Elogio de la desigualdad

Elogio de la desigualdad

 

-Esto no tiene nombre –dijo el indignado. ¿Cómo explicáis los economistas esta lacra horrible de desigualdad en la que la crisis del sistema nos ha sumergido?

-Sí, es verdad -dijo el economista. La desigualdad ha aumentado notablemente en los últimos años.

-No sólo ha aumentado -dijo el indignado-. Se trata de niveles escandalosos. He leído que España es el país más desigual de Europa tras Letonia. Más desigual que cualquiera de nuestros socios europeos.

-Sí, es verdad.

-Además- dijo el indignado- el 20% de los que más ganan tienen casi 7 veces los ingresos del 20% de los que menos ganan. También por encima de países como Grecia (6,0), Portugal (5,7), Italia (5,6), Reino Unido (5,3), Francia (4,6) y Alemania (4,5).

-Sí, eso también es verdad –dijo el economista.

-¿Y sabías que el 1% de los que más ganan, es decir, los ricos de verdad disfrutan casi del 9% de los ingresos totales antes de impuestos?

-Sí, creo que hemos leído los mismos datos del artículo de G. de la Dehesa en EL PAÍS. Y también que en este último apartado nos superan Gran Bretaña (14%) y EEUU (18%).

-No pretenderás que eso sea un consuelo –dijo el indignado.

-Parece ser que consideras la desigualdad como un gran problema -dijo el economista-. Intuyo que te definirías como un igualitarista, un defensor a ultranza de la igualdad. En ese caso permíteme algunos comentarios.

El primero es que pese a lo que pudieras decir, no creo que seas un igualitarista. Nadie con un mínimo de sensibilidad hacia la pobreza o a la desgracia puede serlo. La sociedad no debe tratar igualitariamente a todos sus miembros. Si así fuera, no existirían ayudas para los disminuidos, ni becas, ni sanidad ni educación pública. Todos estos logros del Estado de Bienestar provienen de tratar desigualmente a los miembros de la sociedad. Y lo mismo ocurre con los impuestos progresivos, con las exenciones fiscales, con las rentas mínimas, o con las ayudas a la mujer. La justicia distributiva es, por definición, contraria a la igualdad de trato. La máxima expresión de los valores de la socialdemocracia contemporánea es la Teoría de la Justicia de John Rawls. En ella se aboga, entre otras cosas, por el principio maxmin, es decir, por mejorar al máximo la situación de los más desfavorecidos, preservando la eficiencia del sistema. Lo cual no implica que no haya personas que ganen más (o mucho más) que los más pobres. Se trata de preocuparse mucho más por eliminar la pobreza antes que de eliminar la desigualdad. Se trata, en fin, de alcanzar una desigualdad socialmente deseable, mucho más que de la igualdad.

-Bueno, sí, qué trivialidad- dijo el indignado.

-No, no lo es, en absoluto. Hemos oído decir, incluso a los empresarios, que la desigualdad es un grave problema de este país. A los empresarios, que tienen como una de sus misiones buscar y contratar el talento y retribuirlo muy bien (y muy desigualmente) para la generación de valor.

-¿Me estás diciendo que la desigualdad no es un problema? ¿Estoy oyendo bien? –dijo el indignado.

-Sí, estás oyendo bien. Lo que digo es que la desigualdad aquí y en todas partes, ahora y siempre, es una descripción. Un fotograma. Que el problema no es la desigualdad sino las causas de la desigualdad. Que existe una desigualdad saludable. Una a la que ninguno de nosotros, pobres o ricos, querríamos renunciar. Este es el mensaje de John Stuart Mill, para mí el verdadero fundador de la socialdemocracia, el mayor adalid de la redistribución y de la equidad social en el sistema de mercado. Que la desigualdad entre los seres humanos, su diversidad, sus diferencias en motivaciones, en gustos, en aptitudes y, cómo no, en los ingresos que se derivan de todo ello, no sólo son convenientes sino que son necesarias para una sociedad mejor. Y que las experiencias históricas de sociedades que se declaraban estrictamente igualitarias, han resultado en altos niveles de desgracia humana.

-Esto es el colmo. Estás abogando a favor de la desigualdad.

-Estoy abogando a favor de la Sociedad Avanzada en términos de Popper. Estoy abogando a favor de la justicia.

-Te estás contradiciendo- dijo el indignado.

-No –dijo el economista-. Verás, observemos las causas de las desigualdades. Algunas provienen de ciertos sacrificios, en términos de ahorro, de inversión, de esfuerzo, de dedicación, de talento. ¿Están justificadas las desigualdades de ingresos resultantes en estos casos? Puede que sí, ¿no?

-Bueno, algunas tal vez sí, pero no tanta desigualdad –dijo el indignado.

-Bien; convendrás conmigo en que encontrar una cuantía máxima de la desigualdad aceptable de salarios es muy complejo y además podría ser hasta muy injusto. He oído que un objetivo de Podemos es una política de rentas en la que los que más ganen no ganen más de 4 veces los que menos. Por qué 4 y no 6’25 es, para mí un misterio. ¡Y eso en todos los casos! ¡Indiscriminadamente!

-Bueno, yo no hablo de Podemos. Supongo que se refieren a los salarios públicos.

-Dejaré clara una cosa y termino con este discurso. Parte de la desigualdad en los ingresos (los resultados) proviene de la desigualdad en las oportunidades. Esa es la lacra que es necesario combatir desde el punto de vista social. Esa es la desigualdad injusta. Y esa es precisamente la causa mayor de la desigualdad en este país. La baja cualificación, el bajo nivel de capital humano, la baja productividad. Todo es fruto, mayormente de un desigualdad en el origen, de la falta de oportunidades para muchos en el acceso a la educación, a la formación. En cambio, si las oportunidades fueran, no ya iguales, que es prácticamente imposible, sino similares entre las distintas clases sociales, los resultados finales serían el producto de la libre elección entre las ocupaciones, del esfuerzo dedicado y del talento innato que nos es dado por la naturaleza. Si dos individuos tuvieran acceso a la misma educación, a las mismas fuentes de conocimiento; si ambos pudieran dedicarse a las mismas tareas, las desigualdades resultantes en los ingresos que obtengan, en la riqueza que acumulen, sólo serán el resultado de su libre elección: del esfuerzo que elijan hacer, del tipo de vida que deseen llevar. En ese caso, ¿qué tendría de injusta la desigualdad?

-Ya, pero has dicho que la igualdad de oportunidades no es posible- dijo el indignado.

-Es verdad. Por eso, de una parte, la sociedad debería hacer lo posible por igualar las oportunidades de sus miembros. Y de otra, para tratar la desigualdad de oportunidades que todavía quede, los impuestos progresivos podrían ser una justa compensación, aunque afecten a los resultados. En cualquier caso, debe quedar claro esto: si las oportunidades abiertas a los miembros de la sociedad fueran tan similares como sea razonablemente posible, la desigualdad de los ingresos resultante de ello, fruto de la libertad de elección, resultará, por grande que sea, bienvenida.

El indignado se marchó indignado, claro; no sólo con la desigualdad, sino también con el economista. El economista, por su parte, se marchó apesadumbrado por la carga de su misión. No es fácil dedicarse, pensó, a la voladura controlada de los tópicos.

 

 

 

 

  1. Algunos comentarios:

    (a) Mi primera respuesta al indignado sería que la desigualdad mundial no sólo no ha aumentado en la última década, sino que ha disminuido (al igual que la pobreza absoluta); lo que ha aumentado es la desigualdad intra-país en algunos países “ricos”. La idea de que la desigualdad (sin apellidos) ha aumentado es, por tanto, una media verdad muy peligrosa.

    (b) Hay una pequeña trampa argumental cuando se dice primero que “si las oportunidades fueran […] similares […], los resultados finales serían el producto de la libre elección entre las ocupaciones, del esfuerzo dedicado y del talento innato” y luego que “las desigualdades resultantes en los ingresos que obtengan […] sólo serán el resultado de su libre elección”. El talento innato está, por definición, fuera de la libre elección del individuo. Por tanto, podría defenderse perfectamente que se debería realizar redistribución para compensar por diferencias en talento, del mismo modo que se defiende compensar por factores aleatorios.

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    • Gracias por el comentario. Respecto al punto a), si hemos de creer a Piketty, y me temo que sí, la desigualdad entre países ha disminuido desde los años 50 hasta los 90 del s. XX (Kuznets) pero en los últimos 50 años ha aumentado de forma muy notoria, de modo que el sueño de un capitalismo igualador se ha esfumado. Respecto al punto b) la creencia de que el talento no es objeto de (especial) compensación, se basa en que si lo fuera, entonces toda diferencia innata que sea generadora de ingresos diferenciales debería serlo también. Así que los bajitos pediremos ser compensados por las menores probabilidades de jugar en la NBA ya que eso no es el fruto de la libre elección. Y lo mismo con los menos agraciados, los rubios o los morenos… Imposible. Así que una política realista debe dejar fuera de la compensación social aquellas diferencias que son fruto de las elecciones tanto de los individuos como en cierto sentido de la naturaleza, siempre que no sean discapacitadoras. Para el tratamiento del resto de las diferencias, entre ellas las (no-patológicas) naturales, propongo los impuestos progresivos, aunque éstos giren sobre los resultados.

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  2. Me imagino al ecoonomista como un hombre que pesa 130 kilos y cuando el médico le dice que debe bajar de peso le responde con una reflexión sobre los peligros de la desnutrición. Dicho de otra forma, es probable que entre los problemas económicos que afectaron a Cuba en la década de 1990 se encontrara una desigualdad demasiado baja; pero la España de hoy (y cadi cualquier país diría) no es ese el problema que enfrenta. La candidez del economista al discurrir sobre las causas de la desigualdad me hace pensar que es él quien ocupa el rol de Simplicio en este diálogo. Y sobre volar tópicos: los argumentos del economista están repletos de ellos. Como bien dice la Biblia: no hay que andar buscando la paja en el ojo ajeno. Por último: Popper abogaba por una sociedad abierta (no avanzada), la que se define en oposición al totalitarismo sin discurrir sobre la desigualdad de ingresos. De hecho en los cuarenta (cuando escribió ese libro) aún se consideraba socialista.

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  3. La desigualdad, con independencia de que sea subproducto o no de la igualdad de oportunidades es mala para el funcionamiento de las sociedades por varios motivos: (i) afecta el funcionamiento y calidad de lo sistemas políticos pues deforma democracias en plutocracias (ii) favorece las crisis fiscales, financieras y reduce el crecimiento (si ese fuese un objetivo deseable, que en el frame mental de la mayoría, de hecho, lo es) (iii) fomenta la envidia, y la envidia lleva a la infelicidad (y al lado oscuro), (iv) está detrás deguerras civiles, conflictos sociales, etc y (v) está además relacionada con aumentos en tasas de pobreza, criminalidad, mortalidad, etc. Todo esto está respaldado por evidencia empírica (esto no es mi opinión).
    Por tanto, todo este argumentario que haces de que por muy grandes que fuesen las desigualdades entonces “welcome” si es condicional a que previamente hubiese igualdad de oportunidades, no se sostiene por ningún lado. Tampoco abogo por la igualdad absoluta, pero si tienes en cuenta los efectos (i) a (v), no veo como puedes sostener que el criterio de la igualdad de oportunidades sea el relevante para determinar lo que estaría OK y lo que no.

    PD: Con respecto a lo comentáis de Piketty os dejo una desmontada potente a su teoría y sus leyes del capitalismo que igual os interesa
    http://www.brookings.edu/~/media/projects/bpea/spring-2015-revised/roglinetext.pdf

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    • Tu primera frase, muestra que has leído el post totalmente sesgado (no te preocupes, es natural, a eso se refiere la última frase del economista). Porque vaya si importa de donde proceda la desigualdad de rentas. Cuando procede de la desigualdad manifesta en las oportunidades de vida, entonces suscribo todas las catástrofes que mencionas de i a V. De los efectos i a iv que mencionas (el v ya es explícito), TODOS son problemas de POBREZA que es el objetivo a batir, que no de desigualdad. Si todos los habitantes del mundo vivieran una vida razonablemente buena (fruto de amplias portunidades, cómo no) entonces que unos cuantos sean muy muy ricos, sería de verdad tan grave? No lo veo.

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      • A ver, Jorge entiendo tu lógica. Estás diciendo que si hiciésemos un contrafactual de la distribucion de ingresos con igualdad de oportunidades y sacasemos la diferencia entre los niveles de desigualdad en el mundo con igualdad de oportunidades y sin igualdad de oportunidades, entonces, podríamos ver que proporción de la desigualdad es justa e injusta. Pero aún siguiendo esa línea, tampoco lo veo claro, me parece que deberías hacer el contrafactual teniendo en cuenta igualdad de oportunidades e igualdad de elecciones pues de otro modo no puedes ver el efecto suerte acumulándose a lo largo de la vida del individuo. Una de las explicaciones de efecto + en desigualdad de poblaciones viejas es precisamente ese: shocks aleatorios en las distintas partes de la distribución y pobres que no consiguen volver al punto relativo inicial. Y aún cuando pudiesemos sacar estas magnitudes hipotéticas con esos contrafactuales, esto no quita que esa desigualdad “justa” no pueda producir efectos negativos (i) a (v) con efectos netos sociales más perjudiciales que el promover incentivos a la movilidad, a poner a los mejores y más aptos arriba en la jerarquía, etc.

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  4. A ver Vicente, no es tan complicado. La teoría de la elección social pretende responder a esta pregunta: ¿qué es la justicia distributiva? Una larga lista de filósofos y economistas han intentado contestarla y con algún muy humilde escrito yo también me he unido a ella. Ha habido dos (grandes) respuestas: el utilitarismo, basado en la noción de justicia como imparcialidad y el igualitarismo basado en la idea de justicia como igualdad. La versión moderna del utilitarismo es la procupación por el crecimiento del PIB -que no se pregunta de dónde viene, si de ricos o pobres- o el análisis coste beneficio. En cuanto al igualitarismo hay muy diferentes versiones según se conteste a la pregunta “igualdad ¿de qué?” (Roemer, Dworkin, Cohen, Rawls…) En la Crítica al Programa de Gotha, Marx abogaba por lo que llamaríamos hoy “igualdad de bienestar”. Pero muy pronto los marxistas analíticos y otros igualitaristas se dieron cuenta de que en el bienestar influyen cosas que son resultado de la elección personal y que están en la esfera de control de los individuos (vid. “el problema de los gustos caros” de Roemer). La moderna versión del igualitarismo que sostengo es que la única igualdad moralmente significativa para una política pública es la igualdad de oportunidades por razones expuestas que no quiero repetir. La apelación indiscriminada, sin matices y, en ocasiones, altamente demagógica al “problema de la desigualdad” olvida: 1) que la desigualdad es la fuente de la riqueza de las naciones y 2) que definir la desigualdad moralmente injusta requiere un esfuerzo intelectual que va mucho más allá de los porcentajes descriptivos con los que a a menudo se justifica.
    Dicho lo cual, que sepas que te agradezco la posibidad de este debate.

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  5. Es un artículo que demuestra que este hombre no nos conoce ( a los indignados), más que en contra de la desigualdad de forma moral,que puede ser también, estamos en contra de la expropiación por parte de una élite, cualquiera diría que han aumentado las diferencias según talento, pero lo cierto es que se han igualado los sueldos entre maravillosos científicos y camareros hasta límites inimaginables hace 20 años ( hay sitios donde un jefe de camareros gana más de 2000 euros, sueldo que muchos científicos de talento ni aspiran a ganar). Las diferencias están entre quien posee y quien no.
    Siento ser marxista en este caso, pero es entre burgueses y proletariosdonde se juega la partida. y dentro de los burgueses los que se dedican a productos financieros o de primera necesidad, al vampirismo puro vamos. O bien se apropian de lo que es de todos,agua terrenos, espacio o generan lo que no produce nada: dinero. Yo cuando miro un artículo sobre desigualdades, lo que observo es como va el proceso de expropiacion de las familias porpietariasde la banca y las corporaciones sobre el resto de la población, no si un reputado medico gana más que un pinche de cocina.
    Los movimientos de indignados ha creado un sujeto político contra el 1%, contra el oligopolio y los bancos. No abogamos por poner topes salariales. Los asalariados nunca son privilegiados siempre reciben un salario peor al beneficio que generan por muchos millones que ganen .Nosotros queremos la expropiación del 1%, del oligopolio bancario-finaciero. Somos socialdemocratas y como tales queremos que el estado posea la banca y las industrias de primera necesidad.

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    • Primero, gracias por tu comentario. Segundo, creo conocer a los indignados mejor de lo que piensas (si te contara…!) Y tercero, el debate iba sobre la desigualdad. Y mi posición es que el “problema de la desigualdad” es un slogan cuyo significado admite muchísimos matices. De lo que tú hablas es del capitalismo, no estrictamente de la desigualdad. Pero vayamos al debate que propones. Para resumir:
      1) EL capital, como el trabajo, la tierra y los otros recursos naturales, hay que pagarlo por su contribución al proceso productivo.
      2) La propiedad del capital puede ser privada (sistema “capitalista”) o pública (“socialismo real” autoritario de la URSS, RDA y resto de Europa oriental durante la 2ª mitad del s. XX).
      3) En el primer caso, una gran parte del capital se concentra en pocas manos (por muy variadas razones) y por tanto también el grueso de su retribución. También es verdad que los trabajadores poseen una parte de ese capital a través de fondos de pensiones, fondos de inversión o cualquier forma de activos en los que depositan sus ahorros.
      4) En el segundo caso, el resultado fue que los ciudanos movilizaron su descontento para acabar de modo pacífico con esos regímenes autoritarios. En la actualidad, la propiedad pública de la banca (cajas de ahorro) ha sido una experiencia que pocos querrían repetir.
      5) Hay países como Dinamarca, Noruega, Holanda, Canadá…, que combinan con acierto un sistema de bienestar muy eficiente y bien dotado, junto con la propiedad privada del capital. Cómo evolucionar hacia ese tipo de sociedades es un problema nada trivial que gustaría que pudiéramos resolver adecuadamente.

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  6. Rosa Negra, yo no creo que el debate sea la dicotomía capital financiero público-privado ni que una socialización de los medios de producción sirva de nada para hacer que la desigualdad se sitúe en un nivel “aceptable”. El tema más importante, es el de como controlamos democráticamente la concentración de poder pública y privada que se ha venido dando en los últimos siglos.

    Vitali et al (2012) analizan la red de participaciones planetaria entre empresas y lo que encuentran es que 30% del valor económico está en menos de 40 empresas, la mayoría conglomerados financieros: Barclays, Capital Group, JP Morgan. Imagínate que todo ese capital pasa a ser público. ¿Cambia algo a efectos económicos? Pues depende de si democratiza la función social del crédito o no (aunque las Fintechs van a provocar este cambio tarde o temprano).

    Mi opinión, por tanto, es que un cambio de titularidad de la propiedad de publica a privada o de privada a publica (aunque personalmente lo preferiria así) no haría casi nada. Sobre todo, porque sin mecanismos de control y participación política reales, nada garantiza que el Estado que haya socializado su sector financiero no derive al tiempo en una estructura social corrupta y vertical que funcione para unos pocos (la famosa casta, la URSS, etc). Y sin un Estado democrático tampoco puedes hacer que el sector privado se pueda regular y que los “too-big to fail” caigan cuando les toca.

    Me parece que la primera lección “revolucionaria”, que no han aprendido los indignados, ahora muchos convertidos en votantes de Podemos y C’s, es que antes de demandar la igualdad económica o incluso la igualdad de oportunidades económicas, está la “igualdad de oportunidades políticas” y eso requiere la desintermediación de los políticos profesionales a través de ILPs y referéndums vinculantes.

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  7. Gracias por el comentario esclarecedor, Vicente. Tal vez sería importante cuando hablo de igualdad de oportunidades hacer especial hincapié en las de efectiva (este es un adjetivo muy importante aquí) participación en la vida pública. Cuando Amartya Sen señala que el desarrollo significa la ampliación de las libertades (que podríamos identificar con oportunidades) en contraposición al aumento del PIB, una de las fundamentales es precisamente la participación y el control de la vida pública. La oportunidad de acceso a los puestos de responsabilidad pública, que, creo, es tu argumento central. De acuerdo.

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  8. Totalmente de acuerdo en la crítica al igualitarismo. Es más, la conocida máxima del que podríamos considerar el adalid del igualitarismo Karl Marx es “cada uno según sus posibilidades y a cada uno según sus necesidades”. Esta máxima es también un elogio de la desigualdad.
    No obstante, si tenemos que creer lo que dice Piketty (y me temo que sí), el rendimiento del capital (r)es mayor quela renta del trabajo (g). Esto significa que es más fácil tener una renta alta cuando tienes capital que con el trabajo o, dicho de otra forma, el capital inicial favorece más a tu renta que el talento o las decisiones personales.
    Por esta razón en el capitalismo patrimonial (por seguir utilizando términos piketianos), la causa de la desigualdad de oportunidades no se debe solamente a la dificultad de acceso a la educación y otras causas que nombras sino, incluso en mayor medida (según los datos de Piketty en torno a r/g=4-5), de la desigualdad de capital.

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    • En efecto, una importante desigualdad de oportunidades procede de la gran diferencias en riqueza (capital) familiar. Es difícil eliminar esa diferencia en una economía de propiedad privada. Pero se puede paliar. Piketty propone, como sabes, un impuesto sobre el capital, pero puede que esa medida genere incentivos a la deslocalización o a la desinversión. Por mi parte, en otros escritos he sugerido que los recursos para la educación pública deberían distribuirse desigualmente, favoreciendo a los escolares procedentes de ámbitos sociales de menor riqueza. Es por eso por lo que me opongo al cheque escolar, que iguala los recursos, pero no las oportunidades. En todo caso, insisto en el mensaje del post. Poner la atención en igualar las oportunidades y no tanto en igualar los resultados. Gracias.

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  9. Jorge, igualar oportunidades también es igualar obligaciones. Los de los Papeles de Pamaná deciden que no contribuyen lo que les toca, lo cual contribuye a la desigualdad en ambas direcciones -aumentando la riqueza de los ricos y reduciendo la capacidad del Estado de igualar oportunidades. Lo que Piketty propone es que no se puedan escapar!

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