A vueltas con la lucha contra la obesidad

A vueltas con la lucha contra la obesidad

De Ariadna García Prado

La ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, anunció la semana pasada la implantación de un nuevo etiquetado nutricional de productos alimentarios y bebidas siguiendo el modelo Nutri-Score, para mejorar la información ofrecida a los consumidores. Nutri-Score es una especie de semáforo que señala los productos con colores y letras: de mejor a peor valor nutricional moviéndose desde el verde al rojo: verde oscuro (A), verde claro (B), amarillo (C), naranja (D) y rojo (E). Los productos se sitúan en uno y otro color/letra siguiendo un algoritmo en el que se ponderan tanto los elementos negativos (azúcares, grasas saturadas y sodio) como los positivos (frutas y verduras, gramos de fibras y proteínas).

El cambio de etiquetado frontal se acompañará, además, de otras medidas dirigidas a reforzar la lucha contra la obesidad: (i) instaurar medidas en colegios e institutos para impedir la venta de alimentos y bebidas con alto contenido en azúcar, ácidos grasos saturados y trans, sal y calorías, (ii) limitar la publicidad de los alimentos poco saludables dirigida a menores de 15 años mediante el Código PAOS (código de autorregulación de la publicidad de alimentos), y (iii) desarrollar guías sobre las contrataciones públicas de menús, catering y vending para impedir la presencia de alimentos no saludables en instituciones o centros públicos.

“…la industria alimentaria es un grupo de presión muy fuerte y poderoso y […] ha conseguido, entre otras cosas, que el código PAOS sea de adherencia voluntaria.”

Cuando leí esta noticia me dio mucha alegría ver que vamos dando pasos en la lucha contra la obesidad y los problemas de salud derivados de la misma. Pero tras el subidón inicial, me dio el bajón correspondiente: parece que, según el dietista-nutricionista Juan Revenga, las tres últimas medidas enumeradas arriba se incluyen en Ley de Seguridad Alimentaria de 2011 y la regulación de la publicidad dirigida a menores de 15 años está incluida en el código PAOS desde el año 2005. ¿Por qué se vuelven entonces a incluir en la agenda del Ministerio de Sanidad como algo novedoso? Porque, a pesar de la regulación existente, lo cierto es que no se han implantado. Vamos, que del dicho al hecho, hay un trecho. ¿Y por qué no se han implantado? Porque la industria alimentaria es un grupo de presión muy fuerte y poderoso y porque ha conseguido, entre otras cosas, que el código PAOS sea de adherencia voluntaria. Sobra decir que no parece que haya muchos voluntarios en la industria alimentaria a limitar la publicidad de los alimentos poco saludables y adictivos.

Como indica un estudio reciente, dejar la autorregulación en manos de la industria alimentaria no es efectivo. De hecho, los resultados del estudio muestran que el incumplimiento del código PAOS fue casi el doble en 2012 que en 2008 y que las técnicas utilizadas por la industria alimentaria dirigidas a captar como consumidores fieles a los menores de 15 años han aumentado sustancialmente desde el año 2005.

Y resulta que, según Juan Revenga, el tema del Nutri-Score, aunque novedoso en nuestro país, también es voluntario, o al menos lo va a ser hasta que hasta que el Parlamento Europeo decida si este va a ser el etiquetado a utilizar en la Unión Europea. En Francia, el etiquetado está siendo utilizado únicamente por aquellas empresas que lo han querido implantar en sus productos de modo voluntario y en Portugal también se va a dar la opción a la industria para que el que quiera lo implante.Pero sería deseable que fuese de obligatorio cumplimiento, porque no solo facilita una lectura sencilla del etiquetado de los productos, sino que también es un incentivo a la industria para reformular sus productos de modo que tengan una composición más saludable. Además, es un indicador validado empíricamentey que parece tener un impacto positivoen aquellas poblaciones más desfavorecidas.

“…ya llevamos años comprobando que ni la regulación existente hasta la fecha ni la autorregulación de la industria alimentaria funcionan…”

El tema del incumplimiento de la regulación y la adherencia voluntaria a la misma es peliagudo. Me pregunto cuántos años más tienen que pasar para que estos puntos mencionados aquí, de verdad, se implanten. Y creo que es una pena que en la Unión Europea no se consideren otras regulaciones más cañeras. Juan Revenga nos habla de la Ley sobre publicidad de los alimentos de Chile de 2015, que, al parecer, ha generado una auténtica revolución, en la que destacan tres elementos importantes: 1) la presencia de esquelas o puntos negros visibles en el etiquetado de cualquier alimento que sea alto en grasas, azúcar, sal, entre otros, 2) la eliminación de cualquier imagen que pueda inducir a los menores a comprar ese producto marcado con esquelas o puntos negros, y 3) la prohibición de publicidad en los medios de aquellos productos que tengan al menos una esquela o punto negro. Además, el Gobierno de Chile está adoptando medidas para asegurar la implementación y efectividad de la ley en cuestión. Entre ellas destacan: 1) la colaboración vía convenio entre Ministerio de Salud y Educación para inspeccionar con frecuencia los alimentos a los que acceden los menores y adolescentes en las instituciones educativas y en su perímetro cercano, 2) la colaboración entre el Gobierno central con los municipios y alcaldías para que implementen regulaciones alineadas con el nivel central y trabajen con las comunidades locales para fomentar alternativas saludables, 3) oferta de incentivos no pecuniarios a la industria (efecto reputación) para que reformulen sus contenidos y reducir aquellos componentes más negativos para la salud y, finalmente, 4) evaluación del impacto de esta nueva regulación mediante encuestas de hogar representativas a nivel nacional y entrevistas cualitativas a familias de distintos segmentos socioeconómicos sobre el conocimiento del nuevo etiquetado y el impacto del mismo en sus hábitos de consumo.

Si ya llevamos años comprobando que ni la regulación existente hasta la fecha ni la autorregulación de la industria alimentaria funcionan, quizás necesitamos plantearnos una regulación más dura y, sobre todo, efectiva, como la de Chile.

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