La cuestión territorial se cura leyendo: Del capital humano al capital social

La cuestión territorial se cura leyendo: Del capital humano al capital social

De Gloria Sanz Lafuente

¿Existe relación entre la lectura y la articulación territorial? Sí, sin lugar a dudas y trataré de explicar por qué. La lectura es la tecnología de la información y de la comunicación más antigua que hay después del habla y constituye un indicador muy básico del capital humano. Hasta bien entrado el siglo XX buena parte de la población española careció de esa tecnología en la lengua que cada uno quiera considerar. Tenemos la suerte de tener varias. Según las cifras de David Reher (1997), alrededor del 44% de la población no sabía leer en 1887 y la cifra todavía alcanzaba casi un 35% en 1910. Había muchas diferencias regionales y las evoluciones fueron dispares e incluso discontinuas. Y es que en España costó bastante tiempo acceder a la lectura y más aún liberarse de la tutela de la religión católica. Los historiadores económicos han explicado que no fue una maldición, sino el resultado de una tardía y escasa inversión y de una baja demanda de formación. Y lo que es peor, esta carencia se produjo a finales del siglo XIX, en el momento en el que las innovaciones científicas y técnicas, los parlamentos, las administraciones públicas y la primera globalización comercial estaban cabalgando con mucha fuerza en todo el mundo occidental, aunque ésta fuera desigual.

“Leyendo se aprendía a cuestionar la fuente de información y se favorecía el pensamiento abstracto.”

Pero, ¿por qué es importante la lectura para la articulación territorial? Harold Innis, menos conocido que su discípulo y amigo Marshall MacLuhan, fue un economista canadiense que dedicó parte de su vida académica a explicar las consecuencias contrapuestas que tenía para la conformación de las sociedades el haberse basado en la oralidad y las imágenes, o en el recurso a la lectura y la escritura. En 1950, Innis sostuvo que las sociedades analfabetas valoraban el saber transmitido oralmente, la autoridad de la fuente, la reiteración y la conservación, y mostraban además menos posibilidades de crítica y de pensamiento heterodoxo. A las sociedades lectoras este profesor de economía política las llamaba espaciales porque conectaban espacios alejados e ideas desconocidas mediante la lectura. Leyendo se aprendía a cuestionar la fuente de información y se favorecía el pensamiento abstracto. Dos aspectos básicos en el avance científico y el análisis crítico.

¿Y cuáles son sus efectos en la vertebración social de un territorio? El ejemplo alemán resulta paradigmático. Cuando Alemania apareció como país en 1871 registraba tasas de analfabetismo mucho más bajas que España. Cerca del 90% de la población sabía leer y cálculo básico. Y eran más bajas porque los ducados y reinos independientes que la formaron ya las habían conquistado. Uno de los estados federales que más leían, el Ducado de Baden (algo así como el Luxemburgo actual) con su Estado independiente, su constitución liberal desde el 1818, una administración pública moderna y sus tres universidades, comenzó a formar parte de este nuevo país que nacía con una estructura federal. Entre 1871 y el estallido de la primera guerra mundial en 1914 la población de Baden se hizo alemana sin dejar de ser de Baden.

“Su articulación espacial fue mejor porque la información y la comunicación fluyeron entre sus habitantes.”

Una de las claves fue que tanto la población como los multiplicadores culturales contaban con una tecnología de comunicación que les permitía salir y entrar a Baden cuando quisieran sin moverse de casa. La población pudo leer sus leyendas tradicionales, a los autores del ducado y a los que venían de lejos. Los movimientos de cultura popular habían trasladado esas historias de la palabra a los libros y a las bibliotecas locales, en el alemán de Lutero y en diversos dialectos, incluido el alemannisch de Baden. Había un próspero negocio editorial. Hasta estos potenciales lectores llegaron -no sin dificultades de censura- textos y periódicos de los entonces peligrosos demócratas, de los racionalistas, de los reformistas liberales y de los proscritos socialdemócratas. Pudieron leer periódicos locales de tres confesiones religiosas distintas, otros de contenido político, de poesía y narrativa, música, deporte e inventos, junto a revistas agrícolas, e industriales.

Fue un proceso de conexión territorial entre muchas poblaciones de los Länder que no fue fácil ni rápido. Como sostiene Gary Becker, no es lo mismo disponer de la capacidad de acceder a la información que poder ejercerla con ciertas garantías. Había grandes diferencias sociales y espaciales para acceder a la lectura en la Alemania de Bismark, en medio de un crecimiento económico acelerado y plagado de desajustes sociales. En Baden vivieron en medio de la diglosia, pero hubo una articulación territorial con los demás alemanes. La comunicación lectora les conectó, individualizando afinidades, gustos e intereses y les acercó a los que vivían en Frankfurt, Berlín o Hamburgo. Ni la “autoridad de la fuente de información local” ni el “mediador que leía” fueron aspectos tan trascendentales en las sociedades lectoras como la de Baden. Su articulación espacial fue mejor porque la información y la comunicación fluyeron entre sus habitantes. Dicho al revés, esa estupenda comunicación que genera la capacidad lectora fue muy deficiente en España durante demasiado tiempo y por extensión pudo influir en la articulación de la España invertebrada.

Un comentario

  1. Bienvenida al blog, Gloria! Me ha encantado tu post y creo que es muy revelador. Las tecnologías de la información modernas suponen una inmediatez y velocidad de transmisión que seguramente están desplazando a los hábitos de lectura sosegada tradicional. Al tener hijos adolescentes, esta es la evidencia empírica que recojo; leen poco y no muestran poco interés o gusto por la lectura. Así que, como dices en tu cita de Gary Becker, disponemos de mucha información pero no tenemos capacidad para interpretarla y utilizarla con garantías de éxito.

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