¿Por qué se hace tan mal?

¿Por qué se hace tan mal?

En mi próxima entrada había pensado escribir sobre la relación que existe entre el PIB de un país y el bienestar de sus habitantes. O sea, otra vuelta de tuerca a la cuestión: si eres rico por qué no eres feliz.

Con la pandemia me sentí obligado a escribir sobre la crisis y sobre las medidas que se han adoptado a nivel europeo y nacional. Respecto a la primera cuestión, el Banco de España ha publicado un informe con predicciones sobre las variables fundamentales en tres escenarios posibles. En el caso más pesimista, los resultados se resumen para 2020 en una caída del PIB del 12’4% y una tasa de desempleo por encima del 21%; en cuanto a las finanzas públicas, la predicción es un déficit público del 11% y una deuda pública que se dispara hasta niveles de 122% del PIB.

“… mucho más allá de los errores de facto, hay un error de actitud…”

En cuanto a la política económica, la UE ha decidido liberar una cantidad ingente de recursos de 1,6 billones de euros para ayudar a los estados miembros tanto en la financiación de los sistemas sanitarios cuanto en la tarea de la reconstrucción. En este ultimo apartado han surgido fricciones entre el norte y el sur. Los países nórdicos encabezados por Alemania y Holanda quieren que las ayudas sean préstamos condicionales, aunque las condiciones sean más amables que las que propusieron en la crisis de demandad de 2008. España pretende que la liberación de fondos se haga mediante transferencias. En algunos ámbitos han surgido voces nacionalistas protestando por esta aparente racanería de los países nórdicos, pero otras voces subrayan que esos mismos países habían procedido a la reducción de su deuda pública hasta los niveles acordados en el pacto de estabilidad fiscal (entre el 60% y el 70% del PIB) en los últimos años de bonanza, mientras que en España, pese a las reiteradas llamadas de las autoridades europeas, la deuda pública se ha mantenido alrededor del 100% del PIB.

Pero lo que quiero destacar hoy es que la gestión de la crisis ha estado plagada de errores. El ministro Grande Marlaska afirmaba en el Senado que las cosas hubieran podido hacerse no mejor, sino mucho mejor. Y mucho más allá de los errores de facto, hay un error de actitud que, por poco destacado socialmente, me parece especialmente grave.

A los ciudadanos se nos ha tratado en forma autoritaria, como a niños, haciendo hincapié sobremanera en un programa de sanciones desaforado y sin la debida consideración de diferentes circunstancias que requerirían mucha mayor flexibilidad. ¿O es que da igual la restricción de las libertades de movimiento para alguien que vive en un pueblo de montaña que para quien vive en Malasaña? Y qué decir de la comunicación, cuya forma es tan importante en el respeto debido a las libertades civiles.

En cada rueda de prensa aparecen tres generales cubiertos de medallas como si fueran sátrapas de cualquier infortunada nación subsahariana. ¿Cuál es el mensaje que transmiten de forma nada subliminal? Tenemos el monopolio de la violencia. No necesitamos persuadir, sino solo amenazar.

“… tengo que creer, que podemos ser igual de disciplinados que los demás europeos […] si la retórica persuasiva, que no represiva, se hubiera hecho dueña del discurso gubernamental.”

¿Y qué decir de sus pronunciamientos verbales siempre ominosos (no se tolerará, se castigará), de sus insultos a los ciudadanos que a veces de forma muy liviana se saltan el confinamiento (criminales, les llamaron)?

Todo esto es inaceptable. En las comunicaciones a la ciudadanía en el resto de los países europeos (véase el ultimo comunicado del gobierno suizo) el tono de los mensajes es absolutamente respetuoso, la implementación del confinamiento se lleva a cabo mayormente a través de la persuasión y en general no se apela a las sanciones que son en su forma y cuantía mucho más sensatas.

He oído el argumento de que no sabemos, en este país, hacer uso de la libertad y por tanto nos merecemos estas formas dictatoriales. Para los que tenemos cierta edad, nada nuevo. El mismo argumento, exactamente el mismo, se usó en su momento para justificar la dictadura franquista. Simplemente no es verdad, o, por lo menos, requiere una demostración. Creo, tengo que creer, que podemos ser igual de disciplinados que los demás europeos (como nuestros vecinos portugueses, sin ir más lejos) si la retórica persuasiva, que no represiva, se hubiera hecho dueña del discurso gubernamental. Dice el Tao te Ching: Confía en la gente. Si no confías en la gente la conviertes en malvada.

En una entrevista reciente, Yuval Noah Harari afirmaba que esta no es (solo) una crisis sanitaria y económica sino (mayormente) una crisis política. Afirma que en las crisis los gobiernos se conceden poderes autoritarios que son aceptados porque  los ciudadanos acaban sucumbiendo a la creencia (errónea) que deben elegir entre seguridad y libertad. Pero una vez que se incrementan los poderes del estado, la vuelta atrás no es tan fácil.

Puede que esta visión sea exagerada y que esté viendo fantasmas donde no hay más que sombras. Puede que lo que se está haciendo tan mal sea sobre todo una cuestión de formas y que, pasada la pesadilla, se nos devuelvan íntegramente nuestros derechos civiles. Puede ser. Inch Allah!

  1. Gracias Jorge,,es un placer oir voces libres y no sentirte como un bicho raro aislado entre tanta propaganda. Tal y como describes lo peor es el tono de púlpito que utilizan…parece que hemos retrocedido en nuestra consideración de ciudadanos a esos años de discursos acartonados que oíamos cuando estábamos en Sarriko..y encima gente valiente como Marlaska se hunde en la vanidad,…confío en que Escrivá no se desparrame de la renta vital complementaria hacia la renta vitalicia cautivadora de votos apesebrados…
    De todas formas, espero con ansiedad que la “nueva normalidad” mejore en lo político, y estos tics autoritarios, ahora desvelados, se queden en pura historia. Así podrás ilustrarnos sobre esa vuelta de tuerca a la felicidad y la riqueza,…creo que nos esperan tiempos en los que será fructífero releer la “Regla de la vida útil a los pobres y pueblo menos instruido, y muy saludable a los ricos y personas doctas” de Simón Salamó Melchor Gelabert Versículo nº 20 Valladolid 1890 CUIDA DE NO DESEAR, SI NO QUIERES PADECER, AQUEL QUE MENOS DESEA EL MÁS FELIZ VIENE A SER.
    Un abrazo Jorge veo que sigues en plena forma¡¡

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  2. Gracias por tu comentario Rafa. Lo que resulta más llamativo aun que esa aceptación acrítica y adocenada de la privación de los derechos civiles básicos de 40 millones de personas, es la falta de respeto con la que se hace. Puede que en este país, el sentimiento social de la libertad nunca haya sido muy valorado. Vivan las cadenas!, decían los esbirros de Fernando VII el mezquino (el sobrenombre es mío y es bastante compasivo). Una lástima.

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