Justice is a game

Justice is a game

“Bien” dijo Maquiavelo al Príncipe. “Hablemos de Justicia”.

Pero antes expliquemos el título. Estas palabras corresponden al tema Hurricane de Bob Dylan, en el que denuncia la injusticia cometida contra Rubin Carter, el boxeador que iba para campeón del mundo y que se vio en la cárcel durante años condenado por un crimen que no cometió. Carter era un negro orgulloso y eso hizo que lo peor del racismo de la sociedad americana se abatiera sobre él. Así que las palabras de Dylan se refieren a la justicia del sistema penal y usan el término juego con una connotación semántica negativa. Pero cuando los economistas hablan de la teoría de la justicia se refieren a las reglas de las que una sociedad se dota para la distribución del excedente cooperativo. Y cuando usan el término juego se refieren a los modelos teóricos de resolución de conflictos de interés entre los miembros del colectivo. En efecto, algunas ideas de justicia se elaboran sobre la estructura de lo que se denomina un juego de regateo. Otras provienen de literatura sobre elección social. Y otras, en fin, proceden de la tradición milenaria de la filosofía moral.

Para presentar las ideas de justicia de una forma muy esquemática usaré el ejemplo de la flauta de Amartya Sen extraído de su libro de La Idea de Justicia. Se plantea la situación imaginaria en la que disponemos de una flauta y hay tres niños que se disputan su propiedad: Ada, Beni y Carla. En primer lugar, Ada reclama la flauta porque solo ella sabe tocarla y por tanto es la única que puede sacarle utilidad. Beni pide la flauta alegando que es el más pobre de los tres y a diferencia de los otros niños que poseen alguna otra cosa más, carece de otros juguetes propios. En cuanto a Carla, que también aspira la flauta, basa sus argumentos en que es ella quien ha fabricado la flauta utilizando un recurso único de libre apropiación (una caña) y su tiempo, su trabajo y su talento.

El estado es llamado a resolver la asignación del único bien indivisible y debe hacerlo bajo un principio de justicia distributiva. ¿Cómo resolvería usted, amable lector, el problema? Si fuera el gobierno, digamos, ¿cuál sería su respuesta y cuáles sus argumentos de justicia?

Si ha asignado la flauta a Ada puede que usted sea un utilitarista, es decir, que su aspiración es maximizar el bienestar o utilidad social sin que las cuestiones de equidad le aparten de su compromiso con la eficiencia económica. Ada dispondrá de la flauta y los otros niños disfrutarán de la música, cosa que, bajo cualquier otra asignación, sería imposible. Pero entonces, por similitud, debería usted oponerse a cualquier política redistributiva si hace disminuir significativamente el PIB y la suma total de bienestar alcanzable.

Supongamos que asigna la flauta a Beni. Es usted un igualitarista preocupado únicamente por el bienestar de los más desfavorecidos. Entonces debería aliarse con las propuestas que igualan la renta de las personas aun a costa de una grave pérdida en los incentivos, en la productividad y en el tamaño del producto social.

Si se ha decidido por asignar la flauta a Carla, hay dos opciones para usted. Puede que se trate de un libertario que pone ante todo la libertad individual y niega al estado legitimidad para expropiar el fruto de esa libertad para ponerlo a disposición de otros. Y entonces debe estar preparado para asumir cualquier situación de pobreza extrema de una parte de la población bajo la premisa de que nadie puede interferir en el disfrute de lo que ha sido legítimamente adquirido. Pero entregando la flauta a Carla también puede ser usted un marxista convencido de que todo ser humano tiene derecho inalienable a los frutos de su trabajo y que cualquier expropiación de todo o de parte de esos frutos queda definida como explotación.

O tal vez quiera escaparse. Tal vez piense usted que el ejemplo está un poco traído por los pelos y que en la realidad no se dan estas situaciones tan extremas, tan esqueléticas. Y sin embargo sí existen muchas situaciones reales que casi replican este contexto. Por ejemplo, las becas.  ¿Deben ir a los estudiantes de mejores notas, donde presumiblemente mejor se van a provechar (Ada) o hay que darlas a los que menos tienen (Beni) aunque sean desaprovechadas? ¿O quizá el estado debe intervenir lo mínimo y las becas deben reducirse al nivel mínimo necesario para no arrebatar los recursos a (Carla) quien los ha obtenido con su esfuerzo y talento?

La respuesta de Sen es que no existe una respuesta única a la cuestión primordial cuál debe ser la base de un principio de justicia. Que los argumentos de los tres niños sobre una justa distribución son todos ellos poderosos y encarnan visiones de la justicia con una larga tradición y un fuerte valor moral. Y en este punto, y con todo respeto, me permito disentir de las conclusiones de Sen. Pero esto, como diría Kipling, ya es otra historia.

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