¿Hubo una revolución en 1968?

¿Hubo una revolución en 1968?

Una vez más el cumpleaños del Mayo francés ha vuelto a enredarse en el laberinto del desprecio y la admiración. Como si medio siglo hubiese pasado en balde y no estuviese todo ya dicho. Ni revuelta de pijos universitarios, ni ‘espíritu flower-power’. Detractores acérrimos al margen, hay un cierto consenso entre sociólogos e historiadores de que lo que explotó y se agotó como revuelta tuvo efectos transformadores a muy largo plazo. Sí, hubo una revolución. Repasaré algunas de las piezas de su narrativa y sus paradojas para observar si esto fue efectivamente así.

Pienso que, en realidad, existieron múltiples sesentayochos. Los más conocidos transcurrieron en los campus universitarios de París y San Francisco. Otros irrumpieron en el bloque soviético, el Este de Asia, América Latina y Sudáfrica. Lo relevante es que la protesta de los jóvenes de sociedades tan diferentes en niveles de vida y libertades, preferencias culturales, morales e ideológicas estallaron a la vez culminando el proceso de cambio social que recorrió la década de los sesenta.

“…lo que explotó y se agotó como revuelta tuvo efectos transformadores a muy largo plazo.”

Estaba llegando a la edad adulta la primera generación nacida después de 1945, la primera oleada de babyboomers. Los veinte años gloriosos de crecimiento económico significaban en las democracias de Occidente, con distinta intensidad, la suma de Estado del bienestar, salarios altos, acceso a la formación media y superior y la eclosión del consumo de masas para las clases media y trabajadora. Esos movimientos que cuestionaban la autoridad (el Estado y la familia) fueron expresión de lo que Tony Judt calificó como “el malestar de la prosperidad”, precisamente cuando nunca antes la brecha de la desigualdad había disminuido tanto. A todos los ismos del marxismo se la traía al pairo el coctel Keynes-Beveridge que ya habían ingerido en grandes dosis.

Contracultura, feminismo, ecologismo y pacifismo fueron hijos del 68. Muchas de estas ideas y proyectos fracasaron a corto plazo. La emancipación de la mujer avanzó despacio, se continuó destruyendo más aún el medioambiente y después de la guerra de Vietnam vinieron otras muchas. En el largo plazo, sin embargo, lejos de esfumarse, esos valores acabaron por ser asimilados y configuran el modo de vida en el presente para amplias capas de población (incluso por gente que ni lo sospecha). Como contraste, el contenido que se asimiló de inmediato fue el contracultural que se resume en el slogan de “sexo, drogas y rock & roll”. Tenía un gran atractivo en términos de mercado (quién no lo haya visto, aquí tiene la escena final de Mad Men, y no es un spoiler).

“…el 68 engendró una parte de la cuarta revolución industrial y, sobre todo, transformó radicalmente los modos en que interactuamos socialmente…”

¿Para qué sirvieron todas esas ideas que habían nacido de un pensamiento intelectual que cuestionaba en profundidad el poder y los sistemas jerárquicos? Para algo tan ajeno en apariencia como crear el ordenador en que tecleo y busco información para escribir este post y el soporte electrónico en que lo estás leyendo.  “¿Los hippies crearon mi Apple?” Y muchas cosas más. Según William Isaacson, el ecosistema de Silicon Valley alumbró la revolución tecnológica de microchips y ordenadores gracias a dos factores: uno, la existencia previa de un distrito industrial que fabricaba para las necesidades tecnológicas cada vez más sofisticadas del ejército y que solían encontrar una aplicación civil; y dos, las corrientes culturales que confluyeron en Palo Alto a finales de la década de 1960. El movimiento hippy, la subcultura hacker, el activismo político antisistema, la difusión del pensamiento zen e hindú, la psicodelia y el consumo de LSD allanaron el camino de los jovencísimos ingenieros californianos hacia el desarrollo de la informática como herramienta de expresión individual y liberación personal. Más sesentayochista imposible. Steve Jobs fue uno de ellos. Asimismo, la moderna Física cuántica debe mucho al grupo de físicos hippies de Berkeley. De manera que el 68 engendró una parte de la cuarta revolución industrial y, sobre todo, transformó radicalmente los modos en que interactuamos socialmente, para bien y para mal, en el siglo XXI.

Pasaron muchas otras cosas después de ese esplendor juvenil. Algunos de esos intelectuales radicales giraron hacia la moderación y formaron parte de gobiernos e instituciones multilaterales. Se volvía a repetir, en palabras del historiador marxista E. Hobsbawm, la práctica de todos los revolucionarios desde al menos 1848. Otros se colocaron en multinacionales o crearon nuevas empresas. Y hubo quienes se quedaron en la academia. Entre todos ellos llevaron a cabo el regreso al liberalismo que tan bien simbolizaron Nixon primero (ganó su primer mandato en 1968) y el dúo Reagan-Thatcher después. Comenzaba entonces lo que Krugman denominó “la gran divergencia” y Stiglitz califica de “la gran brecha de la desigualdad”. La parábola perfecta nos la regala el líder por antonomasia del Mayo de París apoyando en 2017 a Macron, el presidente hijo de la burguesía provinciana de los sesenta. “Pero, entonces, ¿hubo, o no, una revolución en 1968?”. Herman@, la respuesta está en el viento.

  1. Qué interesante pieza para la reflexión! Aunque a veces se metan en el mismo saco fuerzas antagónicas de esa revolución. Por ejemplo, el movimiento contracultural de las drogas psicoactivas (la heroína y la coca son otra historia) y de la sabiduría oriental es en cierta medida antagónica de la movida política en España, por ejemplo. Tengo para mi que el primero perdura (o quiero creerlo?) mientras la segunda me produce esta especie de desencanto… Qué piensas Joseba?

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  2. Gracias, Jorge. No acabo de comprender el sentido de tu pregunta. Si te refieres a la movida política de hoy, está claro que hace falta consumir más psicotrópicos para entender y olvidar. Si pienso en la versión española del 68 veo muchos grises (en sentido real y figurado). La dictadura no estaba para zarandajas contraculturales, pero en el 69 (siempre con retardo) lo que hubo fue franquismo pop: escándalo Matesa, pelea entre falangistas y opusdeistas, nombramiento de sucesor, estado de sitio, expulsión de 50 estudiantes en la universidad de Navarra por reclamar una universidad ‘para los navarros’ (sic), huelgas obreras, el turista 15 millones y desarrollismo a tope. Ni rastro de libertades. ¿Y en el exterior? La respuesta al mayo francés fue la victoria electoral de la derecha gauliista para restablecer el orden. En Praga los tanques soviéticos. ¿Y en California? Esa confluencia de corrientes culturales entre la anarquía y el liberalismo tuvo lugar al margen del mandato del gobernador … Ronald Reagan. Había ganado las elecciones del 67 y repitió mandato en el 71. Y fue el ensayo de desregulación económica y adelgazamiento del welfare que aplicaría una década más tarde, la autodenominada ‘revolución conservadora’. Y fue Reagan quien dio orden para que la policía despejase a porrazos el campus de Berkeley.
    Estoy convencido que el viaje a India y la cultura zen marcó la mente prodigiosa de Steve Jobs.

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  3. Sí, yo tampoco acabo de entenderlo (el sentido de mi pregunta, je, je). Es mucho mejor tu respuesta que en un minipost excelente completa tu entrada anterior. Gracias. En realidad quería decir algo personal: tuve acciones de la movida política (advenimiento de la democracia) y ejercí de viajero y de lector de oriente. De estas dos vertientes de mi 68, la segunda de ellas aun continúa dando sus frutos, por pequeños que sean. Pero de la primera, miro a mi alrededor, y de esta democracia siento un poco de asquito. Eso era.

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