Desesperando a los mercados

Desesperando a los mercados

Con aplomo nuestro primer interlocutor sostiene que “no nos avergüenza decir que apoyamos, como el resto de las patronales, a aquellos partidos que no incluyen en sus programas unas deformaciones en la economía que son perjudiciales para España”, porque “la práctica de todos los socialismos del mundo” es “sustraer a las fuerzas del mercado y a la iniciativa privada las decisiones”. Vaya prosopopeya. Nos lo aclara el corresponsal en Madrid de The Economist, “A coalition with Podemos, a thought that frightens many investors” (una coalición con Podemos, un pensamiento que asusta a muchos inversores). Lo que debo revelar al lector es que entre la primera y la segunda cita han transcurrido treinta y cuatro años. Y mira que ha cambiado el mundo y la economía en ese tiempo.

Pero algunos, sin embargo, son de piñón fijo. Manuel Gortázar, presidente de Sevillana de Electricidad SA, una de las grandes compañías del sector, se pronunciaba de ese modo en las vísperas de las elecciones generales de octubre de 1982. Las que dieron la mayoría absoluta al PSOE. En 2016 nadie puede formar gobierno en solitario, pero el espantajo que se agita es el mismo, el riesgo de una socialdemocracia radicalizada por su izquierda. En otras palabras, el viejo pulso entre política y economía.

“No sorprende que en una balbuceante democracia los empresarios proclamasen su temor a lo desconocido. El miedo del capital. Resulta molesto que perdure tres décadas después…”

No sorprende que en una balbuceante democracia los empresarios proclamasen su temor a lo desconocido. El miedo del capital. Resulta molesto que perdure tres décadas después, cuando entonces y ahora el mantra es el del “cambio”. Conviene recordar a los más jóvenes y a los desmemoriados que en el 82 se exhibió el riesgo de las nacionalizaciones de las empresas eléctricas y de los bancos privados por los chicos de la barba y la chaqueta de pana. Claro, que estábamos a un cuarto de hora del final del franquismo, fuera de Europa y la izquierda en Francia se había hinchado a nacionalizaciones. Hasta hubo una película de Ozores que invocaba el peligro de “¡Que vienen los socialistas!” La sociedad española estaba inmersa en lo peor de una crisis económica que había repartido desigualmente los sacrificios entre el desempleo masivo y el rescate de bancos y empresas en quiebra.

Por lo tanto esto tiene pinta de un déjà vu. Incluso cuando un exministro de la Guerra se pone por montera “lo que dicen los mercados” y reclama un gabinete de emergencia dirigido por un jarrón chino que retire de la circulación al líder más votado en las últimas elecciones parlamentarias, prosiga con las reformas económicas y, sobre todo, evite que la izquierda radical pueda asumir funciones de gobierno que deformen la economía de mercado. Lo cual nos retrotrae aún más lejos, al regeneracionismo de cien años atrás, el de la España invertebrada y los cirujanos de hierro. Glups. Por favor, que alguien de los mercados responda que no hablen en mi nombre tan frívolamente.

“Si yo fuese los mercados de lo que realmente estaría atemorizado es de semejante ocurrencia que resuelve de un golpe el debate democracia versus eficiencia económica. Estamos en medio de demasiado ruido.”

Si yo fuese los mercados de lo que realmente estaría atemorizado es de semejante ocurrencia que resuelve de un golpe el debate democracia versus eficiencia económica. Estamos en medio de demasiado ruido. En realidad Gortázar no estaba tan asustado en 1982 porque —reconocía en la misma entrevista— los socialistas “son personas suficientemente inteligentes y responsables como para no meter al país en un callejón sin salida”. Tras conquistar el cielo metieron en un cajón el programa con el acababan de ganar las elecciones, con la mano derecha aplicaron una política económica liberal y con la mano izquierda aceleraron la construcción del Estado del bienestar. Nunca antes ni una ni otro habían sido llevados a la práctica en España. Se atrevieron a más. Por ejemplo, pusieron al gobierno en el centro de la toma de decisiones concernientes al sector eléctrico tras cuatro décadas de dominio de las compañías privadas. Y, too big to fail, la única nacionalización de verdad fue la de Rumasa, para alivio de sus acreedores.

“Qué duda cabe que la estabilidad política es esencial para el crecimiento económico. Por eso son necesarios los consensos democráticos. Todos legitimados en las urnas.” 

Qué duda cabe que la estabilidad política es esencial para el crecimiento económico. Por eso son necesarios los consensos democráticos. Todos legitimados en las urnas. Economistas frente a la crisis ha analizado las propuestas económicas de PSOE y Podemos y observa parecidos razonables. Las coincidencias de ambos con Ciudadanos tienen que ver con rescate social y saneamiento institucional.

Y además ¿por qué arrogarse lo que supuestamente piensan los mercados? Los mercados deberían estar encantados con la posibilidad de un nuevo gobierno que impulse la reformas que pongan fin, por ejemplo, al amaño de contratos de obra de las administraciones, que obligan a las empresas a romper los principios de competencia y responsabilidad corporativa, a desviar una parte de los beneficios de sus accionistas a los partidos políticos y a esquilmar las arcas públicas. Esa sí que es una auténtica deformación de la economía de mercado.

  1. Los primeros párrafos del post de Joseba son perfectos para ilustrar cierta mentalidad del capital. Nada extraño, por otra parte, ni ayer ni hoy. Pura lógica. A fin de cuentas, conjugar la libertad de mercado con el estado de bienestar es moverse en el filo de la navaja. Los socialistas te criticarán por (neo)liberal y los liberales por comunista. Pero en lo que discrepo es en el trato del post al programa de Podemos. No por ideología, sino por cualificación. Sus propuestas económicas han cambiado tanteas veces, amoldándose a las vicisitudes semanales, que ya no sabemos si quieren impagar, auditar o negociar la deuda, ni cuál va a ser el salario mínimo, si 1.000, 1200, o 1.500 € al mes, ni cómo piensan manejar el déficit ni… En fin, un desastre. Todos (incluidos los mercados?) de acuerdo contra la corrupción. Pero después hay que pasar a los detalles. Que es donde está el demonio.

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  2. Ni neoliberal, ni comunista. Prefiero lo de socialdemócrata a la sueca. No sé qué pensaría un socialdemócrata radical como Olof Palme del dilema entre libertad de mercado y estado de bienestar en 2016. Desgraciadamente no lo sabemos porque fue asesinado hace ahora 30 años. Evocar a Palme hoy además tiene su trascendencia, en primer lugar, por cómo resolvió la tensión Estado-mercado y, en segundo, porque estoy convencido que sus propuestas, radicales entonces, no dejaron indifierentes a quienes no pensaban como él. Mi alusión al programa económico de Podemos va en la línea de situarme más allá del vocerío, pero tampoco pretendía asignarles la cartera de Economía y Hacienda. ¿Qué sus propuestas van cambiando continuamente y, por ello, pierden credibilidad? Acaban de llegar, están aprendiendo. La realidad se acaba imponiendo. Nuestra política económica no puede ser distinta a la que se negocia y acuerda en Bruselas, para bien y para mal. Pero ese es otro debate. Para animar la discusión, un par de links evocando a Olof Palme y recavando la opinión del Círculo de Empresarios contra las deformaciones del mercado que genera la corrupción. Muy interesantes.

    http://elpais.com/elpais/2016/02/19/opinion/1455893838_557013.html

    http://www.lavanguardia.com/lacontra/20160229/4085617197/es-igual-si-manda-psoe-o-pp-pero-malo-que-manden-juntos.html

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