La irreversibilidad

La irreversibilidad

Un buen día, Ángel, que ya se iba haciendo mayor, compró un terreno en el que puso una caseta con luz y agua. Quería ser hortelano y tras aprender lo básico y conseguir las herramientas necesarias empezó a cultivar. Estaba contento.

Sin embargo meses después empezó a llover y lo hizo por mucho rato sin parar. La huerta se inundó y un gran charco de agua lo cubrió casi todo. Además, la caseta quedó dañada y varios muebles sufrieron el empuje del agua. Pero Ángel seguía teniendo ilusión y decidió poner más esfuerzo (y dinero) en rescatar su huerta de las corrientes. Una vez que achicó el agua, empezó a replantar sus tomates y demás, reformó su caseta, y prosiguió su labor confiando en que la huerta se recuperaría. Pero a los meses llegó una nueva tormenta y el agua volvió a inundarlo todo. Ángel dudó. Finalmente decidió seguir adelante y volver a arreglar los desperfectos confiando en que las cosas cambiarían tras el segundo paquete de ayudas. Pero no fue así. A los meses, o quizás al año siguiente, volvió a llover un montón y tuvo que dedicar más esfuerzo en rescatar a sus tomates y demás. Entonces, pensó que quizás debería dejarlo. Y valoró que si se desprendía de su huerta iba a tener que malvender su terreno y sus azadas desgastadas, y todo su esfuerzo anterior quedaría sin recompensa. Quizás mereciera la pena intentarlo de nuevo, con una reforma que incluya un sistema de drenaje y tubería que descargue el agua. Porque dejarlo, después de tanto esfuerzo sería un sinsentido.

Ángela Merkel está en una tesitura parecida con el asunto griego. Y como casi siempre en la economía de los políticos, la decisión se toma ponderando mucho más los efectos a corto plazo que a largo plazo. Llega el tercer rescate financiero y con él un nuevo paquete de reformas. Curiosamente, el acuerdo se vislumbra sólo días después de un referéndum en el que los griegos y su gobierno dijeron que no querían aceptar la propuesta de los acreedores. Pero la realidad es que Grecia tiene una deuda impagable, resultado de ayudas y rescates pasados que no sirvieron para generar crecimiento. Las políticas expansivas fiscales no dieron resultado y dejaron una deuda soberana gigantesca. Las políticas de austeridad impuestas por los acreedores tampoco han dado resultado. A pesar de ello, se vuelven a plantar las mismas semillas: ayuda financiera inmediata a cambio de un conjunto de medidas de consolidación fiscal (más impuestos y menos gasto en pensiones).

La solución intertemporal óptima al problema griego pudiera haber sido otra. Suspensión de pagos, restructuración de la deuda con quita decidida por un organismo externo e independiente, salida del Euro para Grecia y política monetaria autónoma. La devaluación de la nueva moneda impulsaría la demanda agregada (vía exportaciones y servicios de turismo), atraería capital extranjero y generaría inflación. Los efectos a largo plazo dependerían del diseño institucional que los nuevos gestores, el gobierno griego y las autoridades de su banco central. Ellos serían soberanos y el pueblo griego democráticamente decidiría su rumbo. Y de paso seguiría de precedente y aviso para el resto de países. Creo que Krugman y Stiglitz recomiendan este planteamiento.

Sin embargo, Europa, el FMI y Grecia han decidido seguir todos juntos. Esperemos que no llueva mucho para que no se inunde otra vez la huerta.

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