¿Está la sociedad anestesiada?

¿Está la sociedad anestesiada?

de Ariadna García-Prado

Estos días no paro de pensar en lo importante que es la sociedad civil como pilar del desarrollo de un país. Por sociedad civil me refiero a la conformación de diferentes asociaciones, grupos comunitarios y organizaciones sin ánimo de lucro que actúan como garantes de la transparencia de las instituciones, como motor de la participación social y del ejercicio responsable de la ciudadanía y/o como canal para evitar que el poder se ejerza verticalmente y de modo arbitrario. La fortaleza de la sociedad civil es un síntoma inequívoco de que los ciudadanos están dispuestos a ser agentes del cambio, esforzándose para conseguir una sociedad mejor. Es precisamente este “ser agente del cambio” uno de los puntos esenciales que Amartya Sen, economista y filósofo, premio Nobel de economía, señala, junto con la expansión de las libertades sustantivas (acceso a los servicios de salud y educación de calidad, derecho al voto, derecho a debatir y expresarse, libertad de elección), como elemento clave para el desarrollo económico de un país. El enfoque de Sen contrasta con perspectivas más estrechas sobre el desarrollo, como las que lo identifican con el crecimiento del producto nacional bruto (PNB), el incremento de los ingresos personales, el avance tecnológico o la modernización social.

“La fortaleza de la sociedad civil es un síntoma inequívoco de que los ciudadanos están dispuestos a ser agentes del cambio, esforzándose para conseguir una sociedad mejor.”

Y pensando en la sociedad civil y el desarrollo me ha dado por reflexionar sobre cómo en este país nos hemos acostumbrado a aceptar políticas arbitrarias, falta de transparencia, y niveles de corrupción intolerables que, sin duda, van en detrimento del desarrollo económico. Y aunque la ciudadanía está frustrada, decepcionada con la clase política y con este tipo de comportamientos, la mayoría se limita a votar, esperando que con el cambio de gobierno las cosas irán mejor. Pero ser “agente del cambio” implica mucho más que votar en las elecciones. La participación social de los ciudadanos y la construcción de políticas desde la base de la sociedad es esencial para el buen gobierno. Se trata de construir de abajo a arriba y no al revés.

“… aunque la ciudadanía está frustrada, decepcionada con la clase política y con este tipo de comportamientos, la mayoría se limita a votar, esperando que con el cambio de gobierno las cosas irán mejor.”

Un ejemplo notable de políticas verticales en nuestro país se encuentra en el ámbito de la educación, en donde hemos vivido múltiples reformas: La LODE, La LOGSE, la LOCE, la LOE y la LOMCE. Son tantas que ya ni recordamos sus siglas. Con cada cambio de gobierno, una nueva reforma, algunas echando marcha atrás completamente lo anterior y muy pocas construyendo sobre lo que ya funcionaba bien; la mayoría sin evaluaciones de su impacto. Un claro ejemplo de utilización política de la educación. Y en Navarra más de lo mismo: desde la manipulación política del programa bilingüe en castellano-inglés (PAI) hasta la restructuración arbitraria y sin transparencia de varias escuelas infantiles de Pamplona. En este último caso, el gobierno todavía ha ido más lejos, sin respetar el principio básico de gradualidad propio de cualquier reforma educativa e imponiendo el euskera no a los nuevos alumnos sino a todos los que ya estaban escolarizados, a pesar de que en ningún momento solicitaron ni eligieron este nuevo modelo.

Todas estas reformas tienen consecuencias graves que trascienden a los colectivos afectados. En Navarra, por ejemplo, tras los últimos acontecimientos en materia de educación, se ha establecido un precedente muy peligroso que promueve la implantación de reformas sin gradualidad. ¡Que se echen a temblar los niños y niñas que hayan elegido el modelo A, G o D en cualquiera de las escuelas públicas! En cualquier momento éste o cualquier otro gobierno les puede imponer a todos ellos, ya escolarizados, otro modelo lingüístico y pedagógico distinto al que eligieron. Y ante todo esto cabe preguntarse: ¿dónde está la sociedad civil? ¿dónde están las distintas asociaciones que representan la educación pública en Navarra? ¿dónde están los ciudadanos? ¿está la sociedad anestesiada? La movilización de la sociedad civil, salvo excepciones, ha sido claramente escasa e insuficiente. Probablemente, muchas personas piensan que como no han sido afectadas directamente por estas medidas, no tienen por qué movilizarse. Pero se equivocan.

“Una sociedad civil débil es caldo de cultivo de una sociedad pasiva y poco solidaria. Y ser sujetos pasivos nos convierte en co-responsables de las políticas arbitrarias que nuestros gobiernos adopten.”

Una sociedad civil débil es caldo de cultivo de una sociedad pasiva y poco solidaria. Y ser sujetos pasivos nos convierte en co-responsables de las políticas arbitrarias que nuestros gobiernos adopten. En su libro “Bowling alone”, el sociólogo Robert Putnam, profesor en la Universidad de Harvard, analiza el debilitamiento de la sociedad civil en Estados Unidos en las últimas décadas, y muestra datos de la reducción notable del número de asociaciones comunitarias, lo que ha llevado a la sociedad americana a ser más individualista y menos solidaria. Nosotros no debemos seguir esta senda. Necesitamos que nuestra sociedad se despierte y que los ciudadanos actúen como agentes del cambio con conciencia social. Porque si de verdad queremos promover el desarrollo económico y la libertad de elección de las familias en materia de educación; si de verdad queremos un sistema público educativo de calidad para todos más allá de las ideologías, no debemos ni podemos quedarnos sentados en el sofá. Sirva como ejemplo el caso de El Salvador, un país mucho menos desarrollado que el nuestro en el que, gracias a la implicación proactiva en la gestión de las escuelas de los padres y madres de alumnos y de distintas agrupaciones comunitarias, se ha conseguido mantener un programa de educación pública estable (EDUCO) durante 25 años, y todo ello a pesar de haber afrontado cambios de gobierno de ideologías totalmente opuestas. Si es posible en El Salvador, también lo es aquí. Aunque estemos más desarrollados, todavía nos quedan muchos logros que alcanzar en nuestra acomodada sociedad del bienestar.

 

 

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