Monopolios no, gracias.

Monopolios no, gracias.

de Carlos Medrano Sola

 

El anuncio de huelga de estibadores ha dejado al descubierto las prebendas abusivas de los trabajadores del sector. El origen del conflicto está en la denuncia de la UE por el incumplimiento en ese sector del libre movimiento y establecimiento de empresas y particulares. Y es que los estibadores tienen el monopolio de la carga y descarga de buques. Los monopolios tienen el poder de dominar el mercado. Pueden abusar impunemente del usuario por su posición de poder. Sin embargo, en los mercados competitivos el cliente es el Rey, puede cerrar la empresa con tan solo decidir comprar en la tienda de enfrente.

La clave para dominar la negociación está en ser imprescindible. Dominar un puente y el que quiera pasar que pague. La negociación es asimétrica porque, desde el inicio, una parte tiene todas las de perder, por lo que, si la cuenta de resultados lo soporta, se termina por ceder a las pretensiones estratosféricas. Pero cuando la cuenta de resultados no da lo suficiente se prepara la mundial. Si la solución pasa porque la cuenta la pague el erario público, que no se hable más. A escote no hay nada caro. En este caso son los trabajadores, pero también las empresas abusan si les dejan. El origen es el mismo, conseguir que no haya competencia. Es decir, ser un monopolio para limitar la cantidad y subir el precio. El caso es parecido si hay unas pocas empresas que se reparten el mercado (oligopolio).

Pero, ¿dónde está el estado? Cabe recordar que una de las más importantes obligaciones del estado es proteger a la sociedad de los abusos de sus propios conciudadanos. En asuntos mercantiles no hay mejor solución que favorecer la competencia entre los participantes. La competencia favorece la variedad de productos y servicios a los precios más bajos. El Estado debe establecer un marco regulatorio que la fomente y que respete los derechos humanos, el medioambiente, y en general el pago de las externalidades (consecuencias negativas para los vecinos) por parte de sus causantes. El control de la competencia es típico en regímenes comunistas. También en el Estado fascista, en el cuál, el sector privado se coordina con el sector público bajo el control y supervisión del Gobierno.

Hay lobbies de una parte y los hay de la otra parte. Todo lobby tiene su financiador al que debe su existencia. La presión que sean capaces de realizar en Madrid (o Washington o el Palacio de Navarra,…) dará frutos para la industria a la que apoyan. Cada partido tiene los suyos. Lo ilegítimo surge cuando una industria consigue el apoyo del gobierno para imponer sus criterios, siendo estos, perjudiciales en alguna medida para la sociedad. Uno de los ejemplos más bochornosos es las subvenciones al cultivo del tabaco y a la vez, las subvenciones para las campañas contra el tabaquismo. Esquizofrenia del sector público.

La clave para evitar el abuso está en la opinión pública. Si el ciudadano no está informado de las consecuencias de las medidas gubernamentales no hará nada por evitarlas. Si por el contrario, tenemos una sociedad responsable e informada ejercerá su poder en las urnas doblegando a los abusones de turno. ¿Está nuestra sociedad actual capacitada para ejercer ese control? En mi opinión no. El discurso politiquero de bajo vuelo es el predominante en la opinión pública y de ese modo nos la meten doblada. Esperemos que la torpeza del PP de presentar el decreto sin apoyos parlamentarios unido al rechazo del PSOE y Podemos, no paralicen la reforma.

Los estibadores tienen sueldos muy por encima de los trabajadores similares en el sector privado. Controlan a quién se contrata lo que en la práctica les permite dejar el trabajo en herencia a sus hijos. Casualmente, o no, los trabajadores de Central Lechera Asturiana también piden el trabajo hereditario. Se apuntan a instaurar las “monarquías laborales”. Es prácticamente imposible convencer a los estibadores de que van a estar mejor con la nueva reforma. Ganarán menos y sus hijos no tendrán trabajo en herencia. Pero tendrán más oportunidades en un mercado libre con competencia. Incluso podrían trabajar en Central Lechera Asturiana (y viceversa).

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