Cómo la revolución digital acelera la innovación en la sociedad: Iniciemos el debate

Cómo la revolución digital acelera la innovación en la sociedad: Iniciemos el debate

La expresión internet de las cosas se refiere al creciente número de productos inteligentes y conectados que satisfacen necesidades complejas, ofrecen nuevas funcionalidades para los consumidores y representan oportunidades de diferenciación para las empresas. Internet es un mecanismo importante de intercambio de información pero lo realmente innovador de la nueva situación no es la utilización de internet como canal donde fluye la comunicación, sino el cambio en la naturaleza de los productos, su conectividad e inteligencia. Frigoríficos que avisan al supermercado con cosas que necesitas, pulseras que cuando salgamos a correr nos informan de nuestras constantes vitales, zapatillas que te indican los Km que hiciste corriendo cada semana, farolas inteligentes que se encienden y apagan cuando pasan las personas o vehículos que se desplazan sin conductor, son algunos ejemplos de los cambios que se están produciendo en los bienes que consumimos.

Los productos tradicionales tienen una parte mecánica y otra eléctrica pero hoy muchos bienes se están transformando en productos complejos, en sistemas, que combinan hardware, sensores, microprocesadores y conectividad en formas muy distintas. La digitalización junto con la capacidad de almacenamiento de la información en la nube y el Big Data, están alterando las funcionalidades y capacidad para crear valor que presentan muchos productos. La vivienda, el lugar de trabajo, la salud de las personas, las fábricas, los servicios de distribución son los ámbitos donde el impacto de los nuevos productos está siendo más notable. Y estas nuevas transacciones y empresas plantean retos a la visión convencional de la economía. ¿Es Google, una empresa tecnológica, pionera en el desarrollo del vehículo sin conductor, un competidor de Ford y Toyota? ¿Puede ser Airbnb, el mayor proveedor de servicios de alojamiento del mundo, sin ser propietario de ninguna cadena hotelera ni disponer de activos inmobiliarios? ¿Está siendo Bla Bla Car al favorecer el uso compartido de vehículos, una amenaza para los fabricantes de coches?

Estos productos inteligentes y conectados y las empresas que los diseñan representan también un reto para el análisis económico. Muchos productos incorporan efectos de red en la demanda, conocemos bien los efectos de la escala en la oferta pero menos en la demanda, la confianza y reputación que generan resultan determinantes para su crecimiento y sus estrategias de precios resultan singulares.

Las nuevas empresas innovadoras alteran la estructura de la industria y la naturaleza de la competencia al incorporar nuevos entrantes al mercado, exponiendo a las empresas convencionales a crecientes amenazas. Además plantean nuevos caminos sobre cómo se crea y se reparte el valor entre consumidores y empresas. ¿Podemos identificar monopolios creativos, como Google, que obtienen simultáneamente elevados resultados económicos y generan un notable bienestar porque son muy innovadores, entre los consumidores? ¿Es Uber un competidor que estimula la rivalidad en el mercado de transporte de viajeros en ciudad y deberíamos facilitar su entrada aunque amenace al sector del taxi? Si es así, ¿deberíamos repensar las políticas de competencia y antimonopolio y las estrategias de regulación de los mercados? ¿Sobre que bases?

La incorporación de las tecnologías de información está teniendo también consecuencias directas sobre las empresas. El Gobierno alemán definió el término industria 4.0 para describir la incorporación de elementos digitales, sensores, realidad virtual, inteligencia artificial, etc. en las fábricas avanzadas. Estas operan con muchos procesos interconectados por internet, disponen de amplios sistemas de automatización y utilizan cada vez más robots, sensores y disfrutan de una gran capacidad para reunir y evaluar datos. Los cambios vienen impulsados por tecnologías como, el internet de las cosas, objetos conectados a la red de forma autónoma, el Big Data, análisis de grandes volúmenes de datos y el universo de la nube.

En este nuevo espacio industrial que en los países pioneros, Alemania o Estados Unidos, avanza a gran velocidad, se recurrirá a las impresoras 3D, a la realidad aumentada, a la recreación virtual de los procesos fabriles incluso a la robótica colaborativa. Cuando estas TIC permitan que la fabricación, la logística y el diseño se alineen, no sólo en la propia planta sino con los proveedores y con los clientes, la transformación en la forma en cómo funcionan y se organizan las empresas será radical.

Estas innovaciones apuntan a nuevas formas de gestionar las empresas e incluso al desarrollo de nuevos modelos de empresa. Se van a producir cambios en los límites de la empresa; cambios en la organización de sus actividades internas y cambios en el papel de las personas y el conocimiento que aportan. Las empresas se van a desintegrar verticalmente y sus límites serán más ambiguos y difusos. La externalización de partes de la cadena de valor, el desplazamiento de actividades a localizaciones y países donde son más eficientes, y la elaboración de alianzas estratégicas sustituirán a la gran empresa que integra y organiza hoy dentro de sus límites, muchas actividades productivas.

Se producirán también cambios en la estructura de las empresas, avanzando hacia procesos de descentralización más intensos. Se aplanarán las organizaciones y se impulsará la organización por proyectos. Y todo ello acompañado de cambios en la gestión de las personas, se necesitarán creativos inteligentes, con autonomía y excelentes conocimientos tecnológicos y, por último, el papel de dirección se transformará y frente a sus responsabilidades tradicionales, definir la estrategia y el control, actuará como generadora de confianza para ofrecer el soporte que permita maximizar la contribución de los distintos elementos que configuran la organización.

Una cuestión clave es la de con qué velocidad las empresas españoles se adaptarán a estos nuevos paradigmas productivos que requieren de fuertes inversiones en tecnología, nuevas habilidades y conocimientos de los empleados, una comprometida actitud innovadora, una cooperación elevada dentro y fuera de la empresa y una voluntad firme de dejar atrás modelos de organización obsoletos y su sustitución por nuevos sistemas de gestión y organización.

El desafío no resulta fácil. Necesitamos entender mejor el alcance y magnitud de los cambios que emergen. Si hemos tenido muchas dificultades para pasar del paradigma de los costes al de la calidad y todavía existen partes muy amplias del tejido industrial que están tratando de mejorar la eficiencia, avanzar hacia este nuevo paradigma requerirá de un gran esfuerzo individual y colectivo. Pero no tenemos muchas alternativas, en un mundo donde la competencia es intensa, sólo un desarrollo tecnológico que impulse la digitalización, y cambios en las organizaciones para aprovechar mejor el conocimiento y el talento de las personas, nos conducirán por el buen camino. Cuanto más nos cueste entenderlo y reaccionar, más retraso acumularemos. Cuanto más debatamos sobre cuestiones del pasado en lugar de mirar con inteligencia hacia el futuro, mayores serán los riesgos para mantener los sistemas de bienestar colectivo que tenemos.

  1. Pingback: ¿Hay que tomarse en serio eso de la reindustrialización? « De qué vais? #LosEconomistas

  2. En el articulo se pasa tangencialmente sobre el consumo en red y sus efectos, un tema que me parece de mucho interes. El internet de las cosas no solo está haciendo más eficiente la producción sino que, por alguna razón, está eliminando necesidades de consumo de sus usuarios en lo que parece una ruptura de la paradoja de jevons
    Es decir, las nuevas formas de producción colaborativas están produciendo necesidades no consumistas. Da la impresión de que los productos con un coste marginal casi cero (Jeremy Rifkin) tienden a ser menos acumulados por sus consumidores. Un ejemplo podría ser las copias digitales de música. Cuando la música se compraba, los consumidores tenian en mayor o menor medida grandes colecciones de discos. En la actualidad la tendencia es a tener solamente la música que se está usando en ese momento (streaming).
    Es decir, los modos de producción colaborativos reducen el consumo según genera más eficiencia (efecto debote). Al contrario que el modo de producción capitalista que genera más consumo segun se aumenta la eficiencia (efecto rebote).
    Las razones de esto son desconocidas para mi pero esperanzadoras para una sociedad que consume por encima de sus posibilidades (Georgescu-Roegen).

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