El futuro exponencial

El futuro exponencial

Los economistas hablamos mucho del futuro, quizás más de lo que deberíamos. En cualquier caso es algo que continuamente se nos demanda aunque no tengamos mucha más capacidad de respuesta de la que podría tener un médico al ser preguntado sobre la salud futura de una paciente. Por muy sana que esté, ¿quién te asegura que mañana no la atropellará un coche?

Con este post me gustaría hacer algunas reflexiones muy genéricas sobre el futuro, reflexiones que me han surgido en los últimos meses tras escuchar la conferencia Incógnitas y certezas en tiempos de post crisis que impartió Guillermo Dorronsoro en el acto de celebración del 25 aniversario de la revista Negocios en Navarra y de leer el artículo publicado en Jot down por Sergio Parra con el título El STEM está cambiando el mundo mucho más de lo que crees. Me pareció observar una cierta continuidad entre el análisis del pasado de Dorronsoro y las proyecciones de futuro de Parra.

Es imposible conocer el futuro pero no el pasado. En ocasiones, echar la vista atrás puede ayudarnos a establecer proyecciones, especialmente cuando observamos largos periodos de tiempo. En este sentido, Dorronsoro, en la mencionada conferencia proyectó el siguiente gráfico, en el que se puede observar la evolución de la población mundial y el índice de desarrollo social en los últimos 4.000 años:

Gráfico 1: Evolución de la población mundial y el índice de desarrollo social en los últimos 4.000 años

social development index.png

Independientemente de otras consideraciones, como el error de las previsiones de Malthus y otros agoreros, no puede negarse que salta a la vista un profundo cambio en los últimos 250 años. En este cambio pueden diferenciarse dos fases. Un primer punto de inflexión, que muchos autores identifican con la invención de la máquina de vapor de Watt en 1775, y con la que el hombre comenzaría a superar sus limitaciones físicas, y un segundo punto de inflexión, tan profundo como el anterior pero mucho más reciente, que autores como Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee del MIT relacionan con la Inteligencia Artificial, la digitalización y el crecimiento exponencial de las tecnologías de la información, cambios que supondrían la superación de nuestras barreras intelectuales.

Me gustaría detenerme en el tercer pilar señalado por estos autores, el del crecimiento exponencial de las tecnologías de la información, por enlazar con las principales reflexiones del mencionado artículo de Sergio Parra basadas en la Ley de Moore. Esta ley, originada en la década de los sesenta por Gordon Moore, cofundador de una conocida empresa de microprocesadores, establece que la velocidad del procesador o el poder de procesamiento total de las computadoras se duplica cada doce meses.

Como señala Sergio Parra: lo realmente inquietante es que actualmente ese crecimiento de poder de computación continúa produciéndose. Que en nuestros bolsillos, gracias a nuestro smartphone, hay más potencia informática de la que se requirió para llevar al ser humano a la Luna. Y que ahora, justo ahora, los saltos exponenciales serán mucho más apoteósicos que antes. Tan apoteósicos que ni siquiera somos capaces de imaginarlo.

“… en estos momentos nos encontramos en el punto de inflexión de la curva exponencial, punto a partir del cual cada salto extra supone aumentar la cifra miles de veces, millones,…”

Según el autor en estos momentos nos encontramos en el punto de inflexión de la curva exponencial, punto a partir del cual cada salto extra supone aumentar la cifra miles de veces, millones,… y punto en el que, de nuevo, se abren las dos vías sempiternas sobre el futuro que nos espera, la del final de la humanidad, y la del comienzo de un mundo feliz.

Con respecto a la primera, la pesimista, quizás una de las previsiones que más impacto ha tenido en los últimos años fue la realizada por el físico Stephen Hawkings cuando en diciembre de 2014 advirtió de que el desarrollo de una completa inteligencia artificial (IA) podría traducirse en el fin de la raza humana, añadiendo una nueva amenaza a su lista particular en la que ya figuraban los virus, las guerras nucleares, e incluso, la llegada de alienígenas.

Aunque personalmente siempre me he encontrado más en este bando, he de reconocer que el artículo de Parra me ha hecho cuestionarme mi posición y explorar previsiones más esperanzadoras, encontrando referencias muy relevantes, señaladas por este autor en su blog, que prevén un futuro prometedor tras este segundo punto de inflexión.

De esta manera encontramos a autores como Peter H. Diamandis y Steven Kotler que no sólo no prevén problemas de escasez de recursos sino que vaticinan tal abundancia que nos encontraremos con el problema de aprender a gestionarla. Steven Johnson nos habla de un futuro casi perfecto basado en la democracia líquida y que podremos alcanzar gracias a la universalización de la red. El psicólogo Steven Pinker demuestra con cantidades ingentes de datos que cada vez somos menos violentos, menos racistas, más empáticos, y más cívicos, llegando a utilizar como metáfora de nuestros sucesores a los mismísimos ángeles del cielo. Matt Ridley, sugiere que los seres humanos siempre acabamos encontrando una salida a nuestros problemas mediante descubrimientos fortuitos o por movimientos sociales poderosos. Y, por último, Jeremy Rifkin vaticina que en un futuro, mucho más cercano de lo que pensamos, el ser humano ya no necesitará trabajar.

Después de este último vaticinio, ¿quién puede mantener su pesimismo?

  1. Gracias por la dosis de optimismo, Juan. Los economistas, como los médicos, para continuar con tu metáfora, se sienten mucho más cómodos prediciendo catástrofes que parísos. A eso se le llama en castellano antiguo “curarse en salud”. Me permito puntualizar el papel de Malthus en la Historia de la Economía. La calificación de agorero no le sienta bien. Fue un pesimista (que, según Woody Allen es un optimista bien informado) en reacción contra el optimismo inflacionario de los racionalistas radicales de la generación anterior, como su padre, Malthus Sr. Pero sus predicciones no son erróneas en absoluto, sino de las pocas que aguantan incólumes después de más de 200 años. Para su correcta interpretación se requiere cambiar “alimentos” por “medio ambiente” o “recursos naturales” y entonces diríamos que “a dia de hoy, Malthus vive y goza de una excelente salud”.

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  2. Gracias a ti por el comentario, Jorge. Dudé si poner lo de “agoreros” porque me pareció una calificación un tanto frívola que podía despertar cierta controversia. Pero, por otro lado, creo que despertar una cierta polémica es una de las partes divertidas de este blog. Simplemente quería hacer notar que en el gráfico de Dorronsoro no se aprecia una divergencia en la trayectoria del crecimiento de la población y la del índice de desarrollo social, identificando este último como proxy de los alimentos, ya que una población desnutrida dificilmente podría aumentar su esperanza de vida. En cuaquier caso, retirado lo de agorero!

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  3. Enhorabuena Juan por el post. Es un tema muy interesante. Relacionado con este tema, y por si a alguno le interesa, hay un episodio muy estimulante del programa de Iñaki Gabilondo (‘Cuando ya no esté. El mundo dentro de 25 años.’ Temporada 2016. Episodio 2) en Movistar + con Jose Luis Cordeiro, uno de los fundadores de la Singularity University. En el se aborda el impacto y el cambio que se producirá en la sociedad con la utilización de tecnologías exponenciales.

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  4. Juan, un post muy sugerente. Me llama la atención ese último vaticinio de que pronto el ser humano no necesitará trabajar. Ese hecho supondrá un enorme cambio en la vida de las personas. Si el ser humano no trabaja, ¿de qué dependerá su riqueza?. ¿De lo que ha heredado al nacer y del ritmo al que se lo gasta? ¿A qué dedicará (todo) su tiempo libre?. Es probable que ese momento signifique el tercer punto de inflexión de la humanidad. ¡Que pena que no lo voy a ver!

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    • Gracias, Javier. Realmente Rifkin habla de la desaparición del trabajo tal y como lo conocemos al ser sustituido por máquinas y robots de todo tipo. Cree que la distribución de la riqueza en esta situación requerirá de un nuevo Contrato Social no exento de peligros. Con respecto al tiempo libre, Rifkin prevé una importancia creciente del tercer sector en el que el voluntariado dejará paulatinamente de ser considerado tiempo libre para convertirse en parte nuclear de la dedicación de un creciente número de personas.

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  5. Recientemente se ha publicado en El País un artículo relacionado con este tema de elbtrabajo en la era de los robots elpais.com/elpais/2016/11/21/talento_digital/1479728464_570506.html.

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  6. Pingback: El último obrero – dequevaisloseconomistasblog

  7. Pingback: De qué vais? #LosEconomistas

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