Cataluña: razones económicas y posicionamiento político ante la independencia

Cataluña: razones económicas y posicionamiento político ante la independencia

El otro día un amigo me prestó un libro con un título tan arriesgado como sugerente: Los próximos 100 años. Su autor es Georges Friedman, fundador y director de la publicación Geopolitical Futures, una publicación online dedicada a analizar y predecir el curso de los principales acontecimientos mundiales. Friedman está considerado como uno de los autores más acreditados en el campo de la Geoestrategia.

Leyendo sus expectativas sobre China, me llamó la atención que, al exponer los acontecimientos pasados que, en su opinión, podrían repetirse en el futuro, el autor hiciera referencia a la Guerra Civil China (1927-1949) que enfrentó a las regiones independentistas de la costa, ricas gracias a la comercialización de sus productos con Occidente, frente a las paupérrimas regiones del interior, con una economía muy primaria. Aunque fueron muchos los factores que determinaron la postura del Partido Comunista Chino en la guerra, Mao Zedong se posicionó a favor de las regiones pobres del interior frente a la insolidaridad de las ricas, apoyadas por el Partido Nacionalista de Chiang Kai-shec, lo cual resulta bastante coherente con una ideología que defiende a la población más desfavorecida frente al abuso de los poderosos.

Sensibilizado con la situación política de Cataluña, busqué más ejemplos de conflictos regionales de este tipo y el posicionamiento de las fuerzas progresistas en sus países y comprobé que las pretensiones independentistas de las regiones ricas frente a los estados a los que pertenecen son muy habituales, tanto desde un punto de vista histórico como geográfico. Son muchos los ejemplos que encontré y en todos ellos los partidos nacionales de izquierda se habían posicionado en contra de los independentistas. Dos ejemplos de esta situación se han producido recientemente en el continente americano, más concretamente en Bolivia y en Venezuela.

“Las pretensiones independentistas de las regiones ricas frente a los estados a los que pertenecen son muy habituales, tanto desde el punto de vista histórico como geográfico”

Santa Cruz es uno de los nueve departamentos que forman el Estado Plurinacional de Bolivia. Es el motor de la economía boliviana. Aporta al estado el 40% de sus ingresos, supone el 30,6%, del PIB boliviano y representa el 50,7% de las exportaciones totales del país. El 4 de mayo de 2008 las autoridades de Santa Cruz realizaron un referéndum autonómico en el que un 85.9% de los votantes lo hizo a favor del proceso. Estos resultados llevaron al Prefecto de la región, Rubén Costas, a declarar: “Hoy nace la Bolivia autonómica, la Bolivia digna y soberana; iniciamos el camino hacia una nueva República”. La reacción del presidente Evo Morales, líder del Movimiento al socialismo, no se hizo esperar. La votación fue descalificada por su Gobierno y se produjo en medio de incidentes que causaron al menos 35 heridos.

Zulia es uno de los veintitrés estados que, junto con el Distrito Capital y las Dependencias Federales, forman la República Bolivariana de Venezuela. Su economía depende básicamente del petróleo y del gas natural, obteniendo el 80% de la producción nacional. El movimiento de Santa Cruz movilizó a determinados sectores de Zulia a reivindicar su propio referéndum de independencia. La respuesta del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, líder del Partido Socialista Unido, fue contundente. Preguntado en rueda de prensa el 10 de mayo de 2008 sobre su opinión ante un hipotético referéndum de independencia en Zulia instó a la oligarquía zuliana a que fueran buscando las armas, porque esto sería causa de guerra, ya que nosotros no toleraremos que nos dividan Venezuela.

“Lo que si resulta sorprendente es que, ante las reclamaciones económicas de los independentistas catalanes, una parte de la izquierda española se haya posicionado a favor del derecho a decidir”

La principal reivindicación económica de los independentistas catalanes ha consistido en denunciar el desequilibrio fiscal existente entre Cataluña y el Estado, desequilibrio que el Presidente de la Generalidad, Carles Puigdemont, cifraba, una vez más, el pasado día 10 de octubre en el Parlamento de Cataluña, en 16.000 mil millones de euros.

Las pretensiones de los independentistas catalanes no parecen diferenciarse demasiado de las de los de otras regiones ricas, como las anteriormente mencionadas. Lo que sí resulta sorprendente es que, ante las reclamaciones económicas de los independentistas catalanes, una parte de la izquierda española se haya posicionado a favor del derecho a decidir.

Cataluña no aporta ingresos al Estado como región, sino que son sus empresas y sus ciudadanos los que lo hacen a través de los impuestos que pagan en función de su riqueza. Resultaría sorprendente que la izquierda apoyase a un grupo de ciudadanos ricos que denunciaran que el Estado les robaba por tener que pagar en impuestos un valor superior a los servicios que personalmente recibían.

En última instancia, si se aceptase que una región rica pudiera aportar al Estado lo que recibe, pudiendo independizarse si se le pidiera más, dicho Estado debería renunciar a cualquier política de redistribución de la renta entre los ciudadanos ricos y pobres de sus distintas regiones, lo cual supondría una restricción que debería resultar inaceptable para cualquier mentalidad mínimamente progresista.

 

 

 

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