Otra vuelta de tuerca

Otra vuelta de tuerca

En dos entradas anteriores (aquí y aquí) expuse mi creencia de que la Economía tal y como se enseña en casi todas las escuelas del mundo, adolece de un grave defecto de base en la construcción teórica de la demanda. Y que ese defecto del modelo básico de mercado no ha sido reconocido suficientemente por la investigación. Existen muy importantes excepciones como G. Akerloff y B. Shiller que ponen de manifiesto la insuficiencia de la teoría de la elección basada en las preferencias individuales; pero el tono de sus libros es, digamos, amable con la teoría standard y no hay en ellos propuesta alternativa alguna. En el segundo post dedicado a este problema expuse una posible reconsideración del equilibrio económico sobre la base de un modelo de punto fijo (del tipo de Arrow y Hahn en su texto de equilibrio general). A costa de repetirme, la propuesta consideraba que las industrias, los mercados, emiten señales que son: precios, expectativas de ventas y estrategias de generación de demanda.  Si éstas tienen éxito, las expectativas de ventas se ven satisfechas y los precios son de equilibrio. El sistema tiene entonces, un punto fijo.

Algunos comentarios a este último post, reducían el problema a uno más entre otros como el agente representativo o la información (im)perfecta (Mikel Casares). En otros se consideraba el caso de la competencia imperfecta y las técnicas del marketing como formas ya estudiadas de incorporar esos mensajes de generación de demanda (Javier Cebollada, Mikel). Creo que todos los comentarios de alguna manera minusvaloraban que es el modelo básico de competencia perfecta lo que se discute. Que, desde el punto de vista teórico, las preferencias exógenas, completas, transitivas y monótonas (o sea, insaciables) están en todas partes del análisis económico y no sólo en los modelos de competencia monopolística. Que esos axiomas del comportamiento (obsérvese: axioma, verdad que no necesita demostración) constituyen la piedra angular de nuestros conocimientos sobre el más sencillo de los modelos: el equilibrio competitivo.

En un comentario (Mikel) también se mostraba cierta extrañeza de que en mi post se vinculara de alguna forma este fallo del análisis con las grandes recesiones. Esto no era una opinión por mi parte: esto es un hecho. Ambas crisis de 1929 y de 2007 son crisis de demanda. Ambas se producen porque, de manera imprevista, las preferencias de los agentes económicos se alteran bruscamente; porque la preferencia por la liquidez (obsérvese: preferencia) sufre un cambio brusco, inexplicable y de consecuencias explosivas. Estos son los hechos. Lo que sí es una opinión es que la verdadera explicación del ciclo económico reside precisamente en los cambios de las preferencias. Y la incapacidad de la teoría para dar cuenta de ellos y paliar sus efectos sobre el bienestar, proviene en nuestro erróneo modelo de decisión individual construido sobre la base de esos axiomas.

Para que este post no sea una repetición, querría poner un ejemplo de cómo la evidencia experimental muestra que, hasta en al laboratorio, las preferencias no satisfacen los axiomas que se han citado, y, en particular en este ejemplo que sigue, el axioma de la monotonía.

El axioma viene a decir que el consumidor, el agente económico tiene preferencias insaciables. Eso significa cuanto más mejor siempre y en todo lugar, pero especialmente cuando el bien de que se trata es el ingreso o la riqueza financiera. Greed is good decía Gordon Gekko, el protagonista de Wall Street admirablemente interpretado por Michael Douglas. La insaciabilidad de las preferencias se ve cuestionada en el experimento que se lleva a cabo con el denominado juego del ultimátum.  En el juego hay una cierta cantidad de riqueza (en dinero, v.g. 100 €), un jugador llamado proponente y otro que responde. El primer jugador hace una propuesta de reparto (80, 20, digamos, primera cifra para el proponente).  El segundo jugador acepta -y el reparto 80-20 se lleva a cabo- o no -y entonces ninguno gana (0-0). Si las preferencias de los agentes son insaciables, el único equilibrio del juego es que el proponente hace una oferta de 100- para un valor de  infinitamente pequeño y el segundo jugador acepta inmediatamente. En el límite, pues, el único equilibrio racional del juego es (100, 0).

El juego ha sido sometido a la evidencia del laboratorio en casi infinitos contextos. Para resumir los resultados (Alvin Roth, 1995) digamos que: i) En promedio la propuesta inicial es de un 60-40 y se acepta en el 85% de los casos: ii) Cuanto menor es la propuesta mayor es la probabilidad de rechazo y iii) La propuesta modal es 50-50. De modo que la predicción de la teoría no se cumple lo cual prueba que las preferencias no deben ser tan monótonas. La razón que se arguye es que el valor del altruismo, la reciprocidad o la reputación moral juegan un papel mucho más relevante que la insaciabilidad de Gekko. El experimento se lleva a cabo en distintos países (USA, Serbia, Japón e Israel) y los resultados son similares.

Existen varias interpretaciones de por qué las ofertas menores se rechazan (lo cual ataca directamente la hipótesis de monotonía). La más consolidada es que la codicia es fuertemente castigada (se rechaza el comportamiento Gekko); sin embargo, también se apunta (Colin Camerer, 2003) que el comportamiento moral depende de la cultura de que se trate. En un experimento llevado a cabo en culturas primitivas (África, la Amazonia, Papúa-Nueva Guinea, Indonesia y Mongolia), las ofertas eran, en promedio, menores de 20 y casi siempre se aceptaban.

Así que, para terminar, volvamos a la tesis. La formación endógena de las preferencias y el incumplimiento de los axiomas que se predican de ellas no son un fallo más de la teoría; ni tampoco un caso particular de los modelos de competencia monopolística donde el marketing construye la diferenciación del producto. Hay algo más profundo y preocupante. Pero hay que reconocer que con el modelo standard que ofrece la teoría convencional desde los marginalistas, los economistas vamos de vivir más cómodos.

 

  1. Gracias de nuevo, Jorge, por un nuevo post estimulante y enriquecedor. Hace unas semanas, nuestro antiguo compañero del departamento de Economía en la UPNA, Jose Apesteguía (actualmente en ICREA), nos visitó y presentó sus resultados recientes de investigación en un seminario. Planteó la conveniencia de usar modelos de elección estocásticos, con unas preferencias que cambian con el paso del tiempo (dependiendo, por ejemplo, del ánimo con el que nos levatamos cada día). El modelo de preferencias fijas viola propiedades básicas para distintos niveles de riesgo. Sus propuestas creo que van en la línea de tu crítica a los axiomas de la teoría económica convencional. El artículo, del que también es autor otro ex-compañero de nuestro departamento (Miguel Angel Ballester), ha sido aceptado en el Journal of Political Economy. Si os interesa lo tenéis disponible en http://84.89.132.1/~apesteguia/Monotone_Stochastic_Choice_Models.pdf , y también hay una aplicación taurina sanferminera en http://84.89.132.1/~apesteguia/poster_sanfermines.jpg

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  2. Resulta muy interesante pero , quizás, un poco excesiva, por lo menos para mi, la afirmación del profesor Nieto de que la economía presenta un grave defecto de base en la construcción de la demanda. Sabemos, de un lado, que los supuestos fundamentales del modelo de competencia perfecta nos indican que los costes de obtener información por parte de los agentes, negociar los términos de la transacción y garantizar su cumplimiento son cero, o sea los costes de transacción son nulos, algo muy alejado de la complejidad de la realización de transacciones en una economía moderna donde hay costes de búsqueda, negociación y garantías (R. H. Coase). Además resulta bastante obvio que el modelo de competencia perfecta describe mal el funcionamiento de muchos mercados e industrias donde hay pocos jugadores, el cambio tecnológico es endógeno ..etc pero todas estas limitaciones que son muy relevantes, y la que plantea también de forma clara Jorge, han servido para que la investigación en los últimos cuarenta años se haya centrado en reconsiderar el modelo de competencia perfecta incorporando dimensiones como la asimetría en la información, el cambio tecnológico, la ausencia de mercados deseados o con menos extensión, la idea de que demanda y oferta no son exógenas y que es posible la existencia de equilibrios manipulados. Pero los trabajos de Akerloff y otros apuntan que algo ocurre en esa dirección, lo que pasa es que nos movemos despacio y la realidad va muy deprisa y esto nos deja insatisfechos..

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  3. Gracias por los estimulantes comentarios. Conozco el trabajo de Jose & Miguel Ángel desde su gestación. Está muy bien como casi todo lo que hacen estos dos extraordinarios jóvenes en cuya formación me complazco. Pero en la determinación estocástica de las preferencias está el azar o el mero paso del tiempo. Lo que yo creo es que las preferencias son un output del sistema. Ni siquiera son solo fruto del marketing, incluso en competencia monopolística. Son, como los precios o las cantidades, un RESULTADO del equilibrio. En el comentario de Emilio, se vuelve al mismo punto de considerar este problema como UNO MÁS de los que la teoría va resolviendo. Y creo que no. El núcleo del paradigma es el equilibrio competitivo. Sin ese núcleo, metodológicamente hablando, no existe propiamente ciencia económica. No es acaso es una pieza fundamental de ese núcleo la que está amenazada?

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