¿Banca pública en Navarra?

¿Banca pública en Navarra?

Hace unas semanas, la Corporación Pública Empresarial de Navarra (CPEN) organizó una conferencia en la que se presentaron tres ejemplos de bancos públicos extranjeros:  Investitionsbank Berlin (Alemania), BNG Bank (Holanda) y Finlombarda (Italia). Tras las presentaciones individuales de los directivos que acudieron al acto, me tocó ejercer de moderador en una mesa redonda. Durante algo más de una hora se intercambiaron interesantes opiniones y consejos sobre la conveniencia de crear una banca pública en una región europea como Navarra. El vídeo completo de la conferencia está disponible en aquí.

¿Qué nos recomendaron nuestros colegas europeos? En primer lugar, definir una misión con claridad. Crear un banco público es una oportunidad, pero tiene un coste. Y por tanto ha de definirse una estrategia a partir del análisis del mercado crediticio en la actualidad ¿Existen fallos en la provisión de financiación? ¿Hay empresas que, a pesar de tener un plan de negocio viable, no reciben crédito en condiciones razonables por parte de las entidades privadas? Tras la crisis financiera y económica de los últimos años, es posible que para las pequeñas y medianas empresas, los trabajadores autónomos y los emprendedores, las condiciones de financiación en Navarra se hayan endurecido y se estén perdiendo posibilidades para innovar y crecer por falta del impulso crediticio. Más aún, la banca pública podría encontrar ventaja comparativa en la asimetría de información respecto a las entidades privadas al ser capaz de alinear los objetivos estratégicos de inversión a medio y largo plazo del gobierno con la iniciativa privada. Así que la tarea previa es conocer si existe una parte significativa de la demanda de crédito en Navarra que, aun presentando proyectos empresariales viables, no queda cubierta con la oferta de financiación actual.

En segundo lugar, los ejemplos europeos que se presentaron recomiendan que una banca pública de desarrollo base su estrategia de negocio en un diseño adecuado de la institución. El análisis de riesgos, independiente y cualificado, determinará si un proyecto o negocio debe recibir financiación. A pesar del carácter público de la entidad, los intereses políticos o partidistas deben quedar al margen de la gobernanza (sería un grave error entender la banca pública como una ventanilla de financiación a bajo coste para los gobiernos). La selección del personal ha de ser competitiva y transparente, basada exclusivamente en criterios de méritos. La aportación de capital público ha de efectuarse desde la prudencia, poco a poco, comenzando en aquellos sectores y negocios donde la probabilidad de pérdidas sea prácticamente nula. El crecimiento debería ser lento, basado en la solvencia y los buenos resultados de pequeñas inversiones, y en el correcto diseño de la gestión diaria de la entidad. Por último, como decía el representante del banco alemán: “no scandals”. Es decir, cualquier comportamiento éticamente reprobable vendrá acompañado inmediatamente por el cese o la dimisión de sus responsables. El prestigio y la reputación alimentan la confianza, como elemento clave para operar en el mercado crediticio. Todas estas características no son sólo deseables para la supervivencia de la banca pública, sino también pueden entenderse como un requisito legal. El Banco de España tiene la potestad de autorizar la creación de nuevas entidades de crédito y, previsiblemente, sólo concedería dicha licencia en el caso de presentar una buena propuesta de negocio.

“…el elemento fundamental es discernir si existen fallos en el mercado crediticio que justifiquen la provisión pública de financiación como mecanismo para generar mayor bienestar social.”

Esta idea de banca pública de inversión para Navarra recuerda a la Sociedad para el Desarrollo de Navarra (SODENA). Que ya existe. Y que podría crecer y hacerse mayor. Pero de acuerdo a la normativa vigente, la inversión pública directa (o a través de fondos europeos) en un banco de desarrollo tipo SODENA se incluiría como gasto adicional para la contabilización del déficit de las administraciones públicas en Navarra. Este supuesto contable no parece correcto si la creación del banco público genera un valor de activos equivalente a la aportación de capital inicial. La deuda debería considerarse solamente en el caso de producirse minusvalías patrimoniales en el activo, pero nunca en el momento de la creación de valor. Así se entiende en Alemania o en Holanda cuando se inyecta dinero público en los bancos regionales que se presentaron hace unas semanas. En cualquier caso, el compromiso de la Hacienda Foral tiene un techo de déficit en el 0,4% del PIB para 2018. Si no cambian las cosas, la inversión necesaria para crear una banca pública (el capital mínimo legal requerido son 18 millones de euros) podría conllevar recortes de gasto en otras partidas del presupuesto público navarro. Convendría negociar con el gobierno central o las autoridades europeas la eliminación de esta inyección pública para la contabilización del déficit o bien plantearse alternativas de cofinanciación. En este sentido, los expertos de banca pública europea se mostraron escépticos sobre las aportaciones de capital provenientes del ahorro de las familias. En su opinión, el deseo de las familias de conseguir una alta rentabilidad para sus inversiones podría chocar con la ausencia de un objetivo de maximización del beneficio de la entidad pública.

“Sin un importante apoyo social, esta iniciativa no debería ponerse en marcha por ser impopular y resultar gravosa para los ciudadanos.”

A estas alturas de la lectura, es posible que muchos de ustedes se sientan extrañados porque no me he referido a un modelo de banca pública tradicional, similar a las Cajas de Ahorros como las que tuvieron mucho protagonismo antaño en nuestra comunidad foral. Esto supondría un cambio de dimensión: una banca comercial implica mantener sucursales, contratar más trabajadores para ofrecer una atención personalizada, competir por captar pasivos provenientes del ahorro de las familias, etc. Conocemos el atractivo social y emocional de esta banca comercial pública: el beneficio que genere se destinaría a aumentar el capital propio (reservas) y a obra social dentro de nuestro territorio. Sin accionistas mayoritarios ni directores ejecutivos con altisonantes dividendos. Pero la todavía reciente desaparición de Caja Navarra puede generar dudas por temor a repetir errores pasados. Además, otras entidades ya se han posicionado en el mercado ocupando esta idea de banca social. Tenemos notables ejemplos dentro de las cooperativas de crédito de ámbito local (Caja Rural de Navarra o Caja Laboral) o de la llamada banca ética (Fiare, Triodos,…). En cualquier caso, la ciudadanía navarra podría participar en este debate, y revelar sus preferencias. Quizás el gobierno podría llevar a cabo un sondeo o encuesta entre los contribuyentes navarros con el que se pueda conocer el número de personas a favor de esta iniciativa, preguntando si llegarían a ser clientes o estarían dispuestas a invertir en adquirir capital de este banco foral. Cuantificar y cualificar la demanda social de un banco público resulta perentorio como paso previo para su creación. Sin un importante apoyo social, esta iniciativa no debería ponerse en marcha por ser impopular y resultar gravosa para los ciudadanos.

En resumen, y bajo mi punto de vista, hay tres alternativas razonables entre las que el gobierno debe elegir: transformar SODENA en un banco de desarrollo regional de similar características a los presentados en la jornada de CPEN, promover un banco público comercial moderno y competitivo, o limitarse a mantener las actuaciones en materia de financiación pública ya existentes. La elección requiere de un análisis sosegado, reflexivo y certero por parte del gobierno foral, apoyado en opiniones y preferencias de una mayoría social. En esta decisión el elemento fundamental es discernir si existen fallos en el mercado crediticio que justifiquen la provisión pública de financiación como mecanismo para generar mayor bienestar social. Este es un ejemplo más del debate clásico en la teoría economía sobre los límites-fallos de la economía de mercado versus los límites-fallos de la intervención del Estado. Para los que quieran aprender sobre estos temas recomiendo leer y escuchar a grandes economistas como Arrow, Stigler, Coase, Friedman o Stiglitz, todos ellos galardonados con el premio Nobel de Economía. Sus argumentos académicos dan para mucho debate.

  1. Cierto, Vicente, pero en Dakota del Norte se invirtió en desarrollar la extracción de gas y petróleo con la tecnología fracking, aprovechando una regulación que la favorecía. Este shock technológico-regulatorio posiblemente tuvo la culpa de obtener una tasa de éxito tan elevada en los proyectos de financiación pública. Los ejemplos que se presentaron tienen la ventaja de ser duraderos (BNG Bank tiene más de 100 años) y de servir de amortiguador contracíclico. El desafío es saber si somos capaces de diseñar instituciones financieras públicas que funciones tan bien aquí como lo hacen en Holanda o Alemania. Muchas gracias por tu comentario!!

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  2. Disculpas por la demora. ¿Otra vez con la Banca Pública? ¿Las cajas de ahorro con otro nombre? ¡Señor, señor qué cruz, qué cruz! ¿Es que no aprenderemos nunca? El papel aguanta todos los “debería” que aparecen en la utopía de diseño que menciona Mikel en el segundo párrafo de su post? Pero la realidad es bien terca: los desmanes que jalonan la crisis financiera provienen en su mayoría de la banca pública. Que no ocurra en dos casos de Alemania y Holanda no significa nada de nada porque los standards de honestidad en la gestión pública de esos dos países los hacen parecer marcianos comparados con los nuestros… En su respuesta al comentario de Vicente, Mikel se pregunta si somos capaces de diseñar instituciones financieras al nivel de esos dos países. Fácil: ¡claro que no! Y, como dice el personaje de Pazos que interpreta Manuel Manquiña en Airbag, “a los hechos me repito”.

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  3. Cierto, Jorge. Los hechos son los hechos y el diseño de las instituciones públicas nos enseñan muchos errores. Pero también tenemos que predicar que las cosas podrían haber sido diferentes. Sería tan sencillo como anteponer el interés (y el sentido) común a los intereses personales cuando se trata de decisiones colectivas.Tan complicado…
    Y permíteme discrepar parcialmente en la responsabilidad de los desmanes de la crisis financiera. Muchas cajas de ahorros regionales quebraron y provocaron el rescate financiero europeo, correcto. Pero los bancos privados alimentaron la burbuja durante demasiado tiempo con una sobre-exposición al riesgo escasamente justificable con criterios técnicos. La supervisión pública del Banco de España también fue deficiente. Muchas familias firmaron hipotecas que, si hubieran sido bien informadas, no habrían firmado. Y tras la reestructuración bancaria los bancos han absorbido los restos de las cajas a bajo coste y han eliminado competidores. Seguramente sin merecerlo han salido ganando con la crisis. El coste de la crisis se ha socializado sin que muchos de los responsables asuman su parte.

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