¿La economía española está estancada?

¿La economía española está estancada?

 

En 2015 la economía española mantuvo la fase de recuperación iniciada hace dos años. El PIB creció por encima del 3%. Pero después de la Gran Recesión, las pérdidas de producción agregada, el elevado desempleo y los altos niveles de endeudamiento público y privado, representan un legado difícil. Los analistas ofrecen información sobre la coyuntura económica y son optimistas con las perspectivas que se anticipan; la última referencia del empleo, el aumento de cotizantes a la seguridad social del pasado trimestre, los buenos datos del índice de precios en línea con las previsiones establecidas o la reducción de la prima de riesgo en la última emisión de bonos del tesoro. No hay dudad de que todo esto es cierto pero, y de ello se habla mucho menos, la mejora de la productividad sigue siendo el gran reto pendiente de la economía española, pues seguimos divergiendo y mucho con el resto de Europa. Y la productividad de la economía es el mejor indicador que nos relaciona qué hacemos con nuestros recursos, cómo se asignan, cómo producimos y qué riqueza generamos para vivir. La productividad es el vínculo fundamental entre cómo obtenemos la riqueza y cómo podemos vivir. Además, las decisiones empresariales, de las que dependen los avances en eficiencia, están condicionadas por las reglas de juego que definen el entorno, el conjunto de instituciones formales e informales en donde se enmarca su actividad, y aquí las reformas abordadas han sido muy modestas.

“…la mejora de la productividad sigue siendo el gran reto pendiente de la economía española, pues seguimos divergiendo y mucho con el resto de Europa.”

El funcionamiento de la justicia, la regulación de los mercados, el gobierno de la administración pública, la seguridad jurídica y los valores y códigos de conducta determinan los incentivos de las empresas, emprendedores y principales agentes económicos para ser más o menos eficientes, para comprometerse más o menos con la innovación. Esta es la tesis central de un libro espléndido que ofrece un análisis detallado del funcionamiento de las instituciones en España y su impacto sobre la economía. En la mejor tradición de la economía institucional, escuchando las voces de economistas tan prestigiosos (muchos Premios Nobel) como D. North, R.H. Coase, E. Ostrom, O. Williamson, D. Rodrick y D.Acemoglu, el catedrático de análisis económico de la Universidad Complutense, C. Sebastián ha escrito “España estancada; por qué somos tan poco eficientes”.

El argumento central del libro es que la forma de ejercer el poder, la vorágine normativa, las malas regulaciones, el deterioro y mal gobierno de la administración, una justicia lenta y que ofrece poca seguridad jurídica y la mediocridad de la educación, condicionan los incentivos para ser más eficiente e innovar y, por tanto, para impulsar la productividad. El análisis no se limita a describir un conjunto de debilidades manifiestas de la economía española, sino que profundiza sobre las causas y las interrelaciones entre las distintas dimensiones del entorno institucional y sus efectos en la sociedad.

Si los ciudadanos españoles mayoritariamente valoran la seguridad en el trabajo, (Encuesta Mundial de Valores) mucho más que realizar una actividad que les permita desarrollar su propia iniciativa. Si la administración con sus complejas normas fiscales y laborales y malas regulaciones de sectores claves como el sector bancario o el eléctrico, constituye un freno relevante e introduce importantes costes de transacción a la actividad empresarial. Si el modelo de triunfador social es percibido como un hombre de negocios cercano al poder, vinculado a actividades especulativas o fuertemente reguladas y donde las conexiones resultan ser el recurso más importante para obtener los contratos frente a la tecnología o el esfuerzo. Si en las empresas familiares predomina la pertenencia a la familia para la promoción interna y asumir funciones directivas frente a la meritocracia, el conocimiento y la competencia profesional. No puede sorprendernos, esas divergencias de productividad que nos alejan de Europa. El entorno institucional limita la correcta asignación de recursos y el emprendimiento, y es una causa muy relevante de una economía estancada que crece a trompicones sin seguir un rumbo claro.

El diagnóstico de los problemas abruma, los detalles de experiencias de mal gobierno e impunidad que suceden en la sociedad española resultan demoledores. Y todo ello profundiza en la caracterización de ese capitalismo castizo o capitalismo de amiguetes descritos por Enrique Fuentes Quintana y Luis Garicano respectivamente, que impregna la economía y que economistas y académicos estamos denunciando con rotundidad y juicio preciso.

“No va a resultar sencillo desmontar todo este entramado institucional y realizar las reformas que modernicen las instituciones esenciales porque existen muchos intereses.”

La conclusión del libro no resulta amable ni tranquilizadora. No va a resultar sencillo desmontar todo este entramado institucional y realizar las reformas que modernicen las instituciones esenciales porque existen muchos intereses. Los beneficiarios de la situación actual se van a resistir a un cambio que ponga en peligro su posición privilegiada. Pero para cambiar, por mucho que cueste, por intensas que sean las resistencias, por poderosos que se manifiesten los intereses en juego, lo primero que hay que hacer es identificar de forma precisa dónde están los problemas, qué restricciones aparecen en este deficiente diseño institucional y qué consecuencias tienen. Además, hay que entender las relaciones de causa y efecto que se manifiestan entre ellas, y este libro y este enfoque de economía política ofrecen una perspectiva inteligente y luminosa para empezar a pensar en soluciones a los problemas denunciados. Las deficiencias institucionales que se estudian limitan muy seriamente la capacidad de crecimiento potencial de nuestra economía y por tanto nos conducen a una sociedad poco dinámica para generar riqueza y bienestar sostenible. En suma, nos abogan a una sociedad estancada.

  1. Interesante reflexión. Hecho el diagnóstico, la pregunta es ¿quién está en condiciones de hacer esa transformación revolucionaria de nuestras instituciones? Uso el calificativo de revolución porque es ya lo que toca. Como bien indica el profesor Huerta, hay demasiados beneficiarios de ese cuerpo institucional gangrenado. Aquí no hay nadie dispuesto a hacerse el harakiri. La troika pierde el tiempo apretando únicamente las cuentas públicas, mientras no se empeñe en convencer a quienes forman nuestras élites (sean estos políticos, empresarios y ciudadanos) de que deberíamos ir hacia un Año Cero institucional. Lo cual nos llevaría un par de generaciones ver sus resultados, siendo optimista. ¿Demasiado tiempo? Quizás, considerando que venimos de un problema secular ….

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    • En general cuando en las reformas hemos considerado prácticas, políticas públicas modernas y contrastadas y diseñado instituciones que se asemejan a las utilizadas en la Europa Avanzada, nos ha ido bien. Cuando hemos desarrollado soluciones singulares, normalmente poco meditadas, nos ha ido bastante peor. Así que prefiero las reformas basadas en una mirada profunda e inteligente de las experiencias europeas que la revolución.
      Para cambiar como bien señala el profesor De la Torre, nos encontraremos con las resistencias de los que pierden sus privilegios y poder y el apoyo al principio más tenue de los que se benefician y también con el desconocimiento de muchos. El interés de unos pocos y la ignorancia de muchos dificulta, sin duda, los procesos de cambio. Como economistas tenemos una herramienta formidable para el cambio en los mercados y las instituciones que es la transparencia y la competencia. Así que, siempre que se pueda, introduzcamos mayores dosis de competencia en los mercados y en las instituciones para mejorar la eficiencia, la calidad de los servicios ofrecidos y la atención a los ciudadanos. La competencia (transparencia, ausencia de barreras a la entrada, opciones alternativas..) es un instrumento formidable para impulsar la innovación y el cambio de las principales instituciones colectivas. Ese debería ser el camino para ir cambiando la actual situación tan limitada e ineficiente.

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  2. Estamos de acuerdo en lo que expone nuestro profesor Emilio Huertas. En clase nos puso un fragmento de un video del Señor Sebastián hablando sobre España y lo poco productivos que somos con respecto a Europa (es nuestro talón de Aquiles). Estamos de acuerdo con lo que afirman ambos: la productividad es uno de los mejores indicadores ya que indica que hacemos con los recursos que tenemos. Entonces la pregunta que nos hacemos sería: ¿cómo podemos mejorar la productividad mediante la inclusión de incentivos eficientes? Con datos de un informe de OBS Business School en agosto de 2015, el 55% del tiempo de trabajo en España es improductivo. Esto hay que cambiarlo tan pronto como sea posible. Una forma de cambiarlo sería el uso de incentivos eficientes por parte de los empresarios hacia sus trabajadores. Es muy difícil saber que incentivo es eficiente y cual no ya que nos encontramos con multitud de trabajos diferentes realizados por personas con objetivos muy diversos.

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  3. Estamos de acuerdo en lo que dice nuestro profesor Emilio Huertas. España esta dando pinceladas para salir de esta crisis en la que llevamos inmersos muchos años pero no mejora la productividad. En clase nos puso un fragmento del video del Señor Sebastian hablando sobre el tema de que España es un país muy improductivo con respecto a Europa. Podríamos decir que la productividad es nuestro talón de Aquiles.
    Es muy importante poder mejorar la productividad ya que ésta es un gran indicador de como usamos los recursos que tenemos. Con todo esto, no podríamos formular una pregunta: ¿Cómo puede España mejorar la productividad con la interposición de incentivos eficientes? En un nuevo informe de OBS Business School realizado en agosto de 2015, el 55% del tiempo de trabajo en España es improductivo. Esto hay que cambiarlo de forma radical. Los empresarios tienen que mejorar la productividad de sus trabajadores imponiéndoles incentivos eficientes. Como todos sabemos, pensar en incentivos eficientes es muy difícil ya que nos encontramos con trabajos muy diferentes y personas con objetivos muy diversos.

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    • El papel de los incentivos en la organización es clave para alinear intereses de los distintos colectivos que la configuran. Un buen diseño de incentivos compromete mejor a los empleados y permite asignar el riesgo de forma eficiente. En España, los sistemas de remuneración en organizaciones públicas y en privadas no suelen tener un buen diseño y no estimulan la mejora de la productividad.

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  4. Un magnífico post de Emilio Huerta que describe con mucha precisión los problemas de la economía española. La imagen es pesimista. Lo fundamental en el riqueza de las naciones es lo que Edmund Phelps ha llamado LAS REGLAS DE JUEGO. El capitalismo de amiguetes no ha florecido salvaje. Es la consecuencia rigurosamente vigilada de las reglas de juego que han prevalecido desde el final de la guerra civil. Cambiar las reglas de juego es muy difícil, porque los encargados de ello deben renunciar a las que ya conocen, lo cual tiene un alto coste; y eso es lo que Joseba de la Torre ha llamado “hacerse el harakiri”. No desesperamos, pero al igual que C. Sebastián, lo veo difícil.

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    • Una cuestión difícil es caracterizar la extensión de lo que llamamos capitalismos castizo o de amiguetes porque no toda la economía es así y hay muchas empresas que compiten día a día por su supervivencia tratando de mejorar su posición y disfrutando de una ventaja competitiva sostenible. Hay empresas españolas que están en la frontera de la innovación como Zara, Viscofan, Irizar, Gamesa, Griffols, Mafre, C.A.F. o M. Torres. Son, todas ellas, ejemplos de empresas excelentes que compiten con mucha eficacia en sus mercados. Hay otras que actúan en mercados más locales como, Mercadona, El Corte Inglés o Cadenas hoteleras y de restauración, y son también excelentes competidores. Por tanto en nuestra economía no todo ni mucho menos, es un capitalismo que se mantiene por el privilegio, el ejercicio de poder de mercado o un clientelismo expoliador.
      Es verdad que para el tamaño de la economía española, necesitaríamos un número más elevado de empresas innovadoras en diversos sectores económicos pero la internacionalización creciente de muchas empresas pone de manifiesto que cada vez más y más empresas compiten en mercados globales que son difíciles y exigentes. Por tanto abramos una puerta al optimismo porque existen buenos ejemplos de empresas líderes españolas que nos indican dónde debemos mirar y qué debemos hacer para superar la actual situación.

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