Energía y sostenibilidad

Energía y sostenibilidad

La semana que viene, en el marco de las actividades planificadas en celebración del 30 aniversario de la UPNA, participaré en uno de los diálogos sobre energía y sostenibilidad. Es por ello que he decidido dedicar esta entrada del blog al tema.

El término “sostenible” lo popularizó en 1987  la Comisión Brundland de las Naciones Unidas que definió como “satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”. Con demasiada frecuencia esta definición se viene simplificando en el campo de la energía al abarcar cualquier energía proveniente de recursos inagotables. Así, las energías renovables suelen ser consideradas sostenibles, pero también la energía nuclear dadas las pequeñas cantidades de isótopos necesarios que podrían utilizarse en tanto la civilización humana lo necesitara.

“…el concepto sostenible es mucho más restrictivo que inagotable o renovable.”

Sin embargo, si repasamos la definición observaremos que el concepto sostenible es mucho más restrictivo que inagotable o renovable. La pregunta que uno debe hacer es si las energías ilimitadas dejan a las generaciones futuras la capacidad de satisfacer sus propias necesidades intactas. La respuesta por lo general se centra en establecer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus necesidades de energía (o servicios energéticos: calor, luz, fuerza, transporte, etc.) y las consecuencias inmediatas para el medio ambiente. Desde esta óptica, las energías renovables y la energía nuclear podrían llegar a calificarse como sostenibles. Pero, ¿es suficiente?

Apenas reflexionamos sobre cómo las decisiones pasadas y presentes, en relación con el sistema energético, pueden poner en peligro las capacidades de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades. Todo tipo de necesidades, algunas de las cuales somos incapaces de anticipar. Por ejemplo, disfrutar de un paisaje o explotar tierra fértil puede llegar a ser imposible después de que se haya construido una gran represa hidroeléctrica. Los medios de subsistencia de las generaciones futuras podrían verse alterados para siempre debido a los efectos de la presa, por ejemplo en la pérdida de recursos pesqueros, la reducción de la fertilidad de las tierras agrícolas y forestales debido a la pérdida de fertilizantes naturales al perder las inundaciones estacionales. Otro ejemplo relacionado con el agua: el agua es rara vez considerada como un recurso energético y, sin embargo, Estados Unidos requiere más agua dulce para producir electricidad (tanto hidroeléctrica como para enfriar plantas termoeléctricas) que para cualquier otro uso, incluyendo la agricultura. El acceso al agua dulce puede convertirse en un imperativo urgente para las generaciones futuras, limitando no sólo la capacidad de satisfacer sus necesidades energéticas, sino otras más imperiosas.

“…las generaciones venideras tendrán que pagar las deudas pasadas, […] lo que puede que comprometa su capacidad para satisfacer sus propias necesidades.

Las decisiones energéticas pasadas condicionan las capacidades de las generaciones futuras de satisfacer sus necesidades cuando las decisiones del pasado imponen un coste pagadero en el futuro. Ya sea el reciclaje de los paneles solares extintos o la construcción y supervisión del almacenamiento permanente de combustible nuclear gastado durante siglos venideros. Además, las infraestructuras energéticas tienden a endeudar a varias generaciones dado que el repago de las inversiones de capital se expande a lo largo de décadas.  Todos ellos imponen una especie de coste de oportunidad intergeneracional para las generaciones futuras: ya que las generaciones venideras tendrán que pagar las deudas pasadas, tendrán que renunciar a parte de sus oportunidades de consumo e inversión, lo que puede que comprometa su capacidad para satisfacer sus propias necesidades.

El peso que tienen las decisiones energéticas del pasado limitando el abanico de opciones presentes y futuras parece grande. Los sistemas energéticos están sujetos a una fuerte y duradera dependencia de su trayectoria, debido a los costes incurridos en determinadas tecnologías, infraestructuras e instituciones. Por lo tanto, para construir un sistema de energía verdaderamente sostenible, tenemos que ser más conscientes de las implicaciones que nuestras opciones actuales tendrán para las generaciones futuras. En este sentido, analizar las decisiones históricas en el campo de la energía y observar si las mismas han comprometido nuestra capacidad para satisfacer nuestras necesidades puede ayudarnos a arrojar alguna luz en el camino a seguir.

  1. Gracias por el post Mar. Muy provocador. La definición de sostenible puede hacerse tan estricta que convierta en maldita cualquier forma de energía. Nada es gratis significa que nuestras acciones comprometen siempre la capacidad para satisfacer las necesidades de las generaciones futuras. Para bien y para mal. El desarrollo de fuentes energéticas no es ninguna excepción. La definición de sostenible debería limitarse al caso en que los beneficios previsibles sean superiores a los costes, lo cual implica evaluar ambas variables cuidadosamente. Todo un desafío.

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  2. La mejor solución en España,es liberarnos de las ataduras del los privilegios del Oligopolio y sus “puertas giratorias” , descentralizar y liberalizar la producción, distribución y autoconsumo, favorecer las anergias alternativas a corto plazo y a medio y largo plazo las libres

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