Economía Feminista (1)

Economía Feminista (1)

Hay un sesgo androcéntrico que impregna toda la estructura teórica del análisis económico pero que se hace especialmente visible en la herencia de la escuela neoclásica. La corriente de pensamiento de la Economía Feminista (Marianne Ferber, Julie Nelson, Paula England, Nancy Folbre, Dreirdre McCloskey, por ejemplo) sostiene que: 1) ese sesgo se remonta al nacimiento de la economía y se mantiene históricamente hasta el presente porque los hombres han dominado la comunidad académica, y 2) que la cuestión del género ha afectado a la construcción misma de la disciplina en términos de la percepción del mundo y de la relevancia de las cuestiones objeto de análisis. Así, ciertas actividades y experiencias que son de gran importancia histórica para las mujeres se han visto apartadas de la investigación.

“Hay un sesgo androcéntrico que impregna toda la estructura teórica del análisis económico…”

Respecto al primero de esos argumentos, la primera mujer en la Historia de la Economía es Harriet Taylor, a mediados del siglo XIX. Y es una figura deliberadamente devaluada que ni siquiera aparece en todos los libros de texto. Su nombre está asociado a quien fue su compañero y segundo esposo, John Stuart Mill, que sí tiene su propia capilla en la basílica de los economistas clásicos. No importa que Mill atribuyera a Taylor la coautoría de su producción científica. “Cosas del amor” diría el sardónico Thomas Carlyle que se burlaba de la relación platónica que Mill y Taylor proclamaron (¡durante 20 años!) mientras vivió el primer marido de Harriet, John Taylor. El segundo nombre de mujer no aparece hasta mediados del siglo XX. Joan Robinson contribuyó decisivamente a la redacción de la Teoría Generaly fue el alma de Cambridge en la primera época post-keynesiana. Su libro Economics of Imperfect Competition estableció el modelo de competencia monopolística que es la mejor descripción del funcionamiento de los mercados reales en la historia de la economía. Y su insistencia en la deficiente definición de la función de producción neoclásica y en los problemas de medición del capital dio lugar a un importante debate entre los dos Cambridge a uno y otro lado del océano. Joan Robinson no recibió el Nobel de Economía. Hay quien dice que por sus posiciones ideológicas que fueron escorándose hacia la izquierda hasta la defensa del maoísmo. Este hecho ya sería escandaloso por sí, pero muchos pensamos que no es ajena a esta injusticia su condición de mujer, aunque no podamos probarlo. Pero volvamos al presente. En el Who’s Who in Economicsde Mark Blaug, solo 31 entradas de entre 1.000 son mujeres.  Solo una mujer ha recibido el Premio Nobel de Economía, y eso en 2009 cuando el movimiento feminista ha tomado visibilidad. De los economistas que recibieron la medalla John Bates Clarke hasta 2007 ninguno es una mujer. En cambio, de 2007 a 2017, cuando el feminismo adquiere relevancia social, tres mujeres han recibido esta medalla. En España, solo el 17% de los catedráticos de economía son mujeres y la cifra es similar en el Reino Unido por ejemplo… Estos son algunos datos significativos, pero la lista es inacabable.

Respecto al segundo argumento, si prestamos atención a las áreas de conocimiento relevantes en economía, encontraremos que la corriente de pensamiento ortodoxo ha prestado muy poca atención a la producción de valor tradicionalmente en manos de mujeres. Por ejemplo, el trabajo en el hogar, que no computa en el PIB. Es bien conocida la cínica paradoja expresada en la frase: “Si un hombre se casa con su sirvienta, el PIB del país disminuye”. Nancy Folbre, una de las más importantes economistas feministas ha dedicado la mayor parte de su obra a la Economía de los Cuidados, una actividad que incluye la atención y enseñanza de los niños y el cuidado de los enfermos y los mayores. Una industria de altísimo valor social desempeñada por mujeres en una incontestable mayoría. Folbre sugiere que este trabajo requiere de un análisis especial porque envuelve relaciones de afecto y empatía que la función de producción de la microeconomía convencional no toma en consideración.

“Solo una mujer ha recibido el Premio Nobel de Economía, y eso en 2009 cuando el movimiento feminista ha tomado visibilidad.”

Pero incluso la definición misma de economía adquiere ese sesgo androcéntrico del que hablamos. Es sabido que de manera creciente la economía se define no tanto como materia cuanto como forma de ver el mundo. La etiqueta “economic approach” se usa para describir un problema en términos de elección racional y maximización de bienestar o de beneficio. Y la Teoría Económica se identifica con (una parte de) la teoría de la Elección Racional o Teoría de la Decisión. El título de mi propio libro de introducción, “Decisiones y Mercados”, es un ejemplo de esta identificación. Las economistas feministas sostienen que este enfoque es esencialmente masculino. “La naturaleza, la infancia, las conexiones humanas quedan apartadas del interés… El énfasis de Lionel Robinson en la escasez de medios sugiere una naturaleza hostil y tal vez una concepción del hombre como dominador de esa naturaleza que, aunque sometida y pasiva, todavía es capaz de asustarse” (Julia Nelson).

Más importante aun que la definición de su naturaleza y objeto, la construcción misma de la teoría económica y los supuestos fundamentales en los que se basa, se presentan con un carácter netamente masculino de modo que la mirada femenina a los problemas económicos queda deliberadamente excluida. Este es un asunto crucial, aunque tendrá que esperar a un segundo artículo. Pero no se preocupen. Si son buenas personas y prestan atención, les prometo que no tardará.

  1. “Soy amigo de Platón, pero todavía más amigo de la verdad”
    Sabias palabras de Aristótles que ilustran entre otras cosas, que debe prevalecer la razón frente a la emoción. Sobre todo si lo que pretendemos es ser objetivos. El término “economía feminista” suena a la “biología socialista” de Lysenko, que acabó en un desastre 30 años después.

    El anteponer el sentimiento, en este caso “feminista” al rigor intelectual nos hace ya de base partir de un planteamiento anti científico. Soy consciente de que esto es muy políticamente incorrecto, pero el ponerle un apellido a una ciencia la acaba convirtiendo en otra cosa:
    ¿Qué será lo próximo…?, ¿Matemáticas feministas? ¿Geología feminista…?

    Suena absurdo, ¿Verdad?… Entonces…

    ¿Porqué aceptamos con agrado este término en nuestra ciencia?

    Que el fenómeno de cooperación social, sea tan tremendamente complejo que esté sujeto a “diferentes interpretaciones” no significa que toda interpetacion sea válida. Como bien apuntas, el fenómeno real del mercado dista bastante del planteamiento clásico.

    No obstante dudo mucho que una crítica al modelo clásico manteniendo los errores de base (modelos estáticos, homogeneidad de bienes y preferencias…), pueda ser considerada:
    “la mejor descripción del funcionamiento de los mercados reales en la historia de la economía”.

    Que el modelo perfecto no sea bueno no significa que debamos adoptar un modelo de competencia “imperfecta”, primo-hermano del anterior. Mantenernos en este maniqueísmo tan criticado por Gustavo Bueno (primero racional, luego filósofo materialista), nos hace no prestar atención a otros autores que si son relevantes para entender el mercado “real”. Me refiero a Jesús Huerta de Soto, Israel Kirzner, Hayek, Mises, Ludwing Lauchmann… entre otros.

    La culpa probablemente la tenga el tan bienintencionado Walras, que pretendió poner a la economía en al mismo nivel que la física (nótese primero emoción, luego razón). Lo que le llevó a copiar el método de las ciencias naturales para tratar de explicar el comportamiento humano (modelos sin rozamiento, funciones matemáticas…). No es que el mundo no sea ideal: es que el proceso de mercado no es lineal y por ello no hay ecuación matemática que pueda expresar este fenómeno de manera simple.

    No me quiero extender mucho más, pero… si los psicólogos no usan ecuaciones lineales ni situaciones ideales para explicar el comportamiento humano:

    ¿Porque los economistas, que estudian el resultado de esos fenómenos “cerebrales” o “biológicos” han poder usarlos de manera rigurosa?

    Es realmente todo este sistema válido, o ¿realmente tiene pies de barro? No me refiero solo al sistema clásico, sino también a sus críticas “formales”.

    Simplemente acabar con una cita de Taleb, que viene a colación:

    “La economía no puede asimilar la idea, de que lo colectivo (y el conjunto) son desproporcionadamente menos previsibles que los individuos”

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  2. Intentaré ser breve. No es verdad que los términos Economía Feminista y Biología Socialista suenen parecidos. Puede que A TI te suenen, pero nada que ver. Podrían sonarte parecidos la homeopatía la hemoglobina y no tienen nada que ver. Así que evitando esos juicios banales tu comentario ganaría entidad. Economía feminista es una escuela reciente de pensamiento, como puede ser la economía del comportamiento. Ambas critican cierta mirada a los supuestos fundamentales desde dos perspectivas legítimas e interesantes. Nadie ha dicho que la interpretación de la epistemología que sugiere esta corriente sea cierta sin más. Pero sus argumentos son muy relevantes. Que una de sus autoras, Deirdre Mc Closkey, sea una de las mayores especialistas en filosofía de la ciencia, hace que por lo menos le prestemos respetuosa atención (tómese nota del adjetivo).
    La teoría de la competencia monopolística describe mucho mejor la realidad de las industrias que el modelo perfectamente competitivo, porque en los mercados reales las empresas han diferenciado el producto de forma que en la mayor parte de los casos, la curva de demanda que enfrenta cada empresa no es plana, sino que tiene cierta pendiente y hay, por tanto, cierto control sobre el precio. Que no sepamos construir un modelo de equilibrio general en el que las empresas tiene ese poder de fijar precios no significa sino que hay trabajo por hacer. Y desde luego que prestamos atención a la escuela austríaca de pensamiento ( la inclusión de Huerta de Soto baja el nivel promedio) que, como todas, tiene sus luces (por ejemplo postular las orgías de liquidez como causas de las crisis) y sus sombras como la confusión entre defensa de la libertad y defensa del capital(ismo). Para un radical liberal, no es la defensa de la propiedad lo importante sino la libre competencia entre las personas. Pero ese es otro tema. El texto Mercados Radicales de Posner y Weyl que te recomiendo, lo resume muy bien. Respecto a si el sistema tiene pies de barro incluidas sus críticas, creo que la cuestión está tan mal formulada que expresada así, carece red respuesta. Y finalmente si la cita que mencionas como fina trata de expresar as dificultades de la agregación, menudo descubrimiento del Mediterráneo!

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    • En primer lugar pedirle disculpas en el caso de que mi comentario no fue el más acertado dadas las circunstancias. Porque más que criticar lo que usted propone como economía “feminista”; critica las posturas que acaban siendo “doctrinas económicas” (feministas y no feministas).

      En cuanto a la Escuela Austríaca, me duele, pero tiene razón que citar a Jesús baja el nivel. Aún así creo que lo fundamental de esta escuela, además de la teoría del ciclo que bien mencionas es que llega a explicar los fenómenos sociales con una metodología alternativa.

      Simplemente lo que planteo (con tono más o menos acertado), es que todas estas alternativas. Parecen plantear nuevos modelos, pero sin dar salto de paradigma. Y hasta que encuentre otro mejor, me quedaré con parte del Austríaco.

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  3. Estimado Miguel, a fin de cuentas te agradezco los comentarios al post que son muy valiosos ya que convierten al post en algo vivo. Y ya sabes cuál es la alta valoración que me mereces como estudiante. Tienes razón en que estas corrientes que se encuentran unidas a reivindicaciones políticas, como el caso del feminismo, siempre tienen toques de doctrina. Hay que aceptarlo. Pero lo mismo se puede decir casi de cualquier teoría económica (los marxistas creen esto a pies juntitas: que no hay teoría sin ideología). La razón es nuestra identidad científica como economistas. Cuando se discute sobre el “spin” de una partícula atómica, el observador no ve implicados sus valores (y aun así, ahí está el gato de Schrödinger). Pero si se discute sobre la racionalidad humana la cosa cambia. Finalmente, no sé si necesitamos ni queremos ni somos capaces de un cambio de paradigma. En este punto soy bastante modesto pero radical: solo creo en aprender. Un abrazo.

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    • Esta discusión acabo más amistosamente de lo que empezó. Le agradezco sus amables palabras :D.
      Lo triste es que estamos hablando es que se venden muchas “verdades científicas”, que no son más que suposiciones ideológicas. Quizás por cosas como esta hay mucha gente que duda de que la economía sea verdaderamente una ciencia.

      Respecto a lo del gato de Schrödinger, entiendo lo que quiere decir. Pero lo fundamental del gato no es si está vivo o muerto, sino que la observación necesariamente es intrusiva. Osea que no se sabe si está vivo o muerto hasta que se abre la caja. Aunque tampoco soy un experto.

      Y respecto a lo de hacer del blog algo más “vivo”, con un par de estrategias SEO se podría aumentar bastante la visibilidad. Que ya que le ponen un esfuerzo (sin apelar al valor trabajo). ¡que menos que conseguir cierto impacto!
      Un cordial abrazo.

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