula Funcas) se han producido muy excepcionalmente en nuestra historia contemporánea. La causa de este desplome en la producción anual de bienes y servicios es conocida. El gobierno español, como los de casi todo el planeta (el FMI lo compila aquí), decidió aplicar a la economía un coma inducido que ha desplomado el PIB en un orden de magnitud sin apenas precedentes. Esa es la gran novedad planetaria. Nunca en la historia se había procedido a una parada técnica global de la actividad productiva a casi cero. La viabilidad de nuestras economías y, por tanto, nuestro bienestar está en juego.

“Los datos van más allá del cosmos del PIB e incluyen otras variables macroeconómicas relevantes.”

Sin embargo, ¿estamos efectivamente en el peor momento de nuestro pasado? ¿Los españoles de hoy deben añadir al pánico y la perplejidad de la pandemia el escalofrío de lo que algunos han calificado de una “economía de guerra”? ¿Cómo será la salida y recuperación de la actividad y la renta? ¿Hay que plantearlo en términos de “políticas para después de una guerra”? Las previsiones del FMI apuntan a un regreso tortuoso a la normalidad. Nuestra pregunta básica es tratar de saber cómo nos fue en el pasado.  Frente a los ‘colapsólogos’ y los pesimistas de todo pelo (entre los que proliferan los macroeconomistas), los historiadores de la economía debemos proporcionar un marco analítico que ayude a la reflexión porque el big data histórico no se sintetiza en una única variable (tan demodé como el PIB) y que, al contrario, está tan cargado de matices que nos debería poner en cuarentena frente a tanto cenizo.

¿Qué dicen las series temporales elaboradas por los historiadores económicos? En la siguiente Tabla hemos recogido un conjunto de 9 variables que nos servirán para someter a prueba la hipótesis de que en 2020 nos enfrentamos a “la peor crisis económica en un siglo”. Los datos van más allá del cosmos del PIB e incluyen otras variables macroeconómicas relevantes. Ese conjunto muestra la situación en el año anterior al desencadenamiento de las crisis más significativas de los últimos 100 años: 1929, 1935, 1958, 1980, 1992 y 2007, es decir, las vísperas de la Gran Depresión, de la Guerra Civil, del rescate del Plan de Estabilización, de la estanflación de la segunda crisis del petróleo, del agotamiento de la oleada de prosperidad tras el ingreso en la Unión Europea y, finalmente, de la Gran Recesión. Debo recordar que en la actualidad alrededor del 75% de los egresados en nuestras Facultades de Economía y Empresa (públicas y privadas) nunca cursaron una asignatura de Historia Económica Española (va por ellos este ejercicio).

Tabla 1: Datos básicos de la economía española previos a las crisis económicas del último siglo y tiempo de recuperación del nivel de PIB per cápita anterior

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Fuente: Maluquer de Motes (2015), Prados de la Escosura (2019) y Carreras & Tafunell (2019)
*la recuperación fue incompleta en términos por habitante, aunque el PIB de 1935 superaba al de 1929.

La serie retrospectiva del PIB dibuja la trayectoria del desarrollo económico de España, de un país pobre y atrasado a otro insertado entre las economías más avanzadas del planeta. Los factores exógenos explican el origen de 4 de las seis crisis (1929, 1979, 1992 y 2007) y dos hunden sus raíces en factores internos (guerra fratricida en 1935, y riesgo de quiebra financiera al final de la autarquía, en 1958). En la columna C se indica el número de años que se tardó en recuperar el nivel de renta por habitante previo a la crisis. El ciclo negativo más prolongado fue 1936-1952. Nada menos que 17 años consecutivos que, además, se iniciaron cuando casi se había cerrado la brecha abierta en 1929. La política económica del franquismo fue nefasta (los años del hambre y el mercado negro de alimentos y medicinas). Hasta el siglo XXI no se registra una crisis de tan gran intensidad (aunque menos prolongada). El nivel de ingreso medio anterior a la Gran Recesión solo se recuperó en 2017. El resto de episodios fueron breves comparativamente (si bien la estanflación de los 70-80 exigiría otro enfoque). En suma, para batir el récord de 1935 y llegar a convertirse en ‘la peor crisis en un siglo’, el abismo que se abre hoy se debería cerrar hipotéticamente en 2038.

“… el ciclo de dificultades que se avecinan es innegable (ya se está manifestando), pero la economía y la sociedad españolas cuentan con un nivel de desarrollo y unas capacidades que deben ser útiles para paliar el daño y la duración de la crisis vírica.”

Disponemos, sin embargo, de otros indicadores que expresan que hoy estamos en mejor posición para enfrentarnos a la crisis que como lo hicieron los españoles de la posguerra. De entrada, ni el tamaño ni los componentes cualitativos de la economía de 2020 son los de 1930. Mirad la evolución del PIB y su dimensión por habitante (columnas A y B). Por más que se especule con la idea de una ‘economía de guerra’, nuestro capital fijo está intacto. Y qué decir del capital humano (exterminio y exilio lastraron la posguerra), muy superior en cantidad y calidad. El volumen de Gasto Social, aunque inferior al de otros países avanzados, ha alcanzado un nivel clave para actuar de colchón de la recesión (cien años atrás, la II República, en plena crisis, fue capaz de doblarlo). El grado de convergencia, aunque incompleto, nunca nos había situado tan cerca de los países europeos más ricos (columna D). Somos una economía abierta a la competencia internacional, como indican el grado de apertura (columna H) y el volumen creciente de exportaciones de bienes y servicios (columna G). Y nuestros empresarios y sus negocios tienen suficiente musculatura. Ni siquiera en las ondas largas de crisis les fue mal, según sintetiza la ratio de rentabilidad financiera (columna I) (los dos únicos momentos de beneficios negativos se produjeron en las crisis cortas).

Si añadiésemos datos de consumo privado, ingesta de calorías, nivel educativo, acceso a la vivienda y la salud, o variables antropométricas se refrendaría el absurdo de buscar analogías en el pasado lejano que solo contribuye a cultivar un estado de ánimo depresivo. En conclusión, el ciclo de dificultades que se avecinan es innegable (ya se está manifestando), pero la economía y la sociedad españolas cuentan con un nivel de desarrollo y unas capacidades que deben ser útiles para paliar el daño y la duración de la crisis vírica. Contra el pesimismo, más lecciones de historia económica.

  1. Me parece muy buena entrada, Joseba. Sin embargo, estaría en desacuerdo con dos aspectos del escrito. Uno, dar la misma carta de naturaleza a la crisis de 1992 que al resto de las demás. Dos, la taxonomía que propones no es correcta, a mi juicio. Los factores exógenos explican solo una de las crisis, la de 1979. A las otras (1929 y 2007) no les cuadra bien el calificativo de exógenas. Ambas son de demanda. Se producen después de sendas “orgías monetarias” producidas por la gestión de los gobiernos y de los bancos centrales. Así que pueden calificarse de endógenas en la medida en que responden a decisiones de los agentes del sistema. En cuanto a la actual, la mejor clasificación sería situarla como un mix. Empieza como exógena (oferta) y evoluciona a una crisis de demanda (endógena) cuando se decreta el cierre del negocio.
    Muy interesante el post. Gracias.

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  2. Cierto, muy interesante¡¡…el cuadro es esclarecedor y genera por un lado cierta satisfacción al ver los avances en productividad y el apunte de “nuestros empresarios y sus negocios tienen suficiente musculatura” que se confirma en la actual crisis con un abastecimiento y una conectividad asegurada acompañado de una limpieza y cuidado de la ciudad que nada tiene que ver con una guerra (“capital fijo intacto”). Pero por otro lado, da que pensar la evolución de la columna H (apertura) porque hasta ahora su crecimiento era signo de desarrollo, pero ahora también de vulnerabilidad, ,¿se saldrá como en las otras crisis con más apertura o se reducirá?, o si simplemente nos hará ser más cautos y asegurar la elaboración de algunos productos internamente. La verdad es que la referencia al empresariado es clave también para la salida, estos meses hemos visto muchas acciones generosas de grandes y pequeñas empresas (muy alejadas del estereotipo de los”ricos” que dice el vicepresidente) y las aperturas de comercios y hosteleros que se lanzan en condiciones de rentabilidad dudosas. Espero que los “factores internos” de las anteriores crisis a los que alude Joseba y matiza Jorge se tengan en cuenta (lucha fratricida, orgías,..). Al menos los que estudiamos macro en Sarriko con Emiliano Fernandez Pinedo los tendríamos (por aquello del 75%de los egresados :)..). Gracias Joseba por la lúcida síntesis.

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  3. Interesante entrada. Es obvio que no tienen sentido comparar la crisis que puede derivar del COVID con la guerra civil. Por sus consecuencias economicas, de destrucción de capital fisico y humano y también por sus consecuencias políticas, la guerra civil es el acontecimiento más grave de la economía española en el último siglo. No creo que nadie discuta eso. Si eliminamos esa crisis y nos centramos en el resto, los indicadores que usualmente utilizan los economistas para medir la gravedad de las crisis (la perdida de output, es decir, cuanto se crece en relación a cuanto se habria crecido potencialmente si no se hubiera producido dicha crisis) muestran que la crisis de 2008 es la crisis más grave de la economía española en los últimos 150 años. La cuestión que muchos se plantean, por tanto, es si España se va a enfrentar a una crisis tan grave como la del 2008 (sobre la que tenemos una memoria muy reciente) o si su impacto va a ser menor. Y aqui hay que contemplar diferentes escenarios. Parece díficil una recuperación en forma de V. Otros hablan de una W, o de una recuperación que tendrá más bien la forma del simbolo de Nike, y los más pesimistas dicen que puede tener una forma de L durante bastante tiempo. Y eso depende de muchos factores, entre ellos de si somos capaces de hacer frente al virus con un tratamiento o vacuna en un tiempo razonable. La crisis de 2008 tuvo un gran impacto en España, entre otros motivos por que estabamos muy expuestos el sector de la construcción. Pero ahora también somos especialmente vulnerables; el sector servicios es uno de los mas damnificados y en España este sector, y en particular el turismo, tiene un peso elevado. Por tanto, no es cuestión de ser catastrofistas sino de evaluar los posibles daños para poder implementar las medidas adecuadas. Si tenemos en cuenta lo fácil que aumenta el desempleo en España y lo mucho que nos cuesta crear empleo, creo que evaluar las consecuencias (que son económicas pero también sociales) es imprescindible. Además, el impacto de una crisis no es independiente de las medidas que se implementan para hacer frente a la misma. Sin duda, la severidad de la crisis actual dependerá de si somos capaces de ayudar a las empresas para que no quiebren y a los trabajadores que se han quedado sin empleo. Pero para que las medidas funcionen, primero hay que evaluar los posibles daños (sin catastrofismos, pero barajando los diferentes escenarios, incluyendo los más pesimistas) y luego hay que tratar de ser eficiente en la implementación de dichas medidas. La economía puede recuperarse más rapidamente que en otras crisis, pero hay que contemplar diferentes escenarios y estar preparados para los mismos.

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  4. A veces sectropieza uno con artículos como el que se desarrolla en esta entrada que dejan el alarmismo interesado para, sin dejar de reconocer la gravedas de la situación actual, explicarnos los puntos de apoyo que tenemos para empujar con fuerza.
    Sin coincidir con las clasificaciones que hace el autor de las crisis económicas citadas y algún aspecto a mencionar, el artículo y los comentarios merecen las gracias de quien esto escribe.

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  5. Pingback: FOCUS PRESS 189 – Taller de Política

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