La Agencia Estatal de Administración Tributaria

La Agencia Estatal de Administración Tributaria

 

La Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT) en España, está configurada como un ente de derecho público dependiente de la Secretaría de Estado de Hacienda, la cual está integrada orgánicamente en el Ministerio de HaciendaEntre sus funciones, están:

  1. La gestión, inspección y recaudación de los impuestos cuya gestión corresponde al Estado, principalmente, Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, Impuesto sobre Sociedades, Impuesto sobre la Renta de no Residentes, Impuesto sobre el Valor Añadido e Impuestos Especiales.
  2. La recaudación de ingresos propios de la Unión Europea.
  3. La gestión aduanera y la represión del contrabando, así como la seguridad en la cadena logística.

Gascón (2014), actual director de la AEAT, señala algunas cuestiones críticas relacionadas con la eficiencia en la recaudación de las Administraciones Tributarias, especialmente en el caso de la AEAT española y analiza algunas medidas para lograr una mayor unión entre las actuaciones de las Administraciones nacionales e internacionales, reforzando actuaciones preventivas y mejorando la seguridad jurídica. Destaca que necesitamos un sistema tributario más sencillo, estable y claro. Unos impuestos más simples, neutrales, eficientes y transparentes que ayuden a reducir la litigiosidad y a disminuir los costes administrativos y de cumplimiento.

¿Cuántos contribuyentes se investigan al año? En la Tabla 1 se muestran algunos datos.

Tabla 1. Control del fraude tributario y aduanero: principales magnitudes.

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Fuente: Memoria anual 2018 AEAT.

 

La AEAT española inspeccionó 23.640 contribuyentes, personas físicas y jurídicas, en 2018. En la Tabla 2 se muestran los delitos hallados.

Tabla 2. Delitos fiscales denunciados por las áreas de Inspección Financiera y Tributaria y de Aduanas e II.EE.

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Fuente: Memoria anual 2018 AEAT.

 

Los medios informativos nos acercan a muchos casos de delitos fiscales de personajes famosos: deportistas, cantantes, aristócratas, etc.

R.A. Musgrave, economista conocido por sus contribuciones a la teoría de la Hacienda Pública señaló en 1991 que “un sistema tributario vale lo que valga la administración tributaria encargada de aplicarlo”.

Según el artículo de Alm y Duncan (2014), comparar Administraciones Tributarias de distintos países es difícil y se ha logrado gracias a una base de datos creada por la OCDE. En su artículo elabora una serie de datos que va desde 2007 a 2011 y realiza un análisis de la eficiencia (análisis envolvente de datos, DEA) para determinar el grado de eficiencia en la recaudación tributaria. El análisis utiliza como input el coste salarial de los empleados en las Administraciones tributarias y como output la recaudación tributaria obtenida. Entre los resultados que obtienen cabe destacar que 13 de los 28 países analizados son bastante eficientes (es decir, los valores obtenidos para la medición de la eficiencia están próximos a 1, nivel alcanzado por los países eficientes). Los países más eficientes en la recaudación de los Impuestos sobre la Renta, Impuesto sobre sociedades e IVA son:  Dinamarca, Australia, Bélgica, Chile, Hungría Luxemburgo, Noruega, Reino Unido, Islandia, Polonia, Eslovenia, Italia y Portugal.

¿Los contribuyentes tenemos confianza en nuestra Administración tributaria?

Lo que es un hecho es que vivimos en un Estado del Bienestar que necesita de la contribución ciudadana para su sostenimiento. Esta afirmación es indiscutible considerando que los tributos existen desde la civilización griega.

Grecia estaba organizada como múltiples Estados y la dispersión de su territorio hizo necesaria la aparición de una Hacienda Pública elemental. Uno de los primeros impuestos del que tenemos conocimiento fue la “Eisfora” que era una cantidad que se pedía los ciudadanos para financiar contiendas. Además de los griegos, también los fenicios descubrieron que las adunas eran una fuente de financiación.

Posteriormente, en la Grecia clásica fue Pericles, protector de las ciencias y las artes, el que decidió emplear el Tesoro en la construcción de edificios y surgió, entre otros, el Partenón. También se dictaron disposiciones para remediar la pobreza de parte de la población, y por tanto los impuestos comenzaron a redistribuir riqueza. Así, a las clases sociales más bajas, se les hacía partícipes de espectáculos y se les repartía el presupuesto sobrante del Estado. Se consideraba que los ciudadanos no podían pasar hambre o miseria, y por ello pagaban a médicos y profesores.

Más tarde, la civilización romana, como conquistadora y gobernadora de pueblos, establecería una nueva dimensión de la Hacienda Pública.

Con el Gobierno republicano los ciudadanos se clasificaban como contribuyentes y se distribuían las cargas por capitación. Roma estableció el impuesto territorial sobre bienes inmuebles (origen de la actual Contribución territorial urbana) y los diezmos (décimas partes de los frutos de la tierra que se enviaban a la capital del Imperio). Además, se cobraban portazgos por entrar en las ciudades y pontazgos por pasar puentes. Asimismo, se exigieron gravámenes sobre las herencias entre parientes lejanos, tasas sobre el precio de venta de esclavos y por darles libertad y un Impuesto sobre las ropas elegantes, similar al Impuesto sobre el lujo existente en España y que fue derogado en 1986.

Curiosamente se arrendaba la recaudación de los impuestos, pero los recaudadores hacían negocio de ello, lo cual parece que dejó claro que solo el Estado podía realizar esta labor.

¿Las Administraciones tributarias realizan bien su misión?

La regulación a nivel mundial de los sistemas fiscales velando que se cumplan los principios impositivos de eficiencia y equidad, es una acción clave de los Gobiernos. Si lo logramos, tendremos un Estado del Bienestar sano y sostenible. Los cambios parecen siempre difíciles de realizar, pero hay que empezar por la responsabilidad individual para alcanzar el bienestar colectivo.

  1. Idoya, la medida de eficiencia propuesta “como input el coste salarial de los empleados en las Administraciones tributarias y como output la recaudación tributaria obtenida”, me parece que puede hacer aparecer como eficientes a Estados que hacen poco esfuerzo recaudatorio y por tanto recaudan poco también. Es decir, países con altas tasas de fraude aparecerían como eficientes con esta medida ¿o no?
    ¿No se ha tratado de medir la eficiencia tratando de medir la diferencia entre el potencial recaudatorio y cuánto se está recaudando de verdad?

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  2. Hola Mar! Estas dos variables son las que habitualmente se utilizan en la literatura. Pero agradezco tu sugerencia y habrá que ver qué datos hay disponibles para medir el “potencial recaudatorio” que es la variable que sugieres.
    Saludos

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