¿Hay que tomarse en serio eso de la reindustrialización?

¿Hay que tomarse en serio eso de la reindustrialización?

A los economistas ortodoxos se les pone una cara de profundo escepticismo cuando algún colega de historia económica sugiere que el Estado puede ser eficaz para que el libre mercado pueda promover el crecimiento industrial y el cambio tecnológico. Menudo anatema frente a la idea de que «la mejor política industrial es la que no existe». Con retraso, nuestro debate económico ha incorporado la necesidad de reindustrializar España más allá del manoseado concepto de qué modelo productivo precisamos. Esta discusión fue abierta en Estados Unidos hace una década y en la Unión Europea más recientemente.

Mientras las disquisiciones sobre la Gran Recesión del siglo XXI han sido copadas por la crisis financiera y la desigualdad a la Picketty, nos habíamos vuelto a olvidar del sector industrial, generador de una cadena global de valor, empleo y conocimiento clave para comprender de qué mundo venimos y la amenaza que se cierne si persistimos en un declive que comenzó mucho antes de 2008. A la pregunta retórica de si hay que tomarse en serio la política industrial mi respuesta es afirmativa, con algunos matices. El principal, el que sea una reindustrialización competitiva y aquí comienzan los problemas para España.

Históricamente competitividad e industria ¿han sido compatibles en nuestro país? ¿Qué papel desempeñaron los empresarios y las instituciones públicas ? ¿Cuándo y cómo se fraguó la dependencia tecnológica y energética  que sigue hipotecando nuestro potencial de desarrollo? ¿Qué respuestas se habilitaron para salir de las crisis industriales y recuperar posiciones? ¿Cómo se resolvió el pulso entre el Estado y el Mercado ?

Parte de las respuestas se esconden en el gráfico que hemos elaborado para que nuestros estudiantes del tercer curso del Grado de Economía y de Ade-Economía Internacional, en la Universidad Pública de Navarra, contextualicen la industrialización española contemporánea. Hemos seleccionado únicamente dos variables para un período de 165 años: el porcentaje que representó el VAB industrial sobre el PIB y el del empleo industrial sobre el conjunto de los trabajadores entre 1850 y 2015. Esa onda larga describe cinco grandes etapas :

Grafico reindustrializacion

Fuente : A. Carreras y X. Tafunell (dirs) (2010). Estadísticas históricas de España. BBVA. Fariñas (2015). « ¿Se puede reindustrializar España ? », Cuadernos e Información Económica, nº 247. FUNCAS ; y Banco Mundial.

1) Entre 1850 y 1900 la industria despegó generando mucho valor y muy poco empleo. Fue una conquista basada en ganancias de productividad a pesar de las dificultades para adaptar el paradigma tecnológico de la primera revolución industrial en un país del sur de Europa con escasez de recursos energéticos, pero con una política comercial abierta a la entrada de capital y know how extranjero (ferrocarril, minería, siderurgia y textil), junto a una persistencia del capitalismo familiar.

2) De 1900 a 1930 se mantuvo y mejoró levemente el peso de la industria sobre el PIB y, sobre todo, se disparó la creación de empleo fabril. La economía española adaptó con eficacia la nueva oleada de innovación (electricidad y petróleo, química y siderometalurgia) al tiempo que irrumpían las grandes empresas, se desarrollaba la banca de negocios, el país se electrificaba y algunas multinacionales estadounidenses y europeas establecían filiales en suelo español.

3) Entre 1930 y 1950 ambos valores se derrumban. Lo que fue calificado como la «noche de la industrialización española» responde a la nefasta política económica del franquismo autárquico en materia industrial, comercial, monetaria, de cierre de fronteras a la entrada de capital extranjero y de hundimiento de los salarios reales. El Estado doblegó al mercado.

4) No obstante, entre 1950 y 1980 el Estado fue decisivo en una dirección en apariencia positiva. Se sucedieron la Industrialización Sustitutiva de Importaciones, el regreso de España al mercado internacional y la réplica de los planes de desarrollo europeos. Esa industrialización tardía y la eclosión del modelo fordista permitieron dejar el bache atrás, diversificar las ramas productivas intensivas en mano de obra barata y alcanzar el cénit industrial. Pero, eso sí, a costa de profundizar en la subordinación energética y tecnológica, sumando entonces la dependencia financiera del exterior. Hubo muchas dosis de Estado capturado por el mercado, generando la cultura castiza del capitalismo de amiguetes. Al menos se sentaron las bases para habernos convertido en una de las grandes plataformas de ensamblaje de vehículos del mundo.

5) Desde 1980 a nuestros días producto y empleo se han desmoronado. Ese tejido industrial maduro entró rápidamente en obsolescencia por efecto de la doble crisis del petróleo. Los primeros gobiernos de la democracia habilitaron ingentes recursos públicos en la reconversión industrial, el rescate de la banca privada y el agujero financiero en el que habían incurrido las compañías eléctricas construyendo centrales nucleares, una de las tecnologías más caras del mundo y que se compraba fuera. Los Tigres Asiáticos, la globalización y el triunfo de la idea de que los gobiernos debían de batirse en retirada en materia industrial hicieron el resto. El postfordismo no les sentó nada bien a nuestros industriales. Y todos juntos, Estado y mercado, desaprovechamos la ocasión de funcionar como los coreanos del Sur, es decir, aprovechando la oleada de dinero barato que brindó el euro para haber invertido en nuestro subdesarrollo tecnológico e incrementar nuestro capital social y humano, y no en el casino de ladrillo, sol y playa.

Sin embargo, este proceso de desindustrialización no es una peculiaridad española. Está ocurriendo en Francia, Reino Unido, Estados Unidos, Japón, Alemania e Italia. Lo significativo es que España es donde esa contracción está siendo más severa. Se podrá alegar que una parte de esa caída esconde un efecto estadístico de la terciarización de los servicios y la revolución digital que antes se contabilizaban como intraindustriales. Incluso que con menos empleo generamos más valor añadido. O que se ha multiplicado las importaciones de manufacturas que antes se generaban en un mercado doméstico casi cautivo.

De acuerdo. Pero el dibujo de la gráfica sigue siendo dramático. Habrá que hacer algo para mitigar esa caída. Reindustrializar ahora significa simplemente recuperar el pulso perdido, frenar la sangría. Me imagino que hasta el economista escéptico convendrá que para ello, una vez más, el marco institucional (el elixir de Estado y Mercado) resultará clave.

  1. Comparto la respuesta positiva al interrogante dialéctico del post de Joseba de la Torre. Eso me convierte en un economista no ortodoxo? Por cierto, qué significa eso? Magnífico el gráfico de onda larga sobre el que se basa el análisis, Sin embargo estoy un poco perplejo ante la falta de soluciones. Se trata solamente de cambiar el marco institucional para disminuir los costes de transacción de la innovación industrial? O se requiren además medidas fiscales, y este caso cuáles? Creo que la mejor política industrial sí que existe (heterodoxo?) y tiene que ver esencialmente con la investigación y, a la postre, con la universidad. Pero esto, como diría Kipling, es otra historia. Gracias por el post.

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  2. Como casi siempre tus palabras son de agradecer. Respondiendo a tus preguntas: ¿ortodoxia versus heterodoxia? Viviendo en un país como este en el que los heterodoxos siempre acaban mal, matizaré que el economista ortodoxo es “el economista de manual”, con un buen dominio de la caja de herramientas para manejar el mundo tal y como nos es dado, mientras que el heterodoxo es el economista que necesita ir un poco más allá, empujar una micra la frontera del conocimiento económico, formular la pregunta incómoda que no tiene respuesta fácil y que para ello crea una nueva llave Allen para desatornillar las piezas que ya no nos sirven y ensamblar otras nuevas. Sin ortodoxia no hay heterodoxia posible.
    Por otro lado, llevas razón. Una vez hecho el diagnóstico ¿qué política industrial es la mejor? Supongo que la cita es apócrifa, pero se la escuché al primer decano de nuestra facultad hace muchos años. “Es fácil decir que este huevo está podrido, lo difícil es saber ponerlo”. Una de las respuestas va en la dirección que señalas (instituciones, empresas, investigación, universidad) en un marco en el que es obligado competir e innovar, pero asimismo cooperar.
    De esto va el seminario de mañana 19 de noviembre y al que estás cordialmente invitado.

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  3. Se habla de que España históricamente ha sido dependiente del exterior en materia de tecnología e inversión, lo que ha sido un obstáculo para el desarrollo de la industria. ¿Pero a qué se deben esas tendencias?¿Son los primeros países en industrializarse los que mantendrán siempre la iniciativa en innovación y desarrollo? (exceptuando los casos como Corea del Sur)
    En segundo lugar, comentas que España desperdició una oportunidad excellente cuando se implantó el Euro, pero, ¿a qué se refiere la expresión “oleada de dinero barato”?

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