El agua como recurso energético

El agua como recurso energético

De M.d.Mar Rubio-Varas y Diego Sesma

¿Qué es lo primero que les viene a la cabeza si les preguntan por el agua como recurso energético? En general la respuesta más frecuente suele ser: ¡claro, los pantanos! Sí, pero no. El agua es crucial en la producción de energía, y en especial de energía eléctrica. Pero sólo un 15 por ciento de la electricidad que se produce en el planeta es de origen hidroeléctrico, es decir, la procedente de las presas. La inmensa mayoría de la electricidad mundial, en torno al 80 por ciento según los datos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), se produce en centrales térmicas (de carbón, gas, nucleares, etc.) que utilizan una gran cantidad de agua, en su  mayoría dulce,  para hacer funcionar sus turbinas y como medio refrigerante. De hecho, la producción eléctrica es uno de los mayores consumidores globales de agua, sólo por detrás de los usos agrícolas. Dicho de otro modo, en ausencia de agua prácticamente la totalidad de la producción eléctrica mundial quedaría paralizada. El asunto ha comenzado a tomar cuerpo en las agendas de investigación y planificación energética internacionales. Por ejemplo, el Banco Mundial ha lanzado una iniciativa bajo el descriptivo nombre de “energía sedienta”.

“… la producción eléctrica es uno de los mayores consumidores globales de agua, sólo por detrás de los usos agrícolas.

En España, sin embargo, este es un asunto que pasa desapercibido y que no preocupa a los planificadores energéticos según los datos recogidos en la encuesta que lleva a cabo el Consejo Mundial de la Energía. Lo cual no deja de sorprender dado que somos el país más árido de Europa, que terminamos el último año hidrológico con las reservas de agua más mermadas en lo que va de siglo, y donde casi dos tercios de la producción eléctrica dependen directamente de la disponibilidad de agua dulce. Existen indicios directos e indirectos de que se trata de un problema que deberíamos abordar. No solo para la producción hidroeléctrica –muy disminuida durante el último año, sólo representó un 10 por ciento-, sino también en la producción térmica –algo más del 55 por ciento de la generación eléctrica en 2017 según los datos de REE. Un ejemplo, tal vez tangencial, pero ilustrativo: con la cuenca del Júcar en mínimos, de la que se alimenta la central nuclear de Cofrentes, ésta estuvo parada todo el pasado mes de noviembre por “anomalías detectadas en una válvula del sistema de agua de alimentación” (diferente del sistema de refrigeración del reactor), según la nota informativa del Consejo de Seguridad Nuclear. Y es que los requerimientos de agua de una central nuclear son elevados, tanto en volumen absoluto –dada su gran potencia mantenida durante las 24 horas los 365 días del año-, como por MWh generado cuando se compara con otras tecnologías termoeléctricas según se desprende de los datos de la IEA y de nuestros  trabajos de investigación.

Gráfico 1. Potencia instalada (MW) por tecnología de las principales cuencas hidrográficas en españolas

Grafico 1. Potencia instalada (MW) por tecnología de las principales cuencas hidrográficas en españolas

Fuente: elaboración propia a partir de los datos de las memorias de los Planes Hidrológicos de las diferentes demarcaciones hidrográficas 2015-2021.Nota: la térmica incluye térmica convencional más nuclear. Se han tenido en cuenta las centrales funcionando en Régimen Ordinario.

 

“… somos el país más árido de Europa, que terminamos el último año hidrológico con las reservas de agua más mermadas en lo que va de siglo…”

Nuestros esfuerzos se centran en cuantificar cuánta agua necesitan las centrales térmicas españolas para funcionar con normalidad. Un trabajo complejo porque los datos son escasos, fragmentados y, en ocasiones, contradictorios. Pero un esfuerzo necesario porque sin cuantificar la magnitud de un problema es imposible tomar conciencia de que existe, ni actuar para solventarlo. Por ejemplo, ahora sabemos que la cuenca del Ebro es la que tiene una mayor potencia instalada total (hidroeléctrica y térmica) en comparación con el resto de cuencas (ver gráfico 1); que es la que más contribuye a la producción termoeléctrica en España; que hacer funcionar las centrales térmicas del Ebro (los reactores de Ascó, el de Garoña hasta su cierre, y las otras doce centrales térmicas que dependen de sus aguas), supone el segundo uso más importante del agua de la cuenca tras el riego, pero por delante de los usos industriales y de abastecimiento urbano. Pero aún nos falta mucho camino para poder obtener estimaciones para el resto del país. En cualquier caso, esperamos que los resultados de nuestras investigaciones instiguen a la ciudadanía, a las empresas del sector y a los responsables de la política energética del país a comenzar a considerar el agua como el recurso energético crítico en el que se ha convertido, en un contexto donde los episodios de escasez hídrica parece que serán cada vez más recurrentes.

  1. Enhorabuena a los dos. Excelente post. Un comentario: Me temo que, por mucha fe en que la investigación académica en ciencias sociales tenga impacto en las decisiones políticas, nuestras autoridades continuarán incólumes.
    Un par de preguntas: Habéis calculado el consumo por MWh, pero ¿y su coste para las empresas propietarias de las centrales térmicas? Ese input ¿es barato, casi gratis, o no?
    La técnica del fracking necesita de agua dulce en cantidades no despreciables y además genera unos residuos altamente contaminados. La contabilidad de esta forma de extracción de hidrocarburos ¿incluye los costes del agua?
    Gracias.

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    • Muchas gracias por tu comentario, Joseba.

      En el Real Decreto 198/2015, de 23 de marzo, por el que se desarrolla el artículo 112 bis del texto refundido de la Ley de Aguas, se regula un canon por la utilización de las aguas continentales para la producción de energía eléctrica. Sin embargo, este canon solo recae en las concesiones hidroeléctricas, dejando de lado a los titulares concesionarios de las centrales térmicas. Por otro lado, existe un canon de vertido de aguas residuales (Orden de 19 de diciembre de 1989), que sí se aplica a las centrales térmicas convencionales o nucleares que utilizan aguas en sus circuitos de refrigeración. Por tanto, parece ser que las centrales térmicas incurren en unos costes determinados por el agua vertida a los ríos tras el proceso de refrigeración, pero no por su uso propiamente dicho.

      Respecto a la segunda cuestión, es un tema que no hemos tratado hasta el momento. Nuestra investigación se centra en cuantificar los volúmenes de agua destinados a producción eléctrica y, en especial, los necesarios para refrigerar centrales térmicas convencionales y nucleares. Por tanto, no hemos entrado a estudiar el resto de etapas del ciclo de vida del agua para generación eléctrica (por ejemplo, el proceso de extracción de carburantes, su procesamiento, el transporte de estos combustibles, etc), aunque puede ser un buen tema a tratar en futuras investigaciones.

      Un saludo.

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