¿Necesitamos darle una vuelta a los planes de pensiones individuales en España?

¿Necesitamos darle una vuelta a los planes de pensiones individuales en España?

Los planes de pensiones privados, en genérico, pueden ser una interesante vía de ahorro para cumplimentar la pensión pública. Lo que es menos evidente es si su formato y características son las más adecuadas en España.

Es conocido que en nuestro país existen 2 tipos de planes de pensiones: de empleo y personales, dividiéndose estos últimos en asociados e individuales. Los planes individuales son los más conocidos y son sistemas abiertos a los que cualquier inversor puede solicitar realizar aportaciones. Los planes asociados y, lógicamente, los de empleo, necesitan del cumplimiento de la condición de vinculación para poder realizar aportaciones.

Pero, ¿son sólo cuestiones formales lo que diferencia a estos planes de pensiones respecto de los individuales? La respuesta es claramente negativa.

Pero antes de analizar esta problemática, reflexionemos sobre las características de conformación y gobierno de los planes individuales. En España, los planes individuales se conforman a modo de un fondo de inversión, promovido por la entidad financiera que lo lanza y al que se adhiere voluntariamente el partícipe. Si, como suele ser común en los planes individuales, el plan de pensiones se integra en un único fondo, es el promotor del plan quién elige y renueva, en su caso, tanto la entidad gestora como la entidad depositaria, entidades a las que hay que pagar periódicamente unas comisiones por sus servicios. Si bien en el ámbito anglosajón los planes individuales son claramente más flexibles y con mayor capacidad de elección para los partícipes (véase los SIPPs de UK o los IRAs norteamericanos), el mayor problema a mi entender, no se encuentra fundamentalmente en esta cuestión, sino en llevar al extremo un problema de debilidad del partícipe para resolver el eterno problema de agencia existente en planes pensiones y fondos de inversión. Es conocido que la entidad gestora pretende maximizar sus ingresos y el partícipe debería maximizar la rentabilidad ajustada por riesgo. Desafortunadamente, si los ingresos de la gestora no se encuentran relacionados directamente con las rentabilidades del partícipe, como es lo habitual, el problema de agencia está servido. Fama y Michael Jensen, en 1983 (Journal of Law and Economics) defienden que la opción de salida, es decir, el hecho de que el partícipe pueda solicitar salir del fondo de inversión (o del plan de pensiones) es un mecanismo que disciplina a la gestora y, por lo tanto, que reduce la necesidad de otros mecanismos de gobierno. En cambio, Ajay Khorana en una publicación en el Journal of Financial Economics en 1996, señalaba que estos conflictos deberían ser resueltos mediante mecanismos internos (consejo) o externos de gobierno corporativo (como la salida de dinero). De hecho, la propia regulación de la SEC americana se ha centrado más en la regulación de los primeros, tratando fundamentalmente la independencia de los consejeros.

Si, de nuevo, volvemos al marco español, en los planes de pensiones individuales no hay mecanismos internos que apoyen al partícipe. La regulación, como hemos señalado, prevé que sea el promotor quien renueve o no a gestora y depositaria. Por tanto, todo descansa en los mecanismos externos. Si los contextualizamos adecuadamente, el panorama no parece muy halagüeño. Hablamos de un sistema financiero concentrado, en el que la posición del partícipe para negociar los porcentajes de comisiones de gestora o depositaria se antoja esquelética. Además, el impacto de la retirada individual de un partícipe sobre la totalidad del plan es insignificante. ¿Qué ha previsto la legislación para ayudar al partícipe en un potencial conflicto con el comercializador o la gestora? La figura del defensor del partícipe.

Como simples datos para que podamos extraer algunas conclusiones, un reciente trabajo de Abinzano, Muga y Santamaría (2016) muestra que el importe medio de las comisiones que se pagan en los planes individuales frente a los de empleo es 3,85 veces mayor, y que una de las medidas clásicas de performance, como es el Índice de Sharpe, después de comisiones, es tan sólo del 30% del que obtienen los de empleo.

Y ahora, volvamos las diferencias de mecanismos internos de gobierno de ambos planes: ¿Cómo se gobiernan los planes de empleo? En este punto la legislación prevé que el promotor (la empresa), usualmente con porcentajes de voto del 50%, conjuntamente con trabajadores y beneficiarios configuran el Consejo de Supervisión del Plan que, si es el único que integra el fondo, lo será a su vez del fondo. ¿Cuáles son sus competencias? Pues entre otras, elegir y renovar la entidad gestora y la depositaria.

Nada sorprendentemente, un mecanismo interno alineado con los intereses de los partícipes permite un mejor sistema de monitorización de gestora y depositaria y, lógicamente, una gran capacidad de negociación con estas entidades para que se identifiquen mucho más claramente con los intereses de los partícipes.

Entonces, ¿por qué se ha sustraído a los planes individuales de algún tipo de mecanismo similar que ayude a que éstos puedan reducir los costes de agencia con sus gestoras y depositarias?

Una vez más, como ocurre periódicamente, se ha puesto de actualidad la problemática de los planes de pensiones públicos y de la posible combinación público-privada de la provisión de nuestros complementos para la jubilación. Por ello, quizás habría que pensar nuevamente en el diseño de nuestros planes de pensiones individuales. Por un lado, en cuanto a su propia configuración. Quizás explorar las vías anglosajonas podría ser enriquecedor. Pero, en mi opinión, se debería profundizar en la regulación de gobierno corporativo de dichos planes puesto que parece evidente que hay espacio para la mejora.

  1. Rafa, lo que nos cuentas viene a apuntalar lo que defienden algunos de mis mayores: “mejor ahorrar como toda la vida que hacer un plan de pensiones que tiene ninguna flexibilidad y además me sacan los cuartos los del banco” ¿o no?

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  2. El ahorro a través de un plan de pensiones puede tener dos ventajas específicas frente al ahorro por otra vía: ventajas fiscales y mayor potencial de diversificación. Incluso, aunque sobre esto existe una gran discusión teórica, permite beneficiarte de una gestión profesionalizada y, en consecuencia, con potenciales ventajas informativas sobre el pequeño inversor. No obstante, lo que se enfatiza en el post es que el sistema español de planes de pensiones individuales no es, en modo alguno, el mejor para los inversores. Ni tiene la flexibilidad de los sistemas anglosajones, ni su forma de gobierno corporativo deja a los partícipes los instrumentos para conseguir acercar los objetivos de las gestoras a sus objetivos. Estas son cuestiones muy relevantes que deberían modificarse para que los planes de pensiones individuales fueran una alternativa ventajosa al ahorro individual.Como sugieres, parecen más orientados a que puedan ser una vía interesante para que las entidades financieras puedan obtener rentabilidades no siempre justificadas.

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