Estrujando los mercados de apuestas deportivas

Estrujando los mercados de apuestas deportivas

Por Luis Muga y Rafael Santamaría

Además del lógico interés que tienen los mercados de apuestas deportivas para los amantes del deporte y, por qué no decirlo, del juego en sí, en los últimos años han recuperado interés desde el punto de vista académico por varias razones. En primer lugar, por el creciente volumen de transacciones que se realiza en estos mercados y la posibilidad de acceder a esos registros. Y en segundo lugar como medio para disponer de un “campo de pruebas” para el análisis del comportamiento de los agentes en presencia de riesgo o del impacto en la formación de precios de diferentes formas de organizar un mercado, lo que en economía financiera se conoce como “microestructura”.

“…los mercados de apuestas deportivas […] como medio para disponer de un “campo de pruebas” para el análisis del comportamiento de los agentes en presencia de riesgo o del impacto en la formación de precios de diferentes formas de organizar un mercado…”

En este sentido existen dos grandes formas de organizar un mercado de apuestas: el sistema parimutual (conocidas popularmente como “porras”) en la que las apuestas constituyen un bote que se reparte entre todos los ganadores, siendo desconocido ex-ante el importe obtenido por el ganador, y el sistema de cuotas fijas en las que la relación precio-premio está fijada en la propia apuesta. Este último sistema tradicionalmente ha sido organizado como un mercado de “bookmakers” (William Hill, Ladbrokes, Interwetten,..) o especialistas que, a modo de un mercado financiero dirigido por precios, ofrecen la cuota fija a la que es posible contratar en ese momento por parte de los apostantes. Sin embargo, el desarrollo de internet y la creación de plataformas informáticas han posibilitado que en los últimos años gane peso el mercado de apuestas persona a persona o “Betting Exchange” (Betfair o Smart Betting Exchange) en el que, a modo de un mercado financiero dirigido por órdenes, los apostantes envían al mercado sus apuestas, que especifican precio y cantidad a apostar, y que serán transaccionadas si encajan con la orden de otro apostante. En estos mercados, por tanto, no hay un dealer (bookmaker) que genere la horquilla de apuestas, sino que ésta es el resultado de las dos mejores órdenes que existen actualmente en el mercado y enviadas por distintos apostantes. Por tanto, a diferencia de los mercados de “bookmakers” en los que éstos soportan el riesgo derivado de asumir la transacción, en los “Betting Exchanges” el mercado cobra una comisión por transacción por el uso de la plataforma de negociación.

Estos dos tipos de organización del mercado de cuotas fijas, como se ha señalado, son coincidentes con los dos tipos de mercados financieros “puros”. Si a ello unimos que en este tipo de apuestas conocemos el valor cierto del activo (al estar implícito en la cuota fija), a diferencia de lo que ocurre en los mercados financieros en los que en ningún momento se puede asegurar esta circunstancia (dada la dificultad de valoración de activos), podemos empezar a entender la razón de la utilidad de estos mercados para el análisis de la presencia e impacto de los sesgos de comportamiento en los precios de los activos.

En los últimos 30 años en el campo de la economía financiera se han desarrollado diferentes teorías, sustentadas sobre la relajación del supuesto clásico de agentes racionales con información perfecta, y que reciben el nombre genérico de “Behavioral Finance”. Desde diferentes perspectivas, en las que se combinan tanto aspectos económicos como psicológicos, se han puesto encima de la mesa distintos sesgos de comportamiento que suelen acompañar las decisiones de los agentes y que les alejan de los resultados que se alcanzarían en presencia de aquellos teóricos agentes racionales. El principal problema para contrastar esta alternativa a la posición tradicional es la elección de la variable proxy para detectar la presencia del sesgo predicho en la teoría y, en este punto, los mercados de apuestas deportivas pueden servir de excelente ayuda.

Lógicamente, la alternativa clásica es la que ofrece la economía experimental, pero siempre es una representación más o menos limitada de la realidad. En este caso, nos situamos en mercados reales. Es cierto que, quizás, la mezcla de los agentes y su tipología (en particular sus actitudes frente al riesgo), pueden no ser coincidentes con las que conforman los mercados financieros. A pesar de ello, constituyen una medio muy interesante para analizar su comportamiento. Vamos a exponer un ejemplo.

“Estos mercados pueden ser útiles para contrastar la presencia y efectos de sesgos de sobreconfianza y autoatribución en los mercados financieros […], sesgos que pueden derivar en la formación de burbujas…”

Estos mercados pueden ser útiles para contrastar la presencia y efectos de sesgos de sobreconfianza y autoatribución en los mercados financieros (Daniel et al. 1998), sesgos que pueden derivar en la formación de burbujas (Hong et al. 2006). En este sentido, Abinzano et al. (2015) muestran que dicha sobreconfianza afecta a los precios sobre apuestas tenísticas que han recibido una sucesión de buenas noticias en el pasado generando activos sobrevalorados en el mercado. Esta sobrevaloración es muy similar a la que se puede encontrar para acciones de empresas que igualmente reciben sucesiones de buenas noticias y que está ligada a la observación de burbujas o a efectos de continuación en las rentabilidades (Jegadeesh y Titman, 1993). Sin embargo, los menores límites al arbitraje existentes en los “betting exchanges” permiten a los autores diseñar estrategias de pseudoarbitraje rentables, una vez considerados los costes de transacción. También se demuestra, analizando el efecto en el mercado principal y alternativo (en un evento simple, como un partido de tenis, en un “Betting Exchange” se puede apostar a que el jugador A gana al jugador B o por el contrario en un mercado alternativo que el jugador B gana al jugador A), que la existencia de restricciones al arbitraje es una condición necesaria para que los sesgos de comportamiento produzcan impactos significativos en los precios.

Estos resultados son una simple muestra del potencial que tienen los mercados de apuestas como campo de estudio del comportamiento de los agentes en presencia de riesgo y que, además, pueden permitir extraer conclusiones que sean extensibles a la investigación en el comportamiento de los precios en los mercados financieros y a adoptar decisiones de diseño microestructural de los mismos.

  1. Por experiencia personal, los bookmakers ponen cuotas demasiado bajas o demasiado altas. Ahora supongo que han ido refinando los parámetros de formación del precio pero durante la temporada 2007/2008 (en la que Bostons le ganó a los Lakers de Gasol) Bet and win fijaba mal las cuotas de los over/under de NBA pues no tenía en cuenta el factor dentro/fuera de casa. Lo que pasa es que ver un partido esperando a que fallen cada canasta o que no metan gol no mola. Muy interesante el post Joseba

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  2. Muy interesante comentario, Vicente. Pones encima de la mesa dos cuestiones relevantes. En primer lugar si las cuotas fijadas por los “Bookmakers” responden a probabilidades “objetivas” o si dependiendo del tipo de apostante contra el que puedan estar negociando se pueden producir alteraciones en las cuotas. Por ejemplo, si existe una probabilidad alta de negociación informada, ¿bajan los “Bookmakers” sus cuotas? (ampliando horquillas como hacen los “creadores de mercados” en mercados financieros dirigidos por precios en situaciones de mayor incertidumbre).
    En segundo lugar, si la presencia de apostantes “sentimentales” puede tener un efecto en los precios. Dado que hay opciones a las que mola apostar y otras a las que no… ¿Puede esta presión de la demanda influir en las cuotas de mercado independientemente de la probabilidad “objetiva”?

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