Boicot al “Made in Catalonia” (1/2)

Boicot al “Made in Catalonia” (1/2)

El rumbo que ha tomado el tema catalán en los últimos tiempos me preocupa enormemente, como a la mayoría de los españoles. En mi caso, además, he vivido varios años en Cataluña, y tengo un gran aprecio por ella, y por unos cuantos amigos catalanes que conservo.

En este blog, como no debía ser de otra forma, ya se ha publicado algún artículo sobre el conflicto catalán. No quiero entrar a debatir en mi artículo argumentos políticos, que los tengo, porque no es mi especialidad. Como economista y profesor de marketing, quiero simplemente resaltar el fenómeno del boicot a los productos catalanes y algunas consideraciones sobre el mismo. Dejaré sin responder la última pregunta del artículo para que los lectores piensen en posibles respuestas, y en un futuro post volveré sobre el tema.

“Dejaré sin responder la última pregunta del artículo para que los lectores piensen en posibles respuestas (y con suerte hagan algún comentario en el blog)”

Hace unas semanas me llegaron varios mensajes por Whatsapp animándome a no comprar productos catalanes. En internet y en Facebook abundan las páginas que llaman al boicot. Por otro lado, empresarios y políticos, catalanes y no catalanes, han pedido que no se haga boicot, alertando del riesgo para la economía y las empresas catalanas, y de rebote para las españolas, pues un descenso en la demanda de productos catalanes generaría un descenso de la demanda de las empresas catalanes a sus suministradores de otras regiones españolas. En el mismo sentido se han manifestado trabajadores de empresas radicadas en Cataluña, como Nestlé.

Breve historia de los boicots

No es la primera vez que se difunde un llamamiento al boicot de los productos catalanes. Y la lista de boicots en la historia a productos de empresas, regiones y países es larga. La palabra “boicot” procede de “boycott”, término inglés cuyo origen se remonta al siglo XIX. Charles C. Boycott fue un administrador de tierras en Irlanda famoso por explotar a los campesinos. Como respuesta, los campesinos se negaron a pagar la renta de las tierras e iniciaron una campaña animando a trabajadores, pequeños comercios y población en general a no tratar con Boycott. La práctica del boicot es en realidad tan antigua como la humanidad. Uno de los primeros boicots de los que se tiene documentación es “la Protesta del tabaco”, en Irán en 1891, contra el consumo de tabaco por la concesión por el Sha a Inglaterra del monopolio de la producción, venta y exportación del tabaco de Irán, y que desembocó en una fatua contra el consumo del tabaco y posterior retirada de la concesión. Los boicots no solo se hacen contra productos. En 2016 varios actores boicotearon la ceremonia de los Oscars como protesta por la escasa presencia de actores afroamericanos en el cine norteamericano. Lo que ha cambiado en la actualidad es la facilidad y rapidez con la que la promoción de un boicot se propaga, gracias a Internet y en particular a las redes sociales. Existen plataformas como change.org donde gran parte de las peticiones son boicots. Un análisis de las búsquedas realizadas en Google del término “boicot” en España en los últimos 12 meses con la herramienta Google Trends, muestra que el periodo del 1-7 de octubre de 2017 ha sido el más activo en interés (con gran diferencia) de los internautas por esta palabra, periodo que coincide con los días de mayor tensión en el conflicto catalán. (Ver Figura 1)

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Figura 1. Interés del término “boicot” en las búsquedas en Google en España en 2017. Fuente: Google Trends

Efecto de los boicots

¿Ha tenido algún efecto real este boicot y los pasados sobre los productos catalanes? ¿Qué efecto tendría en caso de independencia de Cataluña o de tensión máxima entre Cataluña y España? Todavía es pronto para saberlo, y los efectos a medio y largo no están claros. Hay investigaciones académicas sobre boicots a empresas que relatan efectos importantes en los mercados financieros, sobre todo en el precio de las acciones de las empresas boicoteadas. Pero los efectos sobre los mercados de consumo son variados. En un análisis del boicot de los vinos franceses en EEUU en 2003, con datos de 4.700 marcas de vino, no se encontró ningún efecto en las ventas. Sin embargo, las ventas en Oriente Medio de la empresa danesa de derivados lácteos Arla Foods cayeron en picado tras la publicación de las caricaturas de Alá en el periódico danés Morgenavisen Jyllands-Posten. En el caso del cava catalán, algunas noticias apuntan que el cava catalán ha sido perjudicado por el conflicto. Pero en una investigación académica, Cuadras-Morató y Raya, tras analizar la relación entre las noticias sobre el conflicto catalán y las ventas de cava catalán en supermercados españoles, no encontraron ningún efecto significativo.

¿De dónde es un producto?

Por otro lado, no siempre es fácil identificar un producto con una región o país. Algunos productos y marcas tienen una clara “imagen de país” (es decir, los consumidores los asocian a un país determinado), pero otros no. Esta identificación producto-país es a veces consecuencia de una estrategia deliberada de la empresa (‘Made in Catalonia’ Empresas como Moritz, Parlem o Bon Preu incorporan la marca Catalunya en su imagen). Pero la “imagen país” no siempre coincide el país de la empresa propietaria del producto, de la fábrica o de la marca. Incluso en algunos casos la estrategia de marketing de la empresa deliberadamente busca asociar el producto con un país distinto al de origen del producto, como el caso de la cerveza con aroma de tequila Desperados, que tiene imagen mexicana cuando en realidad su origen es francés y actualmente es propiedad de Heineken, un grupo holandés. Así ocurre también, por ejemplo, con los automóviles Seat o los productos Bimbo. Esto genera confusión entre los consumidores, como por ejemplo se refleja en discusiones en blogs (Figura 2), en la que no está claro de dónde es un producto. Por tanto, en una economía globalizada como la actual, hay pocos productos que sean 100% de un país o región, y muchas veces es difícil determinar cuál es el verdadero origen de un producto.

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Figura 2. Opinión en el blog CasoAislado. Acceso 7/11/2017

Motivaciones de los consumidores para el sacrificio en la compra: ¿por qué participar (o no participar) en un boicot?

Un boicot, como otras acciones colectivas, estás sujeta a dos principios de racionalidad del comportamiento humano que reducen la motivación del consumidor individual a participar: el del polizón y el del agente pequeño. El problema del polizón sugiere que como un individuo se beneficiará del éxito del boicot tanto si participa como si no, tiene un incentivo a no participar y por tanto a no dejar de comprar sus productos favoritos. El problema del agente pequeño manifiesta que el individuo considera que su acción individual tendrá un impacto prácticamente nulo en el boicot, y por tanto tampoco tiene motivación a sacrificarse.

“Un consumidor racional tiene pocos argumentos para sacrificarse en la compra y seguir un boicot contra un producto. Y sin embargo algunos boicots funcionan. ¿Por qué? En un próximo post volveré sobre sobre este tema.”

Y sin embargo algunos boicots funcionan. ¿Por qué? La explicación solo puede ser que, o bien los consumidores no se comportan racionalmente (de nuevo, Jorge Nieto, un tema recurrente en este blog), o bien obtienen algún otro beneficio por participar en el boicot. Dejo pensar al lector en estas posibles razones. En un próximo post volveré sobre sobre este tema.

  1. Hola Javier,

    Leído. Sigues la línea que planteaste la última vez con tu pregunta acerca del tema de Cataluña, y la verdad, que no puedo contestarte otra cosa diferente a l que te respondí y a la que has expuesto.

    En primer lugar, el consumidor racional se dará cuenta tarde o temprano de que el boicot a una región española concreta no lleva a nada más que a una fractura social, si cabe mayor, y a una crisis económica importante a nivel nacional. Todo tiene su repercusión -como cuando nieva en Nueva York y a la semana tenemos a España pintada de blanco-.

    En segundo lugar, la racionalidad del consumidor creo que, ahora mismo, está en lucha con sus principios, ideas y, también, sentimientos. Se mezclan aspectos cualitativos que pueden llevar a explotar impusivamente ante la compra o no de un producto catalán.

    En tercer lugar, lo dicho. Cuando te respondí hace unas semanas ya te dejé claro lo que pensaba acerca del tema que tu has desarrolado claramente. Vuelvo a repetir, todo tiene su repercusión. Gran parte de los productos catalanes llevan consigo la imagen catalana, pero no hay que perder de vista que su transformación y producción (a veces hasta empaquetado) se llevan a cabo en otras Comunidades Autónomas como Extremadura.
    Madrid, Aragón, Andalucía, Valencia y Galicia son las 5 autonomías con mayor número de empresas y autónomos proveedores de las empresas catalanas. Los sectores productivos más afectados podrían ser el comercio, la industria y la agricultura, al ser los más dependientes de las empresas catalanas.

    En cuarto lugar, y por abordar uno de los últimos temas en clase. La comunicación juega un papel importante en el marketing, para mí, puede ser la más importante porque es el medio de dar a conocer. Por esta razón, ¿qué pasaría si lo proveedores o resto de intermediarios de estos productos con imagen catalana utilizaría la publicidad o se valiera de artículos o reportajes de expertos? Creo que sería una buena idea hacerlo y persuadir a la población española de que puede ser dañino para todos y no solo para los catalanes -objetivo del boicot-.

    En quinto lugar, los veranos en Cambrils me han dado amigos desde la infancia y mi sentimiento a ese pueblo y, en sí, a Cataluña me arrastra y me atrapa. Toda esta situación me causa tristeza y la racionalidad debe imperar sobre el comportamiento infantil de algunos.

    En sexto lugar, la economía catalana se resiente. No hay que confundir el boicot de los productos catalanes con la salida de empresas de Cataluña porque esto no es boicot, es supervivencia. Antes de la celebración del referéndum ilegal del 1-O, Cataluña era una de las regiones que más crecían económicamente de España. En concreto, entre septiembre de 2016 y el mismo mes de 2017, el PIB catalán creció un 3,6%. Por encima de la media de España, que mantuvo en este periodo de tiempo un crecimiento del 3,1%. Y sólo superado por la Comunidad Valenciana, cuyo crecimiento fue del 3,8%.
    Ahora planteo otra cuestión, ¿les merece la pena?

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  2. Gracias Pablo. Hoy mismo se han publicado en El Pais el siguiente artículo: “El 20% de los españoles de fuera de Cataluña ha dejado de comprar productos catalanes. Casi la mitad de los habitantes de Cataluña se plantea ‘castigar’ a las empresas que se han marchado de la comunidad, según una encuesta de Reputation Institute”

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    • Lo dicho, entre unos y otros terminaremos destruyendo lo conseguido. Parece el juego del gato y el ratón. Un abrazo, Javier.

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  3. Érase una vez un guerrero conocido por su valor y su odio a su peor enemigo. El rey conocedor de esta situación quiso premiarle tras una exitosa campaña a la vez que se divertía y le dijo: -Pídeme lo que quieras pero que sepas que le daré el doble a tu peor enemigo. Sin dudarlo, el valeroso guerrero le contestó: -Majestad, sacadme un ojo.
    Si la satisfacción que le produjo dejar ciego a su enemigo fue mayor que el perjuicio de quedarse tuerto, su comportamiento fue racional.
    ¿Es este comportamiento generalizable? Espero que no, pero posible, seguro.

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