La ciencia y el vulgo

La ciencia y el vulgo

Eduard Punset nació el año que comenzaba la Guerra Civil. Y se hizo adulto en una España en la que uno tenía que huir al exilio por repartir los panfletos equivocados. Una España, en la que, tras la larga noche de la dictadura, fue Secretario General Técnico del ministerio de Industria y Energía en plenos pactos de la Moncloa y la discusión sobre qué hacer con el programa de centrales nucleares. Más tarde, fue designado ministro de relaciones con las Comunidades Europeas quizás “porque era el único que hablaba inglés”, según confesión propia. Tal vez también porque era un reconocido economista. Máster en Ciencias Económicas por la Universidad de Londres, diplomado en Finanzas por l’École Pratique de Hautes Études de París, fue redactor económico de la BBC y dirigió la edición para América Latina del semanario The Economist. También trabajó para el Fondo Monetario Internacional en Estados Unidos y Haití (1969-73). Volvió a España para incorporarse al Servicio de Estudios Económicos y Financieros del Banco Hispanoamericano, entrando a formar parte del grupo de empresarios que dieron el salto a la política en la Transición democrática. También fue consejero de Economía en el primer Gobierno de la Generalitat presidido por Josep Tarradellas. En 1981 fue nombrado presidente de la Empresa Nacional Hidroeléctrica del Ribagorzana (ENHER). En su última etapa en política, fue eurodiputado y presidente de la delegación del Parlamento Europeo para Polonia, tutelando parte del proceso de transformación económica de los países de Europa del Este después de la caída del Muro de Berlín.

“…muchos académicos no reconocen la divulgación como parte de sus obligaciones contractuales. Ni le ven utilidad alguna.”

Ya sólo con eso hubiera merecido el reconocimiento social que este país otorga solo al final de la vida. Pero en realidad su labor más reconocida y recordada estos días después de su fallecimiento la semana pasada es la de divulgador científico que llevó a cabo con pasión y humor durante más de dos décadas. Punset reconocía que fue su paso por ENHER lo que le llevó por los derroteros de la tecnología, la ciencia y de preguntar cosas.  La divulgación es la disciplina que se encarga de llevar el conocimiento científico y técnico a un público no especializado, interpretando y haciendo accesible el vocabulario, las implicaciones y complicaciones de la ciencia.

A la mayoría de los académicos nos cuesta mucho hacer divulgación, salir a la intemperie fuera de nuestra torre de marfil. Nos sentimos incómodos rebajando el tono formal de nuestras afirmaciones y haciendo simplificaciones que hagan comprensible lo que hacemos más allá de nuestros colegas o nuestros alumnos. La precisión y consistencia del método científico, de las definiciones, de las formalizaciones matemáticas o lógicas, de los axiomas, lemas, teoremas y corolarios saltan por los aires haciendo divulgación. Porque al final se trata de vulgarizar, y eso suena fatal. Pero es que la definición de vulgarizar es: “hacer accesible al común de la gente una cosa; especialmente, hacer asequible para los no especialistas una ciencia o una materia técnica”.

En la Universidad Pública de Navarra, desde 2016 contamos con un responsable de Divulgación del Conocimiento, el profesor Joaquín Sevilla. Insiste a menudo Joaquín en la importancia de desprendernos de esa especie de pudor que nos da a los académicos intervenir en la radio, en la prensa o en una charla divulgativa. Dice, con razón, que todo el espacio que no ocupemos nosotros lo ocuparán otros con menos escrúpulos y menos conocimiento.

Nuestro blog, refleja ya desde su título “De qué váis? #los economistas” nuestra intención divulgadora, que llevamos a cabo desde 2015. A menudo haciendo referencias a nuestros resultados de investigación en el marco de cuestiones más amplias. En este curso que estamos a punto de cerrar hemos abordado temas muy diversos: los méritos del nuevo premio Nobel de economía; las políticas para mejorar las condiciones del emprendimiento; los efectos de las nuevas tecnologías sobre la movilidad urbana, la formación de precios o el marketing electoral; conceptos como el de votar con los pies o la justicia económica y social, la decisión entre tipos variables o fijos, la regulación del sector alimentario, de la universidad o del automóvil, el hambre en el mundo y el desarrollo de África, la presión tributaria, la evasión y la elusión fiscal, el despilfarro de nuestra forma de vida, las medidas del bienestar, del ‘proces’, de modelos macroeconómicos y hasta de economía feminista. Y aunque pareciera que no tienen nada que ver entre ellos, todos tienen un mismo hilo conductor: explicar temas económicos a no especialistas. La economía es una parte fundamental de nuestra organización social, nos ayuda a comprender mejor el mundo que nos rodea y nos da los conocimientos necesarios para saber hacia dónde se dirige el desarrollo global. Por eso la divulgación económica es fundamental: contribuir a que toda la sociedad obtenga una cultura económica, financiera, fiscal y empresarial que nos beneficia a todos.

“…todo el espacio que no ocupemos nosotros lo ocuparán otros con menos escrúpulos y menos conocimiento.”

Pero somos muy pocos y es difícil incorporar a más colegas a tareas divulgativas. En parte por esa incomodidad que nos produce a la que me refería antes, pero también porque muchos académicos no reconocen la divulgación como parte de sus obligaciones contractuales. Ni le ven utilidad alguna. Es un esfuerzo que, sin embargo, es fundamental en los dos sentidos que señalaba Punset: que los propios científicos se den cuenta de que sus investigaciones importan en la vida cotidiana de la gente, y que la gente descubra hasta qué punto la utilización del método científico -en lugar del dogmatismo- transforma sus vidas. Por eso algunos seguimos empeñados en dedicar parte de nuestro tiempo a la divulgación económica, al tiempo que somos vulgo del resto de las ramas de la ciencia y agradecemos enormemente el esfuerzo de los divulgadores de ciencia por hacernos comprensible sus avances.

  1. Me ha encantado tu post, Mar!! Creo que divulgar la importancia de la divulgación y reconocer a un personaje como Punset pueden servir para animar a que nuestros colegas economistas se involucren en esta labor social tan fundamental

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  2. Gracias Mar; me identifico del todo con el contenido de tu post. Me pregunto si tal vez se trata de una cuestión de incentivos. Cada uno de los post que escribimos cuesta un número de horas de dedicación, de búsqueda de bibliografía o de datos… Es inevitable pesar en el balance entre coste de oportunidad y la gratificación que se obtiene como compensación (creo que eso es economía no?) Divulgar es, en cierto sentido, contar una historia. Y las historias, como las metáforas, están infravaloradas con respecto a los hechos y la lógica (que son los ladrillos con los que se construyen las publicaciones científicas)…

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