¿Hay que aumentar el tamaño de las empresas si queremos mejorar su productividad?

¿Hay que aumentar el tamaño de las empresas si queremos mejorar su productividad?

El tejido empresarial en Navarra se caracteriza por una notable fragmentación, con un predominio elevado de micro y pequeñas empresas y un número reducido de grandes. En 2016, el total de empresas industriales era según datos del DIRCE, de 3.743 empresas, de las cuales el 92% corresponde a pequeñas y medianas. Es importante señalar el limitado número de empresas medianas y grandes en el tejido industrial que cuenta sólo con 168 empresas en el intervalo de 50 a 250 trabajadores. Como indica el Plan Industrial de Navarra 2020, esto condiciona la base de empresas con tamaño crítico para dotarse de estructuras de crecimiento, definir políticas de I+D+i y establecer estrategias de internacionalización y mejora de la productividad.

Además, se ha extendido la opinión entre empresarios y decisores públicos siguiente: La evidencia entre empresas de distintos tamaños pone de manifiesto que la productividad, propensión exportadora e innovadora de las empresas aumentan con su dimensión. A partir de esta constatación se concluye que, incrementando el peso en el tejido productivo de empresas medianas-grandes en detrimento de las pequeñas, se producirá un avance importante en productividad, innovación e internacionalización de las empresas. Pero para debatir sobre la bondad de la propuesta hay dos cuestiones previas que hay que resolver y que normalmente no se tratan, la primera se refiere a por qué las empresas tienen el tamaño que tienen y la segunda y consecuencia de la anterior, es cómo se consigue que aumenten su tamaño.

“La existencia de correlaciones estadísticas entre tamaño y productividad, como se observan y reconocen, no implica que existan relaciones de causa/efecto entre estas variables.”

El razonamiento y las recomendaciones de política que normalmente se hacen, véase las propuestas recientes del FMI para la economía española (2017) y del Círculo de Empresarios y la CEOE sugieren cambios legales, regulatorios y fiscales para aumentar la dimensión empresarial. Pero estas propuestas son iniciativas que resultan incompletas porque ignoran un aspecto muy relevante al abordar la cuestión del tamaño empresarial.

La existencia de correlaciones estadísticas entre tamaño y productividad, como se observan y reconocen, no implica que existan relaciones de causa/efecto entre estas variables. Si las diferencias en el tamaño de las empresas responden a la misma variable no observable (por ejemplo, la calidad en la gestión empresarial, que también explica las diferencias en innovación e internacionalización), mientras no se actúe sobre esa causa común, se puede artificialmente influir sobre el tamaño, por ejemplo con iniciativas fiscales o regulatorias pero que no generarán efecto alguno sobre la productividad. Por eso, cualquier análisis sobre el tamaño de las empresas debe comenzar por identificar si el tamaño es causa o efecto, si afecta a la productividad; o si, por el contrario, es la mejora de la productividad la que permite a las empresas crecer y aumentar su tamaño, o si hay una variable difícil de observar y medir (por ejemplo, la calidad de la dirección) que actúa de forma simultánea sobre estas dos variables porque tiene consecuencias favorables sobre las ventas de la empresa en los distintos mercados y por tanto favorece el crecimiento empresarial e impulsa, a su vez, la mejora de la eficiencia productiva que estimula el crecimiento.

“Los bajos niveles educativos de muchos empresarios españoles con o sin trabajadores, sus modestas capacidades y habilidades de dirección son indicadores robustos de un reducido nivel de capital humano.”

La evidencia empírica sobre esta cuestión es controvertida. En varios trabajos con el profesor V. Salas (2014, 2016 y 2017) hemos constatado que las diferencias en tamaños medios empresariales observadas en distintos países, responden más a factores de organización y gestión interna de las empresas asociados con la calidad del recurso empresarial y a la confianza entre los principales protagonistas de la acción colectiva de la empresa que a diferencias en el funcionamiento de los mercados laborales, financieros, de producto o a la regulación.

Los bajos niveles educativos de muchos empresarios españoles con o sin trabajadores, sus modestas capacidades y habilidades de dirección son indicadores robustos de un reducido nivel de capital humano. Este argumento se refuerza cuando consideramos como una aproximación a la calidad del recurso empresarial, la utilización o no de herramientas de gestión avanzadas por parte de las empresas y observamos para el caso español un limitado uso de herramientas complejas de dirección en muchas compañías.

Por eso, aspectos como la mejora en la gestión de las empresas familiares, la utilización de herramientas y técnicas avanzadas de dirección, la difusión de las mejores prácticas entre las organizaciones serían factores relevantes para conseguir que crezcan, aumenten su tamaño y mejoren su productividad muchas compañías.

Los empresarios deberían dirigir sus empresas sólo si tienen la formación y capacidades que les avalen para ello. Por eso, recurrir a directivos profesionales con niveles de formación mucho más elevados (más del 70% tiene formación universitaria frente a sólo un 37% los empresarios) es una fórmula que ayudaría a mejorar la calidad de la gestión en muchas pequeñas y medianas empresas. Otra iniciativa interesante consistiría en extender la información y el debate sobre lo que se consideran; cuáles son y cómo se implementan, buenas prácticas de dirección en la empresa moderna. Una mejora en la gestión de las pymes ayudará a definir estrategias competitivas más sólidas, a invertir más en activos intangibles, una fuente cada vez más importante de ventaja competitiva y promoverá su crecimiento y aumento del tamaño.

La cualificación adecuada de los miles y miles de empresarios y directivos que configuran el tejido económico de España y Navarra son condiciones necesarias para que se adopten las mejores prácticas en gestión empresarial que afectan, sin duda, al crecimiento de las empresas, su tamaño y productividad y tienen un reflejo directo sobre el crecimiento económico y el bienestar de la sociedad.

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