Francolandia no está en los mapas

Francolandia no está en los mapas

El conflicto catalán ha tenido como efecto perverso, dentro y fuera de España, el sacar a pasear el cadáver del general Franco, una vez más. Se confunden las insuficiencias de nuestra democracia con la metonimia que hunde sus raíces en la que fue la dictadura más longeva y tenebrosa del sur de Europa en el siglo XX. Para algunos, seguimos viviendo en una especie de Francolandia. Vamos, que una versión castiza del país de Nunca Jamás se ha sumado ahora a la cartografía fantástica de Stevenson, Swift, Carrol, Tolkien y compañía.

Este neologismo se ha difundido profusamente en las redes sociales y en algunos medios de comunicación justo en las semanas en que debía explicar la historia económica española bajo el Franquismo en el campus de Arrosadia. Me animé por ello a sondear a mis estudiantes de tercer curso de Economía, mujeres y hombres nacidos hacia 1995 y recién llegados a la vida adulta cuatro décadas después de la muerte del dictador. Necesitaba saber cuáles son las ideas que tienen sobre esa etapa de la historia tan lejana para ellos. Más aún, quería averiguar, antes de abordarlo en clase, qué percepciones manejan los aprendices de economista sobre los procesos económicos y empresariales que transcurrieron desde la autarquía al desarrollismo (1940-1975).

“El conflicto catalán ha tenido como efecto perverso, dentro y fuera de España, el sacar a pasear el cadáver del general Franco, una vez más.”

El ejercicio que les propuse para resolverlo en equipo es sencillo. Se trata de partir de las ideas e imágenes que han ido recibiendo y procesando sobre esa etapa del capitalismo español (a través de la memoria familiar o colectiva, las lecciones del bachillerato, o los soportes de transmisión cultural desde la literatura y el cine, al arte y los videojuegos y del mundo que les está tocando vivir). El primer paso consiste en que propongan al menos cinco características que, a su modo de ver, definieron la economía española durante el franquismo. El siguiente paso exige discutir entre ellos cuáles de esos rasgos del pasado consideran que siguen en vigor, o no, hoy en día. Los resultados están resumidos en el siguiente Gráfico en las cinco categorías en que he agrupado sus respuestas. La imagen proyectada, de trazo grueso, invita a la reflexión.

Picture1

Fuente: Encuesta realizada a estudiantes de Historia Económica II, Grado de Economía, Universidad Pública de Navarra (31/10/2017).

La buena noticia es que para la mayoría de estos jóvenes los rasgos de la economía típica del Franquismo han sido erradicados y, por tanto, no están vigentes hoy. Un 64,6% de sus respuestas lo identifica sobre todo en la política económica (menos proteccionismo, menos intervencionismo, cambio institucional, sindicatos libres), el tamaño del sector público (privatizaciones de empresas, la descentralización territorial) y la corrección de algunos desequilibrios macroeconómicos (precios y fortaleza monetaria). Se observa un predominio de los argumentos de naturaleza estrictamente económica.

Sin embargo, todavía un 32,6% de las respuestas siente que algunos rasgos económicos procedentes de la larga dictadura están en vigor. ¿Cuáles son estos? Los relacionados con el nivel de vida (la brecha social, la desigualdad, los bajos salarios y la exclusión por género), el modelo productivo (el de turismo y ladrillo y la economía sumergida) y un marco institucional que tolera la corrupción y en el que campean impunes los empresarios «amigos del régimen». Predominan aquí más los valores morales.

“La buena noticia es que para la mayoría de estos jóvenes los rasgos de la economía típica del Franquismo han sido erradicados…”

La visión del largo plazo del historiador, no obstante, debe advertir que esas patologías ni son costumbres ni estilos privativos del caso español, ni originarias en exclusiva del Franquismo (aunque saliesen reforzadas de él). Mi impresión es que este conjunto de percepciones está muy ligado al contexto social y político posterior a la Gran Recesión de 2007, en la que esta primera generación de la crisis ha configurado su mirada.

Quien busque Francolandia en un atlas no lo va a encontrar. Apuesto que el término no triunfará en el léxico político. Lo cual no absuelve al Franquismo. Al contrario, los profesionales de la historia económica debemos seguir investigando y explicando ese pasado. Entre otras razones para poner palabras frente al mecanismo de negación de los hechos en los que una parte de la sociedad incurre tras la experiencia de la miseria moral que significan todas las dictaduras.

Más allá del «uso de la historia para las políticas del presente » el estudio de esa materia oscura muestra que el impacto de la dictadura para el normal funcionamiento de la economía de mercado fue muy negativo. La Transición democrática consistió también en desmantelar ese entramado institucional y empresarial para ponerlo en la hora europea. La cartografía resultante fue bien distinta.

 

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