¿Nos cambiará el COVID-19 nuestra forma de consumir alimentos?

¿Nos cambiará el COVID-19 nuestra forma de consumir alimentos?

de Mercedes Sánchez

Posiblemente el actual estado de alarma y la paulatina desescalada que se avecina genere a la población en ocasiones cierto nivel de incertidumbre. Esta extraña sensación no es ajena en nuestro comportamiento ante el actual y futuro consumo de alimentos. Organizaciones Internacionales como FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) u OMC (Organización Mundial del Comercio) reivindican el carácter estratégico del sector agroalimentario y pronostican el impacto de la pandemia originada por COVID-19, tanto en la oferta como en la demanda o consumo de alimentos. Así, para la oferta, tanto a nivel sectorial como en los medios de comunicación, se está continuamente destacando la importancia del buen funcionamiento de las cadenas agroalimentarias, esas redes que conectan la producción agrícola y ganadera con cada uno de nosotros como consumidores de alimentos, incluyendo todos los niveles de procesado o industria agroalimentaria y de distribución. Y, por el lado de los consumidores, está creciendo la información que analiza el impacto, tanto de nuestra reacción inicial ante el confinamiento, como de las perspectivas que se presentan en estas fases que se avecinan de desescalada hasta llegar a la normalidad.

Si nos centramos en los consumidores, los mayores focos de atención se están poniendo en una mezcla de preguntas que combinan aspectos psicológicos de los mismos (como expectativa de duración o emociones sentidas durante este tiempo), con factores económicos (como el impacto en los ingresos, en los tipos de productos adquiridos, en la forma de comprarlos o en la consolidación en el futuro de estos nuevos comportamientos). Esta compleja combinación de aspectos psicológicos y económicos está dificultando la apuesta por conocer las previsiones que nos trae el futuro.

Aun así, los estudios internacionales, tanto de origen europeo, americano, asiático etc., auguran la consolidación en parte de los nuevos canales de compra online, o la búsqueda de nuevas experiencias de consumo (virtual, etc.). Si nos acercamos a Europa, para España las consultoras Deloitte o McKinsey and Company (entre otras) proponen diferentes escenarios para la recuperación del consumo, insistiendo en el impacto que tendrá tanto la renta disponible como el tiempo de duración de la pandemia. Para Alemania expertos de la Freie University de Berlín observan, a través de una encuesta nacional, que además del riesgo percibido, las personas de mayor edad, las mujeres, e incluso la generación a la que pertenecemos (Baby Boom, Generación X, Millenials, Generación Z, etc.) condicionan la elección de tipos de productos, de presentaciones, o el interés por lo sostenible.  El estudio germano no olvida además la importancia que puede tener en nuestras decisiones la confianza en autoridades, políticos y sector empresarial. Dicha confianza es el principal pilar que emplea el Center for Economic Policy Research de Londres o el International Food of Information Council, como herramienta que consiga mitigar los efectos económicos y sociales que conlleva la situación actual.

Otro elemento de debate internacional del cambio se está centrando en la discusión de si los productos locales, de temporada, con origen en cadenas cortas de comercialización pueden recibir un impacto positivo en estos momentos. Diferentes expertos en España, Francia, Reino Unido (entre otros) insisten en que estas alternativas de abastecimiento alimentario pueden en ocasiones mejorar el equilibrio de márgenes en el sector, aunque será necesario introducir mejoras de organización en algunas zonas.

Por lo tanto, y volviendo al inicio de la argumentación, hay previsiones de cambios en el comportamiento del consumo alimentario. La clave está en este momento en cuánto tiempo tendrán los consumidores sensación de riesgo o, dicho de otra forma, cuánto se necesita para devolver la confianza a los niveles anteriores al estado de alarma. Interesante en este sentido es el estudio realizado en Italia monitorizando durante cuarenta y cinco días, a través de diferentes redes sociales (Twitter, Facebook, Instagram, entre otras), ocho millones de datos para observar el impacto de la información en el consumo alimentario. Un experimento a menor escala realizado en nuestro equipo de investigación sigue detectando diariamente la combinación en los mensajes entre alimentación y COVID-19.

Por último, no olvidemos la preocupación mundial por garantizar el acceso a la alimentación, ya que tanto FAO, OMC, OMS, etc., avanzan el riesgo de una potencial crisis alimentaria mundial, que pueda afectar más en aquellas zonas, o sectores de la población habitualmente más castigadas en el abastecimiento de alimentos. Un especial recuerdo también para todas aquellas personas afectadas en la salud por la pandemia, y un agradecimiento para todos los que están resolviendo los problemas de salud y para los que están permitiendo el mantenimiento general de la sociedad.

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