La pobreza de las naciones (II)

La pobreza de las naciones (II)

La mayoría de los quienes escriben sobre la economía de la pobreza son profesores de universidad y académicos: formulan teorías y observan datos. Pero algunos de ellos han dedicado también años a trabajar sobre el terreno con personal de las ONGs, con funcionarios de los gobiernos, con trabajadores de la salud y con pequeños prestamistas. En la mayoría de los casos, el peso de esta evidencia cercana obligó a revisar las teorías, a entender por qué fallaban y a intentar adaptarlas para describir el mundo de los pobres de la tierra y para contribuir a su mejora.

Una primera cuestión tiene que ver con la percepción de la pobreza. En un experimento llevado a cabo en la Universidad de Pensilvania se daba a los estudiantes un folleto y 5$, parte de los cuales podían donar a Save the Children, una de las ONGs más importantes del mundo. Había dos tipos de folletos. En uno se decía que la escasez de alimentos en Malaui afectaba a más de 3 millones de niños; que 4 millones de angoleños se habían visto obligados a abandonar su hogar y que en Etiopía más de 11 millones de personas necesitan ayuda alimenticia urgente. En otro, se mostraba la foto de Rokia, una niña de 7 años de Mali, extremadamente pobre y amenazada de inanición, cuya vida podría cambiar gracias a donativos de personas como los estudiantes del experimento. El primer folleto consiguió una donación media de 1,16$ por estudiante, y el segundo 2,83. Parece que los estudiantes aceptaron cierta responsabilidad para ayudar a Rokia, pero mucha menos al enfrentarse a la entidad del problema global. La reacción de los estudiantes es representativa de la mayoría de la población en los países desarrollados. Una niña de 7 años en peligro mueve nuestra solidaridad mucho más que un enorme problema en el que nos sentimos aportando una gota de agua a una piscina que además pierde agua. Esto nos lleva a la primera conclusión: la pobreza debe pensarse no como un problema abrumador por su inmensidad sino como un conjunto de problemas específicos que deben ser identificados, comprendidos y resueltos de uno en uno.

La segunda cuestión clave afecta a qué hacer, si es que se puede hacer algo. Aquí hay dos posiciones enfrentadas. La primera, llamémosla optimista, dice que los países pobres se ven inmersos en la trampa de la pobreza: son pobres porque necesitan de una gran inversión inicial que les ayude a incrementar drásticamente su productividad, pero no pueden financiar esa gran inversión precisamente porque son pobres. Así que se necesita ayuda externa para esa gran inversión inicial. Los ingresos que se generen con esa inversión serán más elevados y permitirán nuevas inversiones en un círculo virtuoso contrario a la trampa de la pobreza. En su libro El fin de la pobreza, Jeffrey Sachs, profesor de Columbia, sugiere que si los países ricos aportaran 195.000 millones de dólares al año en cooperación, la pobreza podría desaparecer en 20 años. La segunda posición, que podríamos llamar pesimista, dice que los argumentos de Sachs son erróneos. William Easterly, de la universidad de Nueva York escribió un libro en 2006 cuyo subtítulo lo dice todo: Por qué los esfuerzos occidentales para ayudar al resto del mundo han hecho tanto daño y tan poco bien. Y Dambisa Moyo, una destacada economista africana del Banco Mundial, escribió Cuando la ayuda es el problema, título también muy explícito. Ambos sugieren que la ayuda exterior hace más mal que bien: disuade a la gente de buscar soluciones propias, corrompe y socava las instituciones locales y crea un lobby formado por las ONGs que tiende a perpetuarse. Para esta corriente, lo mejor es mantener la idea de que cuando los mercados son libres y los incentivos adecuados, la gente puede encontrar solución a sus problemas sin necesidad de limosnas del extranjero ni de sus propios gobiernos. Así que los optimistas de la ayuda son pesimistas respecto a las soluciones de mercado y viceversa. ¿Quién tiene razón? La evidencia empírica no puede sacarnos del atolladero.  Ejemplo de los optimistas: Ruanda recibió gran cantidad de ayuda, prosperó y actualmente, con una economía relativamente floreciente, ha empezado a reducir la dependencia de la ayuda. Pero, en sentido contrario, si se analizan datos de 200 países se muestra que aquellos que recibieron ayuda no crecieron más que el resto, lo cual podría indicar que la ayuda no funciona, como sostienen la corriente pesimista.

“… la pobreza debe pensarse no como un problema abrumador por su inmensidad sino como un conjunto de problemas específicos que deben ser identificados, comprendidos y resueltos de uno en uno.”

Hay una tercera vía. Banerjee y Duflo, los recientes premiados con el Nobel, sugieren que no son tan importantes estas grandes cuestiones, sino encontrar vías de ayuda para resolver pequeños problemas específicos. Pensar en términos de problemas concretos a los que se puede dar soluciones efectivas. Por ejemplo, en 2008 se produjeron en África casi un millón de muertes por malaria, la mayoría niños. Sabemos que dormir bajo mosquiteros impregnados de insecticida puede reducir a la mitad la incidencia de la malaria y salvar muchas de esas vidas. El coste de proporcionar a una familia un mosquitero y enseñar su uso es de aproximadamente 10$, pero esa cantidad es demasiada para muchas familias de Mali o de Kenia, así que distribuirlos gratuitamente -como defiende Sachs- o subvencionarlos podría ser muy buena solución. Pero, en sentido contrario, Moyo relata cómo la distribución gratuita de mosquiteros llevó a la ruina y al cierre de los vendedores locales, de modo que cuando terminó el programa de ayuda, nadie vendía mosquiteros a ningún precio. Para responder a estas cuestiones concretas, Banerjee y Duflo sugieren realizar experimentos similares a los que se utilizan en medicina para evaluar la efectividad de medicamentos. Para el caso que nos ocupa, el experimento parece mostrar que la distribución gratuita de mosquiteros al principio y la subvención después, permiten disminuir la incidencia de la malaria, pero la disminución resulta pequeña respecto a su erradicación. En 2003 Banerjee y Duflo, fundaron el Laboratorio de Acción de la Pobreza y desde entonces una ingente cantidad de investigadores se han animado a trabajar en esta nueva forma de hacer economía.

En 2010 el laboratorio trabajaba en 240 experimentos en 40 países del mundo y numerosas organizaciones, gobiernos y gestores del desarrollo han adoptado la idea de los experimentos. Si alguna conclusión ha de ser extraída en este punto es que es posible construir un avance muy significativo en la lucha contra el mayor problema del mundo mediante la acumulación de pequeños pasos, cada uno bien pensado, cuidadosamente probado y realizado con criterio. Ni gastar mucho dinero funciona siempre ni la alternativa válida es no hacer nada. Estoy con Banerjee y Duflo en que la mejor opción para acabar con la pobreza algún día, se encontrará en un cuerpo de evidencia experimental que va creciendo con cada respuesta específica y en el conjunto de conocimiento acumulado que acompaña a estas respuestas.

  1. Jorge, me ha encantado el artículo. Sencillo , claro, muy bien ordenados los argumentos. Nos ayuda a pensar como economistas sobre una cuestión de enorme relevancia.

    Me gusta

  2. Gracias. Y tienes razón sobre la relevancia del asunto. Si me apuras la pobreza no es un problema sino EL problema del mundo. Pero mucha gente parece más preocupada por la desigualdad que a veces es un problema, pero no siempre. Prueba: si todo el mundo pudiera vivir una vida realmente digna, sería tan preocupante la desigualdad?

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: