Dinero y dinero

Dinero y dinero

La función primordial del dinero es la de servir de medio de cambio para efectuar compras o pagos. Hoy en día el dinero puede utilizarse de dos formas diferentes. En primer lugar, la tenencia de billetes y monedas de curso legal permiten llevar a cabo multitud de pequeñas compras en establecimientos, cancelar deudas o efectuar pagos por servicios prestados. En segundo lugar, los ciudadanos podemos utilizar dinero electrónico para pagos o cobros mediante una tarjeta bancaria de débito, que sea reconocida a través de una terminal electrónica y efectúe el consiguiente cargo o abono en la cuenta bancaria asociada a la tarjeta. “Sacar dinero” en un cajero de una sucursal bancaria en realidad es sustituir una forma de dinero por la otra (aumentar el saldo de dinero en efectivo reduciendo el saldo de dinero electrónico). Las mejoras tecnológicas de los últimos años han favorecido el uso de dinero electrónico a través de lectores de tarjetas bancarias con sistemas avanzados de conectividad y detección. Además, el auge de las compras por internet se debe en parte a la posibilidad de pagar simplemente informando sobre los datos de una tarjeta bancaria y generando un mero registro contable.

El dinero electrónico se abre paso y va desplazando al dinero tradicional. De hecho, existe un debate sobre la posibilidad de eliminar los billetes y monedas. El prestigioso economista estadounidense Kenneth Rogoff ha analizado los costes y beneficios de la supresión del papel moneda. Según el planteamiento de Rogoff, la supresión del dinero físico reduciría significativamente tanto la realización de actividades ilegales como la evasión fiscal. Esto supondría una ganancia para la sociedad tanto en términos de bienestar como en capacidad recaudatoria para los gobiernos. Rogoff establece una ligazón razonable entre el uso de billetes de gran valor y las actividades fraudulentas y delictivas. Los datos que proporciona son abrumadores. El valor de los billetes de 500 euros en circulación representa más del 30% del total de dinero físico de la Eurozona y están en manos de muy pocos ciudadanos. Los billetes de 1000 francos suizos (865 euros, al cambio) alcanzan el 60% del valor total de las monedas y billetes suizos. En EE.UU., el billete de 100 dólares es el de mayor valor y supone un 77% del total. Además, se estima que más del 50% de estos billetes están fuera de EE.UU. En definitiva, como quizás podíamos sospechar, muchas de las transacciones más indeseables y deshonestas que se llevan a cabo en nuestro planeta (destacando las ventas ilegales de armamento o drogas) se efectúan en maletines cargados de billetes de gran valor. A esto hay que añadir la evasión fiscal y la corrupción, que pueden materializarse a través del uso de billetes. La sustitución plena del dinero físico por dinero electrónico conllevaría un control telemático de todos los pagos, lo cual permitiría denunciar las ventas ilegales, la evasión fiscal o la corrupción.

“…la supresión del dinero físico reduciría significativamente tanto la realización de actividades ilegales como la evasión fiscal.”

Otro beneficio de la eliminación del dinero físico sería la posibilidad de hacer políticas monetarias más expansivas con tipos de interés negativos. El dinero físico sirve de refugio para el ahorro si se carga un tipo de interés negativo a los depósitos bancarios (es decir, se cobran intereses en vez de pagarlos). Como ejemplos actuales, los tipos de interés negativos del Banco Central Europeo o del Banco de Suiza sobre las reservas bancarias están generando una fuerte demanda de cajas de seguridad para guardar billetes de euro o de francos suizos. Si no existiera el dinero en efectivo los tipos de interés negativos sobre los saldos bancarios fomentarían la compra de bienes de consumo o de inversión como alternativa a un ahorro con rentabilidad negativa. Y este aumento de la demanda favorecería el empleo y el crecimiento económico.

El coste asociado a la eliminación del dinero físico es difícil de cuantificar. Para muchos ciudadanos, los billetes y monedas inspiran una mayor confianza, no tienen ninguna dependencia de la tecnología, y permiten mantener un anonimato sobre las circunstancias de su uso. Las operaciones con tarjeta bancaria quedan registradas, perdiendo la privacidad que concede las transacciones con billetes o monedas. En estos tiempos modernos en los que el Gran Hermano nos vigila, todos los datos de nuestras compras, ventas, deudas o pagos con dinero electrónico están a disposición del supervisor del sistema electrónico que los genera. Tanta información puede ser demasiado valiosa para que esté en manos de nuestros gobiernos o de grandes multinacionales que tengan acceso al sistema electrónico de flujos monetarios. Las criptomonedas (como, por ejemplo, los famosos Bitcoins) posiblemente han surgido como respuesta a esta amenaza de la pérdida de privacidad.

El Banco Central Europeo anunció en 2016 que tiene previsto dejar de emitir billetes de 500 euros a partir de finales de este año, aunque no ha comunicado todavía su intención de retirarlos de la circulación. Es un pequeño paso en la dirección de eliminar el dinero físico. ¿Acabará el dinero electrónico sustituyendo completamente a los billetes y monedas? Creo que sí. Espero que sí.

  1. Muchas gracias por el post, me parece interesante el debate sobre la supresión del dinero en efectivo. A los costes de la supresión del dinero físico que mencionas se podrían añadir multitud más, como por ejemplo los problemas derivados de la brecha digital.
    Pero un punto que me preocupa especialmente es el derivado de eliminar el “efectivo en manos del público”. Esta medida supondría una privatización de los medios de pago (se podría regular para evitarlo parcialmente, pero dudo que se la prioridad de los impulsores de la medida).
    Si actualmente se gravan los usos concretos de los medios de pago, mediante la supresión del efectivo se daría carta blanca para gravar el uso indeterminado de medios de pago mediante comisiones, fortaleciendo el oligopolio bancario.
    Comentas que supondría una oportunidad para realizar expansiones monetarias más eficaces, pero es en estas épocas cuando el negocio bancario tradicional no resulta rentable y las entidades tratan de mantener sus beneficios incrementando las comisiones. Por tanto la rentabilidad social de la medida se vería mermada.
    A priori la medida no me parece buena ni mala, pero hay que estar atentos al modo en que se implemente ( seguro que llegará), y ser precavidos ante el mantra de la tecnologización como elemento democratizador per sé.

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  2. Gracias por tus comentarios, Mikel! La desaparición del dinero físico no supone una privatización de los medios de pago. El banco central, como entidad pública, seguiría controlando el sistema monetario a través del control, la supervisión y la utilización de los instrumentos de política monetaria (tipos de interés y coeficientes legales de reservas bancarias). De hecho están apareciendo medios de pago privados (criptomonedas) que de alguna manera compiten con los públicos.
    Respecto a las expansiones monetarias con tipos de interés negativos, la ausencia de dinero en efectivo permitiría un mayor impacto sobre la demanda de bienes de consumo y de inversión. Si el ahorro libre de riesgo (depósitos bancarios, bonos, etc.) reciben un -2% de rentabilidad y no existe dinero físico para libarse de esta rentabilidad negativa, es esperable que se destine este ahorro a aumentar el consumo (compra de un coche, vacaciones, frigorífico o TV nueva,…) o a invertir en activos de riesgo (acciones, vivienda, etc).

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