¡Multimillonarios del mundo, uníos!  (y pagad más impuestos)

¡Multimillonarios del mundo, uníos!  (y pagad más impuestos)

“Un fantasma recorre la academia de los economistas en Europa y Norteamérica: el fantasma de la Justicia Fiscal. Todas las fuerzas de la vieja economía liberal se han unido en Santa Cruzada contra esa amenaza de un riesgo inminente”. Sí, es cierto, avispado lector, comienzo esta entrada al blog parafraseando el panfleto más famoso de la historia de la humanidad, el Manifiesto Comunista de Marx y Engels. No es para menos tal y como están reaccionado nuestros neoclásicos a la provocación de algunos jóvenes economistas, entre los que abundan los radicales franceses. Pretenden que los ricos de verdad vuelvan a pagar impuestos con algo más de proporcionalidad a sus fortunas.

“…las grandes fortunas estadounidenses soportan una presión tributaria inferior a la de las clases medias.”

Bajo el título de “El triunfo de la Injusticia”, lo que tratan de demostrar con cifras Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, profesores en California y discípulos del proscrito Thomas Piketty (el que propone dar 120.000€ a todo el mundo a los 25 años, financiados con impuestos [aquí]) es la historia económica de cómo en el último medio siglo los millonarios norteamericanos se las han apañado para esquivar sus obligaciones fiscales. Las rebajas tributarias han llevado al extremo de que hoy, en 2020, las grandes fortunas estadounidenses soportan una presión tributaria inferior a la de las clases medias. El Gráfico 1 lo muestra con rotundidad.

Gráfico 1: La progresividad menguante del sistema fiscal de EE. UU.

Picture 1

Fuente: Saez & Zucman (2019)

 

En consecuencia, Saez y Zucman, que se autodefinen como liberales, proponen recuperar un impuesto sobre la riqueza que haga que estos maximizadores perversos del bienestar vuelvan a pagar suficientes impuestos y así corregir las desigualdades económicas y restaurar algo del bien común tan achicado en territorio Trump, la réplica de Ronald Reagan y la vitriólica curva de Laffer. La respuesta a un libro académico publicado en otoño pasado no se ha dejado esperar. Primero descalificando el método y las estimaciones estadísticas. Sobre todo, porque la ortodoxia dice que esas propuestas tumbarían el crecimiento económico. Y después con críticas gruesas al argumento central, tachando a los autores de ‘socialistas’, es decir, en la jerga norteamericana, de pertenecer a la liga de los comunistas [aquí]. No pongan sus manos confiscatorias sobre la riqueza privada.

Lo que han conseguido los detractores, sin pretenderlo, es que la cuestión de la justicia fiscal entré de lleno en el debate político. Los candidatos demócratas Bernie Sanders y Elizabeth Warren cuentan en sus equipos con la asesoría de esos dos economistas y ya han anunciado que entre sus primeras medidas estará esa nueva ley fiscal que recupere la progresividad que caracterizó al sistema norteamericano de los republicanos Eisenhower y Nixon a los demócratas Kennedy, Johnson y Carter.

En el fondo esta discusión sobre cómo los impuestos pueden corregir la desigualdad económica o distorsionar el libre mercado es muy vieja. Hunde sus raíces en los fundamentos teóricos de la Economía Política clásica. En la Inglaterra de 1817, David Ricardo, Thomas Malthus y James Mill se posicionaron ante el dilema de qué hacer con la pobreza (o lo que en términos de hoy llamaríamos la brecha de la desigualdad), agudizada por el progreso de la industrialización que estaba generando malestar social, revueltas obreras y destrucción de máquinas en las fábricas, y también en la agricultura. La idea de que las ayudas a los pobres son inútiles porque reducen el incentivo al trabajo fueron formuladas entonces.

En las mismas fechas en que estaba acabando de redactar su obra de referencia, Ricardo, un terrateniente, multimillonario agiotista y teórico sagaz que deseaba perfeccionar la ciencia económica, escribía en una carta privada a su amigo Mill: “me desagrada la propensión a inflamar las mentes de las clases bajas, persuadiéndolas de que la legislación podrá aliviarles algo”. Y lo aclaraba en otra misiva a Malthus: “No soy de los que creen que incrementar los fondos con miras a ocupar al pobre, constituye un modo idóneo de prestarle ayuda, puesto que ello distrae fondos que se emplearían para fines tan productivos, o más, para la comunidad”.

“En suma, corregir la injusticia fiscal encierra un doble significado, reducir la desigualdad social y crear riqueza y oportunidades. “

Volvamos a 2020. Esto no va solo de rescatar del desastre de la desigualdad a varios millones de estadounidenses pobres (de origen europeo, preferentemente, pero también africano y latino), con los que se ha cebado especialmente la globalización de los últimos 40 años. Aquellos con menos educación e ingresos, víctimas de la desindustrialización, los opiáceos y los suicidios, muchos de ellos votantes del “Make America Great Again”, y que han llamado la atención de economistas como los premios nobel Angus Deaton o Esther Duflo (de la Escuela de Economía de París, directora del Poverty Action Lab en el MIT y, oh, cielos, francesa).

Esto va de recordar a quienes piensan que su óptimo es minimizar el pago de impuestos, que sin tributación no hay progreso del capitalismo. Mariana Mazzucato lo lleva explicando desde 2011 a gobernantes, inversores, empresarios y estudiantes de economía [aquí]. La creación de riqueza no es función exclusiva del libre mercado. Y la historia económica y empresarial lo tiene bien acreditado [aquí]. En cada uno de los grandes negocios que ha generado la innovación tecnológica de, al menos el último medio siglo, ha estado siempre el Estado. Desde la web al teléfono móvil y los ordenadores. Es decir, las instituciones han asignado recursos públicos que resultaron productivos para la comunidad (de empresarios y consumidores) en el sentido de Ricardo. Esa inversión inicial de capital se financió con impuestos. El Estado crea y redistribuye valor. En suma, corregir la injusticia fiscal encierra un doble significado, reducir la desigualdad social y crear riqueza y oportunidades.

Postdata: En 1848 los jóvenes barbudos Marx y Engels proponían para los países más avanzados “fuertes impuestos progresivos” y “supresión del derecho de herencia”. Algunos billonarios norteamericanos del siglo XXI desean pagar más impuestos que sus trabajadores y han desheredado a sus vástagos. ¡Multimillonarios del mundo, uníos (y pagad más impuestos)!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: