La insoportable levedad del dinero

La insoportable levedad del dinero

En mi último relato de economía-ficción publicado en este blog, El último obrero, reflexionaba sobre cómo sería el mercado laboral en el futuro, un futuro que podría verse seriamente alterado ante la sustitución creciente de puestos de trabajo intelectuales por ordenadores inteligentes.

Con el fin de ilustrar esta circunstancia con un ejemplo, reproduje un gráfico en el que se mostraba que, por primera vez, en 2015,el número de accesos semanales a la banca móvil en EEUU fue superior al número de visitas a las sucursales bancarias.

Todas aquellas transacciones se habían producido sin que mediara la intervención directa del personal de las sucursales pero, también se daba la circunstancia de que todos aquellos movimientos se habían realizado sin que se moviese ni un milímetro un solo billete.

Pensando sobre el tema me vino a la cabeza el libro Los alquimistas. Tres banqueros centrales y un mundo en llamas del periodista del New York Times Neill Irwing. En el primer capítulo, Irwing posiciona el origen de los billetes bancarios actuales en una fecha, un lugar, y un personaje muy concretos: en 1.661, en Suecia, y de la mano de Johan Palmstruch, un banquero nacido en Letonia, criado en Holanda y que posteriormente se desplazó a Suecia para dirigir el Stockholms Banco.

“Irwing posiciona el origen de los billetes bancarios actuales en una fecha, un lugar, y un personaje muy concretos: en 1.661, en Suecia, y de la mano de Johan Palmstruch”

En el momento de su incorporación a la prestigiosa entidad, la moneda sueca se emitía en cobre. Una placa de diez dáleros, la unidad de moneda más común, pesaba casi veinte kilogramos. La primera medida de Palmstruch consistió en ofrecerse a guardar las placas de cobre en la caja fuerte del Stockholms Banco emitiendo un billete como recibo. Los ciudadanos suecos acogieron entusiasmados la iniciativa al verse aliviados de tener que cargar con unas monedas tan pesadas y comenzaron a realizar grandes depósitos a cambio de billetes. Tardó poco el banco en sucumbir a la tentación de prestar ese dinero a terceros y menos aún en verse en la necesidad de  devaluar el dáler. Ante esta circunstancia, los ciudadanos suecos se presentaron en masa en el Stockholms Banco a retirar sus viejos dáleros. Palmstruch, angustiado ante la imposibilidad de devolver unas placas de cobre que había prestado, halló una solución que cambiaría para siempre el curso de las finanzas: imprimir billetes no asociados a una cuenta o depósito específico, sino intercambiables libremente entre las personas.

Los alquimistas pasaron siglos buscando una aleación de metales capaz de crear oro y resulta que Johan Palmstruch descubrió la fórmula utilizando algo tan simple y abundante como el papel. Hoy ese poder recae en los presidentes de los bancos centrales, de ahí el ingenioso título elegido por Irwing.

La sustitución del metal por papel moneda se hizo mucho más evidente trescientos años más tarde, en 1968, momento en el que el Congreso de Estados Unidos decretó el fin del patrón oro, el fin de la necesidad de que los dólares estuvieran respaldados por este metal, dando paso al sistema que hoy conocemos.

Pero ¿es este sistema el que prevalecerá en el futuro? No lo parece, o al menos eso es lo que piensa el ex economista jefe del FMI Kenneth Rogoff. En su libro, recientemente publicado, “Reduzcamos el papel moneda”, defiende una idea que hasta hace poco habría parecido impensable: deshacernos de los billetes bancarios, culpables, al menos en parte, de la corrupción, la evasión fiscal, el tráfico de drogas y la economía sumergida, y propone apostar, en su lugar, por la tecnología.

Precisamente en Suecia, lugar en el que nacieron los primeros billetes bancarios, éstos apenas representan en la actualidad el 2% de sus transacciones. La utilización de smartphones como medio de pago está siendo determinante. Niklas Arvidsson, profesor del Instituto Real de Tecnología de Suecia, prevé que antes de 2030 el papel moneda habrá desaparecido de su país. Muy cerca, en Dinamarca, no quieren esperar tanto. Se están planteando muy seriamente prohibir, desde este mismo año, el pago en efectivo en tiendas de ropa, gasolineras, y restaurantes.

“Los billetes bancarios son culpables, al menos en parte, de la corrupción, la evasión fiscal, el tráfico de drogas y la economía sumergida”

No parece que los billetes vayan a estar mucho más tiempo con nosotros, pero es posible que éste no sea el mayor cambio que veamos en los próximos años. Son muchos los expertos del sistema financiero que muestran una mayor preocupación ante el inquietante crecimiento de cibermonedas como bitcoin, la primera moneda virtual del mundo, que superó el pasado mes de marzo curiosamente el  precio de una onza de oro. Esta cibermoneda no tiene detrás un banco central que guíe sus pasos. Lo que para unos es el secreto de su éxito, porque evita la intervención de una élite no electa en la fijación de la política monetaria, para otros es un riesgo evidente, al no haber un organismo concreto que respalde la operativa, tarea que corresponde a los propios usuarios.

Quién sabe qué sistema prevalecerá, pero lo que parece seguro es que nos encontramos ante una nueva disminución del peso del dinero, del oro al papel y del papel a la nube. ¿Cabe mayor levedad?

Un comentario

  1. Pingback: Bitcoins,…bad coins? « De qué vais? #LosEconomistas

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