La obesidad como problema económico

La obesidad como problema económico

De Ariadna García Prado

Más de 2.1 billones de personas en el mundo (casi el 30% de la población mundial) tienen exceso de peso o son obesas. Y es que la obesidad se ha convertido en una epidemia global, presente tanto en países ricos y pobres (60% de los obesos en el mundo viven en países en desarrollo).

Un 39,3% de españoles sufren sobrepeso y el 21,6%, obesidad. En total, más de la mitad de la población (60,9%) entre 25 y 64 años. Los niños no salen mejor parados: un 41,3% de los niños españoles entre 6 y 9 años tienen sobrepeso u obesidad.

La obesidad se concentra especialmente en las poblaciones con ingresos bajos. De hecho, en España, el porcentaje de niños con obesidad en familias con ingresos mayores o iguales a 30.000 euros brutos anuales es del 22,6%, frente a un 54,8% en las familias con ingresos por debajo de 18.000 euros brutos anuales. Y a nivel mundial, de los 42 millones de niños menores de cinco años que tienen sobrepeso, 35 millones (el 83%) viven en países de ingresos medios y bajos, según la Organización Mundial de la Salud. El maridaje entre pobreza, exclusión y comida basura es letal. Además, en los países de ingresos medios y bajos, el consumo de bebidas azucaradas y comida procesada carente de los nutrientes necesarios ha ocasionado lo que se conoce como la doble carga de enfermedad: desnutrición y sobrepeso, que se presenta tanto a nivel individual (se puede tener obesidad con deficiencia de uno o varios minerales y vitaminas), familiar (por ejemplo, la madre tiene obesidad y anemia mientras el hijo tiene desnutrición crónica) y a nivel comunitario, regional o nacional (con prevalencia de desnutrición y obesidad en la misma comunidad, región o país).

“La obesidad se concentra especialmente en las poblaciones con ingresos bajos.”

La evidencia indica que el consumo regular y en grandes cantidades de productos no saludables no solo produce obesidad sino que está detrás de los nuevos casos de diabetes tipo 2. Y el exceso de peso trae asociado además de diabetes, enfermedades cardiovasculares, osteoartritis y algunos tipos de cáncer. Pero la epidemia de obesidad no solo tiene implicaciones en cuanto a la salud de la población sino que también tiene altísimos costes económicos. En España solo los casos de diabetes implica un coste de 19.908 millones de euros al año (alrededor del 2,5% del PIB), según un informe de la Fundación Mapfre de 2017. Sin embargo, hasta la fecha, la obesidad se ha tratado como un problema de salud, y no como un problema económico en el que están implicados no solo el sistema de salud sino otros sectores relevantes como la industria, el sector agro-alimentario, los canales de venta y distribución, además del gobierno (educación, deporte, asuntos sociales, trabajo y hacienda) e incluso organismos supranacionales como la Unión Europea.

Para comenzar, los estantes de los supermercados están llenos de productos procesados con azúcar, grasas saturadas y sal; siempre a la vista, en los lugares más estratégicos,  para que los consumidores los compren. Pero además están en las máquinas “vending”, en todos los lugares, incluidas instituciones educativas y hospitales. Y en los bares y cafeterías. Y en los anuncios de todos los medios de comunicación. Y lo peor es que, una vez se consumen, son productos adictivos que perpetúan el mal hábito alimenticio. Y encima son baratos. La mecanización de este sector y el abaratamiento de su mano de obra, ha permitido que comer de modo no saludable sea baratísimo. Por tanto, consumir frutas y verduras frescas no es la opción fácil. Si se comparan 1000 calorías de productos procesados frente a las mismas calorías de productos saludables (aquellos bajos en sal, grasas y azúcares añadidos y que aportan los nutrientes necesarios), la diferencia de precio es de más de 6 euros, según un estudio reciente de la Universidad de Cambridge. El mismo estudio indica que la evolución de los precios de los alimentos saludables ha crecido en 2,3 euros por cada 1000 calorías en los últimos diez años, frente a un incremento de 0,92 de los menos saludables.

“En los países en desarrollo, el problema se agudiza por la falta de disponibilidad de productos saludables que sean asequibles.”

La industria alimentaria ha invertido, además, en productos que dan la imagen de saludables (como los yogures bebibles para niños) pero que, sin embargo, están llenos de azúcar. Y por si fuera poco, la Unión Europea acaba de quitar las cuotas a la importación de la fructosa derivada del maíz, lo que facilitará la producción europea de alimentos edulcorados con este producto, que gracias a su textura líquida se emplea en la producción de múltiples alimentos en Estados Unidos y parece haber contribuido a la epidemia de obesidad en este país.

En los países en desarrollo, el problema se agudiza por la falta de disponibilidad de productos saludables que sean asequibles. Por ejemplo, datos del Banco Mundial indican que mientras en Estados Unidos los cereales infantiles fortificados cuestan 3,7 veces el precio del pan, en La India cuestan 11 veces más y en Nigeria hasta 30 veces más. En México, el litro de leche, cuesta 16 pesos, la botella de tres litros de Coca-Cola, 35 y la de refresco sin marca, 20. Y en Kenia, el precio del agua embotellada es bastante más alto que el precio de las bebidas gaseosas azucaradas, y, en consecuencia, muchas familias pobres que no tienen acceso a agua segura, solo toman bebidas azucaradas. Además, los productos más nutritivos y saludables no llegan fácilmente a los consumidores de países de bajo ingreso por problemas relacionados con la distribución y venta al por menor. Curiosamente, los productos procesados y menos saludables no solo son más baratos sino que superan los obstáculos de distribución y llegan a los puntos más remotos. Los consumidores de países de renta baja que viven en zonas urbanas compran la mayor parte de la comida que consumen en supermercados y de ella, un porcentaje alto es comida procesada (ver aquí y aquí). Pero el consumo de comida procesada no saludable ha aumentado también en las zonas rurales y pobres. Por ejemplo, en México las poblaciones indígenas rurales solían consumir productos del campo, pero debido a la fuerte expansión de la industria de bebidas azucaradas desde el año 2010, el consumo de estas bebidas ha aumentado dramáticamente en estas poblaciones al igual que la incidencia de diabetes en las mismas.

Ante estos datos…¿qué se puede hacer? La solución va más allá de las típicas acciones educativas y de fomento del ejercicio físico, aunque probablemente deberían promoverse de modo más activo y/o mediante métodos más innovadores para alcanzar resultados más efectivos, especialmente en una sociedad de adultos y niños cada vez más sedentarios. Tampoco se puede dejar en manos de la industria alimentaria, que si optase por reducir los productos menos saludables y adictivos no obtendría ningún beneficio directo. Se necesita por tanto la intervención del Gobierno. Éste puede optar por regular la industria alimentaria  y/o tasar los productos poco saludables, para reducir su oferta y consumo. En el Reino Unido, la subida de los precios de las bebidas azucaradas será efectiva en Abril 2018. En México, los impuestos a las bebidas gaseosas azucaradas se pusieron en práctica en 2014, pero, aunque ha habido un descenso en su consumo, se cree que es necesario acompañar la medida de campañas educativas para que el descenso sea mayor. En España, el Ministerio de Sanidad acaba de presentar el Plan de colaboración para la mejora de la composición de los alimentos y bebidas 2017-2020, con el objetivo de reducir en un 10% el contenido de sal, azúcar y grasas en más de 3500 productos de consumo habitual. Es un primer paso, pero no suficiente. Los expertos nutricionistas advierten que menos azúcares significan más edulcorantes y menos grasa saturada implica más aceite de girasol refinado. La reducción es además muy pequeña. En definitiva, no aborda el fondo del problema.

Alternativamente, el Gobierno puede optar por incentivar la oferta de productos más saludables: subsidiando a aquellas instituciones que opten por poner máquinas “vending” con contenidos saludables, y/o subsidiando las frutas y verduras de modo que su precio final se reduzca notablemente. La evidencia indica que una reducción de precios de un 30% es mucho más efectiva que una campaña educativa y aumentaría el consumo de frutas y verduras en un 42%. En España hay varios ejemplos de comunidades que han decidido vetar productos de las máquinas “vending” (Murcia vetó la bollería y los refrescos de las máquinas de venta de los hospitales en 2017) o aumentar la proporción de alimentos saludables en las mismas (El País Vasco ha propuesto recientemente un plan de iniciativas para una alimentación saludable en el que contempla que la mitad de los productos de las máquinas expendedoras tengan fruta y verdura).

“La solución va más allá de las típicas acciones educativas y de fomento del ejercicio físico,…”

Todas estas medidas gubernamentales también se pueden aplicar a los países de renta media o baja, aunque es cierto que la solución es más compleja por la falta de accesibilidad a alimentos saludables. Pero si Coca-Cola ha conseguido llegar hasta los lugares más remotos de los países más pobres del mundo, los distribuidores de alimentos saludables podrían imitar su estrategia y seguir sus canales de distribución. En Centroamérica, la distribución de suplementos nutricionales (micronutrientes) se ha hecho siguiendo los canales de distribución de Coca-Cola en esa región, lo que ha permitido llegar a las familias más remotas, rurales y pobres. Además, sería importante que los productores de comida saludable tomasen como ejemplo los tres factores que han contribuido a la ubicuidad de Coca-Cola alrededor del mundo y que Melinda Gates destaca en una estimulante charla TED que dio en 2012: 1) un tipo de marketing que hace que el consumidor quiera y desee el producto, 2) utilización de datos en tiempo real para reaccionar a los cambios de demanda, y 3) búsqueda de talento a nivel local para estar cerca del cliente final.

Sin duda, merece la pena intentarlo.

  1. Enhorabuena por el artículo. Creo que refleja de un modo objetivo y empírico en lo que se ha convertido el consumo actual. Efectivamente comprar productos naturales, es más caro, exige dedicar más tiempo a cocinar e ir más veces al supermercado. La comida procesada, rica y saciante es más inmediata. La obligación institucional para evitar que determinados fabricantes utilicen por ejemplo, el aceite de palma en las galletas infantiles, me parece fundamental. Además la educación en los buenos hábitos alimenticios ya desde los colegios, también ayudará. En definitiva, hay que sumar esfuerzos para cambiar el concepto de “fast food” por el de “healthy food”

    Me gusta

  2. De momento, que yo sepa, lo que se ha comenzado a prohibir (en Reino Unido) es el marketing de comida basura para los niños. También he visto un estudio reciente publicado en Review of Economic Studies, 2018 que analiza el mercado de las patatas fritas de bolsa en Reino Unido y ven que el impacto de prohibir los anuncios de este tipo de producto llevaría a que los productores bajasen los precios de las patatas fritas o a que algunos consumidores pasasen a consumir otro tipo de comida basura. Pero la prohibición es compleja porque el poder de la industria alimentaria es muy grande. Con el tabaco se consiguió prohibir su consumo en locales cerrados ( gran logro!) por las externalidades negativas que tenía para la salud de los fumadores pasivos. Pero no se prohibió del todo y todavía mucha gente fuma en espacios abiertos. El consumo de comida basura también tiene externalidades negativas ( como cuando una madre o padre aparece en el patio del cole con una bolsa de chuches como merienda para su hijo/a y todos los niños terminan comiéndolas), pero eso no lo puedes regular, ni prohibir. Otro tema es el de la prohibición de la producción de este tipo de alimentos. En fin, es un tema complejo!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: