El peculiar tratamiento de la energía nuclear en las estadísticas oficiales

El peculiar tratamiento de la energía nuclear en las estadísticas oficiales

Hemos comenzado el curso en el blog con cosas que no están bien resueltas en la teoría económica que explicamos en clase (aquí, aquí y aquí). Abundando en esa idea de las cosas que damos por buenas y puede que no lo sean tanto, hoy traigo el asunto de las estadísticas oficiales. Las estadísticas oficiales son información numérica recogida y utilizada por el gobierno y sus agencias para tomar decisiones sobre la sociedad y la economía. En teoría las estadísticas oficiales se recogen en el “interés público” y evitan los sesgos de los datos recogidos por intereses particulares. Sin embargo, nada impide que los gobiernos tengan sus propios objetivos a la hora de decidir qué datos recogen y cómo los muestran. Los cambios en la definición de desempleo son un buen ejemplo de cómo reducir la tasa sin alterar el problema subyacente. En el campo energético también las estadísticas oficiales pueden reflejar realidades diferentes.

“En teoría las estadísticas oficiales se recogen en el “interés público” y evitan los sesgos de los datos recogidos por intereses particulares.”

¿Son todos los kilovatios eléctricos iguales? Jorge Fabra explicaba hace algunos días que no. Las eléctricas nos los cobran todos iguales, aunque tengan características distintas. ¿Y en las estadísticas oficiales? En las del Ministerio de Industria los kilovatios son todos iguales…salvo los de procedencia nuclear que, al menos en dos sentidos, tienen tratamiento diferencial: en cómo se estima su contravalor en energía primaria y su consideración de energía de origen doméstico.

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Fuente: elaboración propia en base a datos del MINETUR, disponibles en: https://sedeaplicaciones.minetur.gob.es/Badase/BadasiUI/lstMuestraSeries.aspx

Me centraré en lo segundo puesto que lo primero requiere de una discusión compleja sobre la diferenciación entre energía primaria y secundaria que sigue abierta internacionalmente (sobre los problemas de definición se puede leer aquí y aquí). Solo indicaré que, para elaborar el gráfico de consumo de energía primaria, las estadísticas oficiales transforman la producción eléctrica nuclear utilizando el ratio 1 Mwh = 0,2606 tep (toneladas equivalentes de petróleo) mientras que para el resto de la producción eléctrica primaria (hidroeléctrica, eólica y solar) la equivalencia que se utiliza es 1 Mwh = 0,086 tep (véase el anexo estadístico del MINETUR). Dicho de otra manera, cada megavatio hora nuclear pesa el triple que el resto de megavatios en la estimación del consumo de energía primaria del país. Lo cual impacta en otras medidas como la intensidad energética (el ratio energía primaria por unidad de PIB), o la interpretación de la evolución de las distintas fuentes de energía. Pero dejemos este asunto para otro momento.

El gráfico sobre el consumo de energía primaria en España entre 1995 y 2015 nos permite observar algunas cuestiones. Para empezar, se observa bien el impacto de la crisis económica que arrancó en 2008 y que nos ha llevado a niveles de consumo de energía anteriores al cambio de siglo. Ya me había referido en un post anterior a la caída en el consumo de petróleo y de electricidad a propósito de la crisis, que se ha visto acompañada por las caídas de consumo de carbón y de gas natural también. Del conjunto del consumo primario de energía, los tres grandes bloques de la base del gráfico, son mayoritariamente importados. Lo cual tiene un peso sustantivo en la balanza por cuenta corriente: como nos recordaba esta semana el ex-ministro Miguel Sebastián, España se gasta el equivalente a los ingresos por turismo en pagar importaciones de petróleo. Así que reducir el consumo de combustibles fósiles es bueno para el país, mientras mantenemos e incluso aumentamos la producción de energía autóctona: hidráulica, eólica, solar…¿y nuclear?

“…España se gasta el equivalente a los ingresos por turismo en pagar importaciones de petróleo.”

Aquí viene el quid de la cuestión: desde el comienzo de la producción nuclear en España con la conexión de la central nuclear de José Cabrera (Zorita) en 1968, la energía nuclear siempre se ha considerado una fuente de energía de producción doméstica. Esto tuvo sentido durante el breve periodo en que se utilizó uranio español para alimentar las centrales nucleares españolas. El uranio natural, que hasta su cierre en 1989, utilizó Vandellós I, era de origen nacional. Pero el resto de reactores han requerido uranio enriquecido, un proceso que hasta 1974 monopolizaron los Estados Unidos, aunque el uranio proviniese de las minas españolas en los primeros años. El gobierno transfirió en 1972 todas las actividades mineras de uranio a una empresa mixta público-privada, ENUSA, con capital del INI y de las eléctricas que construían centrales atómicas. En 1979, por mandato legal, ENUSA comenzó a gestionar las existencias de uranio básicas, los inventarios que asegurasen el suministro de energía nuclear en España. A finales de 1980, dada la situación financiera de las eléctricas, la Junta de Energía Nuclear adquirió la totalidad de la participación de aquellas, convirtiendo ENUSA en una empresa plenamente pública. Esta gran empresa ha sido y sigue siendo la proveedora de combustible nuclear de todas las centrales nucleares del país, a excepción de Trillo que es suministrada directamente desde Alemania.

En España no hay instalaciones para el enriquecimiento del uranio y los elementos combustibles necesarios deben ser importados. Desde 1985 la fábrica de ENUSA en Juzbado (Salamanca) se encargada de fabricar los elementos combustibles de los reactores nucleares españoles a partir de uranio enriquecido de importación -unas 1.600 toneladas por año. Desde hace más de tres décadas, todo el uranio enriquecido que se usa en las centrales nucleares españolas es enteramente importado y, sin embargo, la energía nuclear sigue contabilizándose como energía de producción doméstica en las estadísticas oficiales. La cuestión no es baladí para un país con un grado de dependencia energética exterior altísimo, o lo que es lo mismo, con un grado de autoabastecimiento de energía primaria minúsculo. Los datos oficiales (insisto que recogiendo la nuclear como energía doméstica) indican que el autoabastecimiento de energía primaria en España ha sido en promedio de un 25 por ciento en los últimos 20 años, cuando la realidad es que la producción doméstica de energía primaria independiente de importación de materias primas es aproximadamente la mitad de esa cifra, en torno al 12,5 por ciento, como muestra el gráfico.

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Fuente: elaboración propia en base a datos del MINETUR, disponibles en: https://sedeaplicaciones.minetur.gob.es/Badase/BadasiUI/lstMuestraSeries.aspx

En definitiva, pese a la tozudez de las estadísticas oficiales de mantener lo contrario, la energía nuclear no contribuye a reducir la dependencia energética exterior de España.

“…pese a la tozudez de las estadísticas oficiales de mantener lo contrario, la energía nuclear no contribuye a reducir la dependencia energética exterior de España.”

Cosa bien distinta es que, de un tiempo a esta parte, el sector industrial ligado a este tipo de energía contribuye a mejorar la balanza corriente a través de la exportación de equipo y combustible nuclear. Pero esta ya es otra historia.

 

 

 

  1. Muchas gracias por este interesante post Mar. Dada la abundancia de información que tienes en estos aspectos energgéticos me gustaría hacerte una pregunta simple. Con los datos que manejas, ¿propondrías incentivos (no necesariamente económicos, podrían ser de discurso público) al desarrollo de la industria nuclear?

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  2. Tu pregunta es verdaderamente compleja. He aprendido mucho en los últimos años sobre el sector, y tengo dos proyectos de investigación abiertos en torno a la energía nuclear. Tengo más preguntas que respuestas todavía. Pero puedo tratar de explicar algunas cosas sobre el discurso público en torno a la energía nuclear. Durante las primeras décadas de la industria la apuesta nuclear vino acompañada de un discurso publico unánime en todo el mundo que en España se tradujo por el “o nucleares o vuelta al candil”. La nuclear se presentaba como la única opción viable para alimentar el crecimiento del consumo eléctrico: energía abundante y barata. Ese discurso no pudo seguir manteniéndose después de las crisis del petróleo (que diezmó el consumo energético y complicó sobremanera las finanzas de los proyectos nucleares) y se cuestionó duramente tras el accidente de Chernobyl en 1986. En España la moratoria nuclear llegó antes (se anunció en 1983) y tiene más que ver con lo primero que con lo segundo.
    Desde 1997 se pueden volver a construir centrales nucleares en España, pero existe un silencio incómodo en torno al sector. Ni siquiera los éxitos aparentes en materia de exportación de equipo nuclear se pregonan. Pero es que no hay análisis objetivos sobre la rentabilidad de los 10 reactores que se pusieron en marcha. Los costes privados los estamos intentando reconstruir a golpe de archivo, con los datos de los préstamos incurridos para la construcción. Los costes públicos tampoco están estimados y incluirían los costes de seguros, desmantelamiento, y almacenaje permanente (cuando tengamos un almacén), además de los gastos de poner en marcha las empresas públicas que se encargan del ciclo de uranio en el país ENUSA (que fabrica el fuel) y ENRESA (que se encarga de los residuos). En ello estamos.

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  3. Pingback: “La viga en el ojo propio”: el sector energético y los recursos públicos « De qué vais? #LosEconomistas

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