Economía Feminista (2)

Economía Feminista (2)

En el anterior post prometía analizar de qué forma el pensamiento feminista critica los fundamentos mismos de la construcción teórica de la economía. Lo prometido es deuda, así que empezaremos por algunos de los supuestos fundamentales. Pero antes, permítanme narrrar una historia que ha recogido Julie Nelson (Beyond Economic Man: Feminist Theory and Economics). En la contraportada de cada número de la revista Econometrica figura esta declaración de principios: “La Sociedad (Econometrica) opera como una organización científica completamente desinteresada sin sesgo político, social, financiero o nacionalista. …Su objetivo es la promoción de los estudios que intentan unificar el enfoque cuantitativo, teórico o empírico de los problemas económicos penetrados por el pensamiento riguroso que ha venido a dominar las ciencias naturales.” (Subrayado mío). Nelson se pregunta si los términos penetración dominación están realmente libres de valor y son neutrales desde el punto de vista del género o tal vez, por el contrario, están indicando algo acerca de la mentalidad de los fundadores de esta institución, abanderada de los modelos de elección racional y del enfoque matemático de la teoría económica y de la econometría. La respuesta no está en el viento, desde luego y a estas alturas resulta muy obvia.

Dos de los supuestos básicos de la teoría económica son: 1) las preferencias son exógenas e invariantes y 2) los agentes son egoístas y tienen funciones de utilidad independientes y monótonas (insaciables). La economía feminista sostiene que estos axiomas construyen un modelo masculino en el que los agentes están emocionalmente desconectados de las interrelaciones personales y sociales y carecen de cualquier clase de empatía.

1) Preferencias exógenas e invariantes. Los economistas renuncian a explicar el origen de las preferencias dadas e inmutables. Por ejemplo, no se considera que las preferencias se construyen en la interacción familiar. Pero entonces ¿de dónde vienen esas preferencias? ¿Cómo podemos aceptar que las personas somos completamente impermeables al medio y que nuestras preferencias son ajenas a quienes viven o trabajan con nosotros? Desde el punto de vista feminista las preferencias se construyen a través de copiar los roles de las personas del mismo sexo de modo que la discriminación que sufren muchas mujeres afecta a la construcción de los gustos y valores de la siguiente generación. Cuando las niñas, por ejemplo, carecen de modelos femeninos en ciertas actividades, sus preferencias se alteran y esas actividades pasan a ocupar lugares inferiores en el ranking de las ocupaciones deseables. Cuando las escuelas o los empleadores discriminan a las mujeres que desean entrar en algunos campos dominados por hombres, las mujeres acaban por ajustar sus preferencias a las opciones realmente disponibles, perpetuando de esta forma, en muchos casos, las desigualdades de ingresos que aparecen en el mercado de trabajo.

2) El supuesto de utilidades independientes. El modelo neoclásico supone agentes egoístas, exclusivamente interesados en su bienestar. Aunque es sabido que somos parcialmente altruistas y que derivamos satisfacción de contribuir a la utilidad de otros, en el modelo del equilibrio general, las utilidades individuales dependen exclusivamente del consumo propio. Puesto que la actividad no pagada del cuidado y de la atención a las necesidades de los niños y de las personas débiles la llevan a cabo las mujeres en su inmensa mayoría, este supuesto excluye a las mujeres del objeto de estudio de la teoría económica.

“…es hora de volver al trabajo equipados con la tétrada de nuestra retórica, historias y metáforas incluidas.”

Arjo Klamer en su libro The making of an Economist describe de forma muy peculiar la característica de la economía moderna. Dibuja un cuadrado que representa el método axiomático y cuantitativo (la declaración de Econometrica). El cuadrado simboliza hechos y lógica. “Si pretendes publicar, muéstrame tu teorema”. A cierta distancia del cuadrado, dibuja un círculo que representa las metáforas y las historias. El círculo es la otra mitad del razonamiento. “Si pretendes que acepte tus argumentos muéstrame tu historia”. La parábola diagramática de Klamer tiene una interpretación feminista. Sea verdad o no, el mito de nuestra cultura es que los hombres producen cuadrados y las mujeres círculos. Puede ser que este estereotipo sea falso. Pero si aceptamos por un momento que la parábola tiene sentido, entonces lo femenino queda excluido de la ciencia económica. Desde luego, insistir en que solo los argumentos cuadrados constituyen ciencia económica es una locura, pero sigue siendo lo más común. Y la crítica feminista a la construcción de la economía es la primacía del cuadrado, o sea, la imposición de una manera masculina de aproximación a la realidad económica. Pero esta aproximación es limitada. Dreidre McCloskey afirma que la argumentación científica se basa en una tétrada retórica: hechos, lógica, metáforas e historias. La mitad de la tétrada es la díada de hechos y lógica, o sea, el cuadrado de Klamer. La otra mitad es la díada creativa de metáforas e historias. Pero el pensamiento científico requiere de las dos díadas. Mary Hesse, una autora clave en la comprensión de la ciencia, afirma que la racionalidad (término crucial de la construcción de la teoría económica moderna) consiste en la adaptación de nuestro lenguaje a un mundo en continua expansión y la metáfora es una de las formas claves de esa tarea. En economía el lugar de trabajo puede ser visto con una metáfora de conflicto, como en Marx o como una metáfora de la cooperación como en Adam Smith. Cuál sea mejor no es tan importante como lo es la necesidad de disponer de ambas metáforas para enriquecer nuestro conocimiento. Si he entendido bien, la economía feminista no sostiene que debemos abandonar hechos y lógica. Al revés: debemos agradecer que Adam Smith y Marx hayan inspirado los teoremas de Kenneth Arrow o de Joan Robinson que enseñamos a nuestros estudiantes. Pero también es hora de volver al trabajo equipados con la tétrada de nuestra retórica, historias y metáforas incluidas. A fin de cuentas, Adam Smith lo hizo así. Si su libro más leído entre los economistas, La riqueza de las naciones era acerca de las virtudes de la codicia, su otro gran libro Una teoría de los sentimientos morales trata sobre la empatía y el amor.

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